Asfixia
Perla Mendoza (Ciudad de México), profesora universitaria, estudiante de doctorado en literatura. Traductora, poeta, dramaturga y ensayista ocasional. Entre sus obras se encuentran Doscientos cinco (2006, presentada en el Festival Internacional Cervantino ese mismo año), ¿Por qué cantan los gallos? (2017) y La luna canta bajo tierra (2018-2020).
Datos de la obra:
Presentada en el 9 y el 16 de junio en el Centro Cultural José Martí.
Personajes:
Alberich
Ondina
Cuadro único
Una silla, un espejo. Alberich en el reflejo.
Alberich: Voy a cambiarme el nombre. Voy a arrancarme la piel. Voy a sacarme los ojos. Voy a lamer mi sangre. Voy a hundirme en la tierra.
Entra la Ondina, su reflejo en el espejo.
Ondina: No te quiero.
Alberich: ¿Y después de la deshollación?
Ondina: Tampoco.
Alberich: ¿Entonces?
Ondina: Ofréceme una belleza eterna. Inmólate ante mi altar. Dame tu sangre en ofrenda.
Alberich: Todo, lo que quieras, menos la belleza. Tal vez mis músculos sin piel te parezcan seda dorada si me miras desde las profundidades del río.
Ondina: Nadie desea amar bajo las aguas. El río no cambiará el retrato que de ti tengo. Me levantaré entre las ondas, extenderé mi mano y tocaré tu carne asquerosa y te despreciaré más que ahora, pues sabré que no te has esforzado lo suficiente. No amo la debilidad.
Alberich: Soy el rey de los abismos.
Ondina: No quiero un rey, quiero un devorador de fealdad.
Alberich: Yo devoro la belleza.
Ondina: Róbame la mía y tal vez quedemos a mano.
Alberich la ataca. Ella le detiene la mano.
Ondina: Y sentirás el dolor de ver morir lo que amas, etc., etc., etc. No me ames y entonces estaremos iguales. Las piedras, chocando, producirán fuego pero no se quemarán. No sentirán dolor. No se odiarán. Me creo capaz de eso.
Alberich: Quiero una gota de sentimiento, un bendito segundo maldito y efímero.
Ondina: ¿Qué surja de mí?
Alberich: Yo lo siento devorándome todo el tiempo, comiéndose mis entrañas.
Ondina: ¿Y me deseas ese sufrimiento? No sabes lo que pides.
Alberich: Lo he meditado miles de instantes. No tengo dudas. Que el huracán nos aplaste.
Ondina: ¡Que nos aplaste, que nos destroce! ¡Que riegue nuestras carnes por el río, que los peces las traguen, que se sacien hasta la muerte! ¡Que construyan un monumento a nuestros amores, nuestras ansias y nuestra hambre! ¡Que rieguen con sal nuestras heridas abiertas, que nos entreguen a las fuerzas de la naturaleza!
Alberich: ¡Que nos coronen los dioses de la lujuria! ¡Que nos construyan un templo con un altar en cada rincón! ¡Que me beses y me pierdas y me traspases y me fulmines! ¡Que me mires y yo mire en tus ojos mi belleza! ¡Que me rompas con tus brazos todos los huesos! ¡Que la noche de nuestros deseos dure mil lunas! ¡Que vivas en mí como mi corazón palpitante! ¡Que renuncies a todo!
Ondina: ¡Alto!
Alberich: Llévame al fondo del río.
Ondina: No tan deprisa.
Alberich: Perfuma mi piel con tu piel.
Ondina: No me toques.
Alberich: Sonríe.
Ondina: No me veas.
Alberich: Tenemos un trato.
Ondina: Tú con la fealdad, yo con la belleza. Hay cosas que no se mezclan.
Alberich: ¿Y el amor?
Ondina: Amo que me ames. Amo cómo me miran tus ojos torcidos, amo el hedor que sale de tu boca cuando me halabas. Amo que me persigas y no me alcances. Amo tu admiración. Amo tu amor.
Alberich: Regálame un destello de ternura.
Ondina: Humíllate.
Alberich: Me humillo.
Ondina: Arrástrate.
Alberich: Me arrastro.
Ondina: Vete y no vuelvas.
Alberich: Un segundo más…
Ondina: No somos iguales.
Alberich: Aplástame, mátame.
Ondina: ¿Por qué? No quiero nada.
Alberich: Piedad…
Ondina: ¡Viva el rey de los abismos!
Alberich la ataca. No la ataca. Se detiene, se aparta.
Ondina: Adiós, estatua negra. Adiós, mi rey, mi dios, mi rey, mi dios.
La Ondina sale. Alberich, frente al espejo.
Alberich: Voy a cambiarme el nombre. Voy a arrancarme la piel. Voy a sacarme los ojos. Voy a lamer mi sangre. Voy a hundirme en la tierra.
Oscuro.



