Beatriz Giovanna Ramírez

Durante muchos años odié mi pelo, el color de mi piel, mis enormes ojos y mi nariz.

Era una niña flaca, rara y fea.

Y así, era difícil quererme.

 

A mí me decían que lo bonito era tener el pelo liso. Una niña de cabellera rizada imposible solo podía ser carne de bromas crueles. A mí me las gastaban.

Una tarde llegué a mi casa con el pelo lleno de chicles. Mi madre me despegó los primeros chicles con tijeras; los siguientes, una tía le aconsejó quitármelos con gasolina.

Para muchos siempre estaba despeinada y mi pelo era una desgracia.

Yo era una desgraciada.

Yo era una desgracia.

 

Tengo recuerdos muy dolorosos en el colegio.

Tuve un profesor que me humillaba en clase y me obligaba a recogerme el pelo porque según él, yo parecía un león y no dejaba ver al niño de atrás.

¿Rizado? ¿Crespo?

Qué pelo de trapo, de niña loca, de pelo indomable, crespo loco.

¿Qué decir de mi piel?

Era blanca como un papel. No tenía ni sangre. Una paliducha que apenas comía.

 

Recuerdo que el odio que sentía por mis rizos, por mi piel, por mis ojos, por mí, se hacía mayor.

Rapé mi cabeza y creyeron que lo había hecho por piojos.

Calva seguía recibiendo humillaciones y burlas. Sin mi pelo rizado y loco, me trataban peor.

La violencia escolar puede romper a una niña.

Yo era una niña fea, rara, flaca y hablaba mucho. Eso también era malo.

Las niñas no hablan.

 

Una vez me dijeron que no era normal que no tuviera casi pestañas.

Eres fea.

Mis ojos eran los de un sapo feo.

Y me sentía la niña más fea del mundo.

 

Soy fea.

Mi piel de papel, mi pelo de trapo y mis ojos de sapo.

Soy fea.

Era fea, flaca y rara, pero también mandona.

Las niñas no mandan.

Mandona.

 

Las niñas guardan silencio y obedecen.

Tengo muchas heridas y recuerdos dolorosos por mi aspecto de niña blanca, de pelo rizado y de mirada grande.

Pasaron años para aceptarme tal y como soy y quererme.

Pasaron muchos años de sufrimiento para entender que no es mi piel, ni mi pelo, ni mis ojos los que están mal.

 

Hay gente horrible que solo puede decir y hacer cosas horribles, algunos son profesores. Otros se disfrazan de tu mejor amiga o son tus compañeros. Otros callan y son cómplices.

Odio el silencio.

No sé en qué momento mi mente cambió y empecé a aceptar mi pelo, mi cara, tal y como es.

Creo que fue mucho trabajo conseguirlo.

No fue fácil verme y sentirme guapa.

Si has llegado hasta aquí y has leído este texto, te voy a decir algo que nadie me dijo:

 

Atrévete a ser tal como eres, acepta tu belleza. Quiérete.

 

Beatriz Giovanna Ramírez

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