Christina Ramalho

Christina Ramalho nació en Rio de Janeiro (1964) y es ciudadana de Sergipe (2018) y su capital, Aracaju (2016). Es Doctora en Letras (UFRJ, 2004, CNPq), con Postdoctorado en Estudios Caboverdianos (USP, 2012, FAPESP) y en Estudios Épicos (Université ClermontAuvergne, Francia, 2017). Es profesora del Curso de Letras de la Universidad Federal de Sergipe, Itabaiana. Autora y organizadora de 36 libros, de teoría y crítica literaria, además de creación literaria (poesía, crónica y cuento). Pintora y fotógrafa aficionada con diversas exposiciones realizadas. Miembro de la Academia Gloriense de Letras (SE) y de la Academia Caboverdiana de Letras. Entre sus libros de poesías publicados están: Musa Carmesim (1998, poema épico) e Laço e nó (2000), fio de teNsão(2018), Lição de voar (2019), Poemas mínimos(2019) yO inusitado amor do Catingueira e da Brucha (cordel, 2019. Con Ítalo de Melo Ramalho), Poemas de Danda & Chris (para niños. Con Rosângela Trajano, 2020), Ponteiros de papel (2020) y Sessenta minutos (Ley Aldir Blanc, 2021). Algunos de ellos disponibles en e-book en la página web de la autora (miXturas): www.ramalhochris.com

Cenicientas rebeldes e independientes, Blancanieves enfrentando a las malvadas reinas, Caperucitas sin miedo al Gran Lobo Feroz, princesas audaces y valientes, Fiona y Shrek desafiando las convenciones, monstruos que hacen reír a las niñas (Monstruos S.A.), heroínas que rompen con la inmovilidad y el sometimiento que siempre han caracterizado, de manera omnipresente, la presencia femenina en la literatura para niños y niñas… Sí, todos sabemos que muchas innovaciones caracterizan las producciones actuales dentro del llamado de “universo de la literatura infantil”, en especial en la famosa categoría de los cuentos de hadas. Aquí me propongo a breves reflexiones acerca de las formas de leer esa producción a partir de la crítica feminista.

El análisis de cualquier texto literario pasa, en primer lugar, por la definición, aunque no explícita, de las estrategias teóricas que servirán de base para abordar sus estructuras de significación. El enfoque crítico-feminista, en su especificidad, busca desvelar cuánto de la ideología patriarcal opresiva está impresa en lo literario, para luego deconstruir esa misma ideología, generando, como resultado, una visión crítica de la sociedad y las leyes que la rigen. Al tomar como objeto de estudio un texto anteriormente llamado “literatura infantil”, esa deconstrucción se vuelve aún más esclarecedora en relación a las imposiciones ideológicas que, subliminalmente, transitan por lo literario, amparado por la máscara de la magia o de la fantasía.

El signo literario, cuando nos referimos a la literatura infantil tradicional, es decir, en especial a la literatura de cuentos de hadas, que se perpetúan de generación en generación, sufrió un “congelamiento metafórico” dada la ideología invertida en estos cuentos. Signos como “hadas”, “brujas”, “príncipes”, “princesas”, “reyes”, “reinas”, etc. siempre estuvieron presentes en estos textos como metáforas del hombre mismo, sujeto a órdenes morales y códigos de conducta social. La investigación de cuentos y de libros centrados en la realidad mágica de los cuentos de hadas permite constatar que, desde el comienzo del siglo XX, esos mismos signos comenzaron a deconstruirse. Y, aunque en cierto modo sigan ligados a ideologías, una de ellas al propio feminismo, ellos tienen como principal recurso de elaboración textual la valorización del lenguaje metafórico, con énfasis en las imágenes poéticas que pueden aportar los signos.

Esa deconstrucción, así, permite el enriquecimiento del lenguaje literario, extrapolando lo que hasta entonces caracterizaba a los “cuentos de hadas”, es decir, el lenguaje comprometido con la función de reduplicar los códigos morales de la sociedad, actuando como instrumento para la educación de los niños, según lo ya advertido el mismo Platón, al referirse a las fábulas, en el Libro II, de la República (sf): “Por conseguinte, teremos de começar pela vigilância sobre os criadores de fábulas, para aceitarmos as boas e rejeitarmos as ruins. Em seguida, recomendaremos às mães que contem a seus filhos somente as que lhes indicarmos e procurem amoldar por meio delas as almas das crianças com mais carinho do que por meio das mãos fazem com o corpo” (PLATÃO, s. d., 377 b) [Por tanto, habrá que empezar por la vigilancia sobre los creadores de fábulas, para aceptar las buenas y rechazar las malas. Luego, recomendaremos a las madres que les cuenten a sus hijos sólo las que les indiquemos y que intenten moldear el alma de los niños a través de ellos con más cariño].

Esta afirmación de Platón al referirse a las fábulas, que por evidente asociación relacionamos con la denominada literatura infantil y juvenil, denominaciones que surgieron recién en el siglo XVI, denota la gran fuerza ideológica que reside en ese tipo de literatura como medios de formación, difusión y mantenimiento de las estructuras sociales. Fábulas, cuentos de hadas, etc. constituyen, por tanto, dentro del campo de investigación de la crítica feminista, material importante para discutir el tema de la construcción de la magia como forma de imposición de la lógica patriarcal blanca.

La comparación de los cuentos de hadas tradicionales con los de la actualidad permite identificar fronteras entre estereotipos y concepciones originales de personajes, especialmente los femeninos, propios de estos textos: princesas, reinas, hadas y brujas. Tomar la literatura infantil como objeto de estudio se convierte, por tanto, en una forma de valorar lo que debería ser el aspecto más importante inherente a los llamados “cuentos de hadas”: el placer que brindan al lector. Entonces, quién sabe, algún día se les dirá a las madres: “libérense de todas las ‘buenas’ intenciones de limitar todo al facto ‘educación’ y permitan que sus hijos e sus hijas descubran lo que en la literatura abruma toda ideología: la emoción”.

La deconstrucción de los estereotipos impresos en los signos lingüísticos utilizados en los cuentos de hadas plantea otra pregunta: ¿este proceso de deconstrucción no está imbuido también de una ideología que se quiere transmitir? Y, después de todo, ¿no somos nosotros, autoras o críticas feministas, determinando, como Platón, reglas para imponer “nuestra” ideología a los niños? Somos, eso sí, la mayoría de mujeres, comprometidas o no con el feminismo, pequeñas princesas que formaron milenios de sumisión. Somos, sí, feministas, mujeres en trance; mujeres cuya emoción y razón impulsa la búsqueda de una verdadera identidad que solo se producirá a través de la deconstrucción del otro, es decir, el que se nos impuso durante todo el proceso de la “evolución” humana. Es importante, entonces, tener muy claro que, en este caso, la postura ideológica para la investigación de los textos en cuestión es asumida y necesariamente feminista. Sin embargo, el objetivo de la obra no es reinventar una ideología para los cuentos de hadas, sino descubrir el espacio donde lo literario se libera del signo de la opresión para convertirse en emoción, magia, arte.

El nuevo lenguaje, basado en la deconstrucción de la dualidad del bien X el mal, libera a los personajes femeninos del “destino de mujer” (para acordarnos de Simone de Beauvoir) y las hizo actuaren en el mundo motivadas por sus propios deseos. Sin embargo, lo más importante es el énfasis que recibe el lenguaje literario de esa inversión de subjetividad, traducida en bellas metáforas, transformando lo que supuestamente sería “literatura infantil”, con carácter moralizante, en literatura únicamente, con placer garantizado para todas las edades. La ideología opresiva, que antes comprometía el valor metafórico de los signos recurrentes, deja escena para dar lugar a la propia metáfora, es decir, a una figura rica, que posibilita interpretaciones a varios niveles y que, en ningún caso, somete el signo utilizado a una cristalización impuesta por la función moralizante del texto.

Estudios de obras con ese perfil, nos van hacer ver que, de facto, las princesas han cambiado, las hadas se han ido, las brujas se han ido. Eso para nuestro bien, para que nosotras, las mujeres, sigamos nos despojando de las antiguas imágenes de “princesas”; y algo también muy bueno para nuestras hijas e hijos, que crecerán siguiendo sus propias ideas; además de genial para el lenguaje literario, que reemplazó el signo de la ideología opresiva por el signo metafórico de la emoción.

Referencia

PLATÃO. A República. Lisboa: Europa-América, [s. d.].