Por Édgar Bastidas Urresty 

El derribamiento de la estatua de Antonio Nariño en Pasto por unos vándalos, impelidos por los autores intelectuales del acto, anti bolivarianos, anti colombianos, rémora del pasado realista, es un atentado contra los valores republicanos representados por el precursor de la Independencia, traductor de la declaración de los derechos humanos del Hombre y del Ciudadano de 1789 de la Asamblea Nacional Constituyente francesa, a los postulados de Libertad, Igualdad y Fraternidad derechos fundamentales de la revolución francesa que estremeció y cambió el mundo y la historia.

Un atentado a la libertad, a la independencia de España luego de tres siglos de coloniaje, de dominación, causa a la que Nariño entregó, sacrificó su vida, sus mejores energías, en actos heroicos.

El departamento de Nariño le debe su nombre como homenaje de sus fundadores al prócer, a los valores republicanos que representa, por su contribución a la Independencia.

La adopción del nombre de Nariño se interpreta como una rectificación histórica a la posición realista de Pasto, que tantos perjuicios le ha causado porque iba en contravía de la Independencia, de la historia, luego de los triunfos de Bolívar en Boyacá, Carabobo y los de Antonio Nariño, en el Alto y bajo Palacé, antes de su infortunada derrota en Pasto.

Nariño y Bolívar, debieron enfrentarse a los opositores a la Independencia, a la clase terrateniente, representada en el Cabildo de Pasto, a sus aliados, la clase campesina y la iglesia, de gran poder e influencia.

La clase terrateniente, la campesina y la iglesia temían perder sus privilegios económicos, políticos, ideológicos convencidos que la revolución de la Independencia era una amenaza para sus intereses. Cuando unos intereses están amenazados, los detentadores del poder, cegados por la ambición y el fanatismo, son capaces de combatir hasta la muerte.

La clase terrateniente representaba en la nobleza, era dueña de haciendas de extensión casi sin límites, lo que le daba un gran poder económico por la explotación de la tierra y sus bienes e influencia en la política, en la vida de Pasto y la región.

Basta ver el testamento de don Tomás de Santacruz, uno de los terratenientes y dirigentes políticos y militares más poderosos de Pasto y la región para darse cuenta de su riqueza.

Una de ellas estaba situada en la sabana de Túquerres abarcaba casi la mitad de ella; otra, la hacienda de Bomboná, perteneciente a las antiguas tierras comunales de los Quillacingas, por su extensión y riqueza dio lugar a varios conflictos inicialmente en el siglo XVI, con terratenientes voraces que se apoderaron de gran parte de ella, lo que dio lugar a que los Quillacingas recurrieran inicialmente a la Real Audiencia para que se las restituyera.

Solo en el siglo XIX, es decir cuando habían trascurrido casi dos siglos Fernando VII, confirmó por cédula la restitución de las tierras indígenas a los Quillacingas, ya muy reducidas.

En el siglo XX, la clase campesina trabajaba en las haciendas al servicio del terrateniente y era explotada en condiciones infrahumanas, por resignación cristiana. Las pequeñas propiedades de tierra que poseía, representadas en los resguardos, casi desaparecieron por el poder y las ambiciones de los terratenientes.

El despojo de las tierras de los indígenas que eran su razón de existir, durante la conquista y la independencia, su desplazamiento a las zonas montañosas o a las tierras áridas, se puede percibir en la música andina, triste, melancólica de sus composiciones, como un lamento por la pérdida de ellas.

La iglesia no se conformó con la posesión, la tarea de salvación de las almas en esta y la otra vida, sino que explotó la fe de los creyentes para acumular riquezas materiales, adquirir bienes, haciendas y recibir cuantiosas donaciones.

El historiador Germán Colmenares en su libro Haciendas de los jesuitas en el nuevo Reino de Granada, siglo XVIII, fruto de una rigurosa investigación, da a conocer las propiedades que la compañía poseía no solo en la Nueva Granada sino en la Audiencia de Quito, que se constituyó en una empresa económica, la explotación de los productos de las haciendas, su venta en los mercados. La fundación de colegios, sería otra forma de obtener utilidades, en este caso de la educación.

El colegio de los jesuitas en Pasto fundado en Pasto en 1712 y salvo por las expulsiones de la compañía en 1767 por el rey Carlos III, por el presidente José Hilario López en 1850, y por el general Mosquera en 1863, ha estado abierto a la educación.

En los años 50 del siglo pasado tuve ocasión de conocer como estudiante el colegio javeriano en Pasto, construido entre 1919 y 1925, con planos del ingeniero Belisario Ruiz Wilches, realizados por los hermanos jesuitas Cándido Olañeta, Rubén Vega y José María Ibarmia. De la fachada del enorme edificio que con el templo de Cristo Rey ocupa la manzana, sobresale el pórtico en piedra y los balcones de inspiración francesa.

Entre las haciendas que la compañía poseía en el territorio de lo que hoy constituye el departamento de Nariño, figuran Simarronas, Capulí, Funes (de caña), Hubunuco (Obonuco), Pandiaco, Chillanquer, Tejar, de ganado, panllevar.

La hacienda Simarronas situada en Chachagüí, por el norte limitaba con el río Juanambú, por el occidente con el río Pasto en una inmensa extensión, en una geografía muy accidentada.

En los años 50 una parte de ella fue vendida para la construcción del aeropuerto de Cano, Antonio Nariño se llamó después, cuando el ministro de obras públicas Jorge Leiva en el gobierno de Laureano Gómez, fue invitado por ellos a la hacienda de Villa Loyola, situada en dicha hacienda, de acuerdo a la versión del historiador Sergio Elías Ortiz.

El nombre de Antonio Nariño, volvía a la memoria colectiva para recordar al precursor, que en la campaña del sur de 1814 ante el abismo insondable del Juanambú, pudo traspasarlo con grandes dificultades y derrotar a los obstinados realistas que le cerraban el paso a Pasto.

Los trabajos de ingeniería, de explanación de la accidentada geografía, de adaptación para el aeropuerto fueron inmensos, difíciles, duraron varios años, y se inauguró con vuelos en aviones DC-3 de Avianca de dos horas de duración de Bogotá a Pasto.

Se considera que el lugar donde se construyó no era el adecuado por el cierre del aeropuerto 70 o 77 días por año, por los fuertes vientos del verano y la espesa neblina de invierno, con pérdidas para la economía, el turismo.  Era apto para los cóndores de las montañas de Pasizara que sobrevolaban el inmenso territorio como espacio propio, familiar pero por las amenazas a su entorno fueron desplazados hacia otros lugares andinos, más gratos.

A propósito de los cóndores de Pasizara, un profesor de la universidad de Nariño, cuando presentó en Pasto la novela Cóndores no entierran todos los días, de Gustavo Álvarez, hizo una apología de los cóndores de Pasizara en la creencia que el autor se había inspirado en ellos, ignorando que nada tenían que ver porque el de la novela es el cóndor Lozano que protagonizó la violencia política en Tuluá con la matanza de liberales.

Los fundadores del departamento al escoger el nombre de Nariño, siguieron el ejemplo de los nombres con que fueron designados los departamentos: Caldas, Sucre, Bolívar, Córdoba, Santander, como homenaje y gratitud a los gestores de la Independencia.

Los fundadores reconocieron en Antonio Nariño su contribución a la Independencia, ya que fue el gestor de una declaración de independencia del   Colegio Electoral de Cundinamarca “de desconocimiento y separación absoluta de la nación española y de su rey Fernando VII”, antes de que iniciara la campaña del sur.

Nariño, antes de iniciar las acciones militares contra Pasto, cuando se encontraba cerca de la ciudad, envió varias comunicaciones al cabildo no para que Pasto se rindiera sino para que se sumara en paz a la causa de la libertad, a la independencia.

Les decía que la estrategia de España era mantener a los americanos divididos para dominarlos. Que los españoles que participaban en la guerra eran una minoría pero que armaban al americano contra el americano. ¿Si no contaran con los americanos en la guerra a quiénes armarían?

En las batallas de Palacé y Calibío los españoles solo perdieron a Asín, y más de cuatrocientos americanos murieron. Para que no hubiera más muertos americanos, Nariño proponía la unión de Pasto con los patriotas.

El cabildo de Pasto respondió a Nariño el 1º de abril. Invoca la santidad de los juramentos al rey, a la soberanía, a la Madre patria, a la paz en que vivían y que iba a ser perturbada.

Advierte que no va a cambiar de sistema, “ni por deferencia del hidalgo, ni por temor a las amenazas desde antes vertidas y protestadas; de modo que para nosotros tan glorioso será el poder defendernos de una fuerza que, sin derechos ni legítima autoridad, nos trata de oprimir, como el que esta ciudad queda reducida a una nueva Numancia o Sagunto”.

Nariño, responde al Cabildo y lo invita a que reflexione sobre su propuesta.

El cabildo le dice a Nariño, que es él quien llega a agredirlos injustamente para traerle días de tribulación, le reprochan que sean los americanos quienes se los causen.

Se quejan que han sufrido violencia, “incendios, robos y escándalos” sin comprender por qué se hacen las revoluciones para sujetarlos o destruirlos “al mismo tiempo que se decanta la libertad”.

Nariño contesta que es ocioso tratar con “Usía muy ilustre, papeles ni razones”. Les recuerda que no viene a recibir noticias de España que las tiene muy recientes, que rechaza que los franceses quieren esclavizar a los peninsulares, como a nosotros los españoles corrompidos, que pelean por los mismos principios por los que ellos pelean en España.

Nariño explica que los españoles peleaban por la independencia contra los invasores franceses. El cabildo cree que la revolución en América favorecía a los intereses napoleónicos para dominar a España.

Pasto por intermedio del cabildo, defendía leal, resueltamente la monarquía y acusaba a los patriotas de Santa Fe y Quito de afrancesados, de traidores por favorecer los intereses de “Pepe” Botellas, hermano de Napoleón Bonaparte, invasor de España.

La entrega de Antonio Nariño, a la causa de la libertad y los sacrificios y sufrimientos que tuvo que soportar a partir de su derrota en los Ejidos de Pasto en 1814 es el comienzo de su calvario, como si un destino, una voluntad superior hubieran intervenido en su vida negándole su libertad.

Los griegos creían en la existencia de un destino trágico, un destino superior

que obraba sobre sus vidas, frente al cual no había libertad, porque el destino de su vida ya estaba decidido. En esas condiciones no había libertad para realizar un proyecto de vida, de ahí su tragedia.

La religión protestante deposita en Dios el destino humano, sin sacerdotes, ni misas de intermediarios, o sea que la vida humana depende su voluntad, pues sin él no hay salvación, lo que le da a la vida un cierto sino trágico.

Si el general Nariño hubiera triunfado en Pasto, sería no solo el precursor sino el coautor de la Independencia al lado de Bolívar, por su campaña victoriosa del sur, en Palacé, Calibío, donde derrotó a Sámano pero Pasto le jugó una mala pasada, cuando parecía que continuaría con su cadena de triunfos.

Su triunfo en Pasto, habría evitado la sangrienta batalla de Bomboná de 1822, que Bolívar estuvo a punto de perder sino hubiera sido por la acción del batallón Rifles bajo el mando del coronel Valdés, que escaló al anochecer las faldas del volcán Galeras e infligió duros golpes al ala derecha de los realistas. La liberación de Quito y el Perú, hubieran sido menos difíciles, de menores pérdidas humanas.

Nariño fue derrotado en Pasto no porque hubiera estado mal preparado con sus tropas, sino porque cuando estuvo a punto de triunfar en la recia batalla de los Ejidos, en una lucha cuerpo a cuerpo, la lanza pastusa causó estragos, le mataron el caballo, perdió muchos hombres y cuando se retiró a Tacines  a buscar refuerzos solo encontró los cadáveres de sus soldados y solo cinco soldados lo acompañaban.

Los refuerzos que Nariño había pedido a Camilo Torres, presidente de las provincias unidas de la Nueva Granada, nunca llegaron, lo que se interpreta como una deslealtad del prócer payanés hacia Nariño por sus diferencias ideológicas y políticas.

La traición de Camilo Torres a Nariño, cuando requería de tropas y armamentos para triunfar en Pasto, frustró los planes estratégicos de Nariño y aplazó la liberación de Pasto hasta la capitulación a que se vio forzada ante el retorno de Bolívar fortalecido y el triunfo del general Sucre en Pichincha en 1822, que hacía suponer que la ciudad quedaría encerrada y luego vencida y ocupada por las fuerzas de Bolívar y Sucre.

Nariño, ya detenido, habló al pueblo de Pasto desde un balcón en un ángulo de la plaza principal, lo hizo en términos de tal elocuencia e hidalguía que se ganó la simpatía de los pastusos y días después lo acompañaron hasta Catambuco para despedirlo cuando salió de la ciudad con destino a Quito, lugar de su segunda prisión como si hubiera sido un hombre peligroso, una amenaza para la corona española, para su estabilidad y dominio colonial.

La inesperada derrota de Nariño en Pasto es el inicio de una vida de ribetes trágicos por su prisión, la orden de ejecución dada por Toribio Montes presidente de la Real Audiencia de Quito, a la que se opuso el coronel realista pastuso Tomás de Santacruz, su remisión a Quito y después a la tenebrosa carraca de Cádiz, que afectó gravemente su salud y se interpuso en su lucha por la Independencia.

Otra versión, citada por Álvaro Martínez Betancourt en el prólogo de mi libro Bolívar y la libertad de Pasto, asegura que Nariño salvó su vida porque pertenecía a la masonería, como el virrey Ezpeleta de la Nueva Granada, que intervino para interceder por él en un gesto de hermandad y solidaridad internacional.

El periodo que va de 1810 a 1816, de enfrentamiento de Nariño, presidente de El Estado libre de Cundinamarca y Camilo Torres, presidente de Las Provincias Unidas de la Nueva Granada, se conoce como La Patria boba, término usado por Nariño en su periódico Los toros de Fucha, para señalar lo absurdo de la división y enfrentamiento de las fuerzas patriotas cuando debía imponerse la unión porque estaba en juego la consolidación de la Independencia.

La división debilitaría las fuerzas y facilitaría la llegada de Pablo Morillo y la implantación del régimen del terror, del que serían víctimas mortales Camilo Torres y otros patriotas como Caldas, Joaquín Camacho, José Gregorio Gutiérrez, Liborio Mejía, Miguel Pombo, Jorge Tadeo Lozano José María Cabal y Antonio Baraya.

Antonio Nariño no solo fue un gran militar, sino que se destacó como pensador, estadista, ejerció el periodismo, publicó la Bagatela en 1811, de carácter político para defender el centralismo del federalismo de Camilo Torres, a quien criticaba e ironizaba.

Organizó reuniones secretas en Santafé con amigos para preparar las conspiraciones contra las autoridades españolas, siendo descubierto y detenido.

Fue un gran orador parlamentario y es famosa su defensa ante el senado cuando sus enemigos políticos lo acusan de mal manejo de diezmos de la tesorería de Santafé, ocurridos treinta años atrás, de traición a la Patria por  su ausencia del país, cargos que desvirtuó con pruebas y con una gran elocuencia.

Nariño fue un hombre muy culto, un gran lector, tuvo una gran biblioteca y como Bolívar, se formó en la Enciclopedia, Diccionario de las ciencias, de las artes, de los oficios que entre los años de 1751 y 1772 dirigieron Diderot y D´Alembert, lo que explica su gran erudición, su cultura general.

El Diccionario fue concebido dentro del espíritu filosófico de la Ilustración,

del conocimiento científico, del saber humano que inauguraba una nueva época y dejaba atrás el absolutismo y el antiguo régimen. Voltaire, Buffon, Montesquieu, Rousseau, La Condamine, habían de aportar a El Diccionario los conocimientos de su especialidad, que habrían de trascender al mundo.

El conocimiento del francés facilitó a Nariño la lectura y asimilación del Diccionario, q  ue habrían de influir en su pensamiento, su posición política ante la necesidad de la independencia de España, como un imperativo categórico.

El historiador Guillermo Hernández de Alba, escribió estas palabras sobre Antonio Nariño:

“La elocuencia colombiana, la oratoria parlamentaria, tienen como modelo sin par la oración inolvidable que el Precursor de nuestra Independencia, Don Antonio Nariño, doblegado por los padecimientos y las enfermedades contraídas en las cárceles españolas por espacio de 17 años, para dar contundente respuesta a los cargos calumniosos e injustos con que sus enemigos pretenden aniquilarlo para hacerlo desaparecer de la escena pública…”. Su defensa ante el senado, la hizo el 14 de mayo de 1823.

El departamento de Nariño, el gobernador, el alcalde de Pasto, la universidad de Nariño, deberían organizar un acto de desagravio al precursor de la Independencia, para que la página ignominiosa de los vándalos y sus inspiradores sea borrada.