Llegaban los viernes a las cinco de la tarde a recibir la brisa que bajaba de los Farallones. Eran jóvenes, rebeldes e iconoclastas.

El café, que estaba situado en la ribera izquierda del río, debía su nombre a los inmigrantes de origen sirio-libanés que llegaron a Cali y se vincularon con el comercio.

A estos inmigrantes que entraron por Puerto Colombia se les llamó ‘turcos’ debido a que a su entrada al país mostraban un pasaporte turco emitido por el Imperio otomano.

La primera propietaria del café fue Yaneth Zarzur, una bella árabe que rápidamente convirtió el café en un restaurante donde se ofrecían las mejores viandas de su país. Luego, el café pasó a manos de don Jacobo Norte, que a su vez lo vendió a Isy Levites, quien finalmente se asoció con la artista Lucy Tejada y le dieron continuidad al proyecto.

El café fue el epicentro de los intelectuales de la ciudad como Estanislao Zuleta, Fernando Cruz Kronfly y Jaime Galarza, que amenizaban sus tertulias al calor de una buena cerveza, un plato de quibes o de pan árabe con tahini.

El café fue el núcleo del movimiento cultural caleño del 70, que hizo parte del paisaje espiritual de la ciudad.

El café fue el epicentro de los intelectuales de la ciudad como Estanislao Zuleta, Fernando Cruz Kronfly y Jaime Galarza.

Allí podíamos encontrarnos con el maestro Enrique Buenaventura, director del Teatro Experimental de Cali (TEC); los artistas María Teresa Negreiros, Óscar Muñoz y Fernell Franco; Carlos Mayolo y Luis Ospina, los pioneros del cine caleño; Clemencia Varela, la directora de la revista feminista Cuéntame tu vida, y Óscar Collazos y Umberto Valverde, que comenzaban a despuntar con sus relatos urbanos.

Por el café no solo pasó la inteligencia caleña. Allí nos topábamos con el ‘Loco’ Guerra, que, profetizando la debacle que se veía venir en el país por el narcotráfico, repartía bendiciones a diestra y siniestra. Cómo no recordar a Pablo, el mesero, y sus espectaculares quiebres de cintura. Y Chichí, el lustrabotas, que les brillaba hasta el alma a sus clientes.

Cuarenta años después, cuando del café solo quedan cenizas, Sebastián y Mariana Valencia Sayín, los nietos de Lucy Tejada y sobrinos del escultor Hernando Tejada, acaban de publicar un bello libro, titulado Los Turcos de Cocoliso: una Cali de los 80.

Sebastián Valencia es músico y toca las congas con varios grupos musicales salseros en Bonn (Alemania). Por su parte, Mariana es diseñadora gráfica y vive en Barcelona (España).

Los Turcos de Cocoliso es un libro escrito al alimón donde el lector podrá apreciar fotos de época y retratos de los personajes que pasaron por allí, dibujados por la pluma juguetona de Sebastián.

Es una memoria sobre uno de los cafés emblemáticos de Cali que representó a la famosa generación del 70.

FABIO MARTÍNEZ
hector.f.martinez@correounivalle.edu.co

EL TIEMPO