CINCO MINIFICCIONES

Manuel Sauceverde

Manuel Sauceverde es Doctor en Economía por la UNAM y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (https://sauceverde.wordpress.com/). Ha obtenido una docena de reconocimientos en economía, narrativa, poesía y música y ha publicado en diversos medios nacionales e internacionales. Es miembro del consejo editorial de La Otra: Revista de Poesía y del Ensamble Didar: Música Clásica Persa en México; además, dirige el proyecto Cómics Poéticos: literatura ilustrada (https://www.comicspoeticos.com/). Sus libros publicados: Entre una estrella y dos golondrinas (Poesía, Editorial Lectio) y Universos perpendiculares (Narrativa, Editorial Lectio).

Insomnio

También yo mataría, incluso a ti:

me haces soñar sin tregua, no me dejas dormir.

Clara Janés

 

El insomnio es una pesadilla en carne viva; en especial, cuando uno está casado.

—No puedo dormir —le dije a mi esposa una madrugada. Había dado vueltas en la cama durante horas y estaba desesperado.

—¡Si no te duermes…! —exclamó con fastidio. Ella tampoco lograba descansar— ¡Voy a matarte otra vez!

Entonces recordé que estaba muerto. Aun así, no pude conciliar el sueño.

 

Homicidio culposo

 

Pelayo no estaba dispuesto a matar a un hombre por la espalda, así que hizo un disparo al aire como última advertencia. El ladrón no se detuvo, pero un ángel cayó muerto.

 

El castigo

 

Fue de madrugada cuando escuché una voz muy severa que me despertó. No enciendas la luz, dijo. Pero no hice caso. Como castigo, el ángel me arrancó los ojos.

 

Micpapalotl

Yo necesito sangre, así como otros necesitan de alcohol.

Peter Kürten

 

Quise despedirme de Mina sin que nadie me viera llorar, así que le pedí a todos los dolientes que salieran de la habitación por algunos minutos. Cerré la puerta con seguro, me derrumbé sobre la cama y abracé aquella espantosa crisálida. Lloré hasta quedarme dormido.

De repente, la mano de Mina acarició mi cabeza.

—Despierta, papá —dijo Mina de pie junto a la cama—. Soñé cosas muy extrañas.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Temí que alguien la hubiese escuchado emerger de la crisálida, así que me incorporé de inmediato. En lugar de tomar la estaca de madera y el martillo, abrí la ventana.

—¡Huye rápido! —exclamé—. ¡Que no te atrapen!

Mina me miró horrorizada, pero comprendió mis palabras. Con lágrimas en los ojos, desplegó sus oscuras alas de mariposa y se echó a volar sin despedirse de mí.

 

¡Toma dos! ¡Acción!

La coma, esa puerta giratoria del pensamiento.

Julio Cortázar

 

Romeo y Julieta. Acto V. Escena III. Toma 1. ¡Acción!

En el Mausoleo de los Capuleto, Romeo ingiere veneno. Ha decidido quitarse la vida junto al cadáver de su esposa porque piensa que está muerta. ¿Ignora los planes de Fray Lorenzo? Sí, no es posible otro destino. Este será su final.

Cuando Julieta despierta de su sueño cataléptico encuentra a Romeo en el piso. Fray Lorenzo llega solo, unos minutos después.

—¡Mi niña! —exclama, luego revisa el pulso de Romeo—. ¡No! ¡Es demasiado tarde para un antídoto!

—¡Por un momento lo creí muerto! —señala Julieta—. Está dormido. ¡No bebió todo el veneno! Fray Lorenzo, cierra los ojos y junta las manos para orar.

—¡El amor, no la muerte, ha vencido!

¡Corte! ¡Llamen al corrector de estilo!

 

Romeo y Julieta. Acto V. Escena III. Toma 2. ¡Acción!

En el Mausoleo de los Capuleto, Romeo ingiere veneno. Ha decidido quitarse la vida junto al cadáver de su esposa. ¿Por qué piensa que está muerta? ¡Ignora los planes de Fray Lorenzo! Si no es posible otro destino, este será su final.

Cuando Julieta despierta de su sueño cataléptico encuentra a Romeo en el piso. Fray Lorenzo llega sólo unos minutos después.

—¡Mi niña! —exclama, luego revisa el pulso de Romeo—. ¡No es demasiado tarde para un antídoto!

—¡Por un momento lo creí! —señala Julieta—. ¡Muerto está! ¿Dormido? No, bebió todo el veneno.

Fray Lorenzo cierra los ojos y junta las manos para orar.

—¡El amor no, la muerte ha vencido!

¡Corte! ¡Se queda!