La casa escondida detrás de una rama azotada por un atardecer incendiado en las colinas; un chivo en la cresta del mundo con su futuro sin pasado; un arcoiris que da la bienvenida al camino; unos cañones atravesados en la piel de la llanura que pudo ser flor  o río; un horizonte donde el límite sólo lo pones tú; el  día que se apresta a dormir en el seno de su amante noche. El sur, eso es el sur cuando se convierte en nostalgia, en acosados recuerdos donde el olvido juega su partida. Estas son la fotografías de  Eugenia Contreras Meza: un ventarrón apacible, una aurora pausada que da gritos en el pecho de la tierra.

Preciosa tierra del sur donde aún los montes cantan y bailan entre cerros y colinas como una forma audaz de resistencia ante la atroz realidad que la conmueve. El sur siempre ha estado en el norte y sin sur tampoco hay occidente. Estas fotografías nos enseñan, más que la propia naturaleza, el alma de quien quiere que los colores sean la alternativa definitiva al blanco y negro. (APL)

Fotografía: Eugenia Contreras Meza