Imagen: IS iStock

Arturo Prado Lima

       (Imagen: Watpat)

 

1

Leer con la lengua los silencios
ocultos de tu cuerpo
eran los momentos cóncavos
en que la memoria del cosmos
cabía en un instante de la piel.

 Leer con la lengua los silencios
ocultos de tu cuerpo
era ir al otro lado del ser y de la nada.

 Era irse y llegar al mismo tiempo
al instante que fuiste tras los besos y los muslos
con la edad ineludible de mi asombro.

 Era parirme a gritos en tus pechos mojados,
iluminar la luz que urdía el destino final de nuestras causas.

 Leer con la lengua los silencios ocultos en tu cuerpo
era leer la prehistoria del futuro que seremos
antes de ser quienes fuimos.

 

 2

Qué sagrada eras

cuando el lenguaje y la ropa estorbaban,

cuando todo lo vivido se resumía en un labio,

cuando toda religión era blasfemia

y la filosofía caía a tus pies

desnuda de corazón y filamento.

 

          (Imagen:Freepik)

3

Entonces tu cuerpo se deshacía en mi boca

y mi yo sin tiempo perdía sus límites

y se disolvía en tu yo.

El diluvio universal aún no había empezado.

Así pasamos juntos el sueño de la vida.

El tiempo que nos sobró es una nostalgia azul

que vaga en torno a ti y el infinito.

 

     (Imagen: La Tercera)

4

En algún recodo de tu edad

el Nilo y el Amazonas

estrecharán sus memorias.

En algún rincón de tu cuerpo

años y memoria serán un mismo hueso.

Tú y yo habremos dividido el único camino

pero llegaremos al mismo sitio

de la tierra prometida que seremos.

 

             (Imagen:Freepik)

5

Y esta es la tarea de vivir:

descubrir quiénes somos cada día,

qué color nos calza en la mirada,

qué sabor tiene la lengua por la tarde

cuando el sol se derrumba entre los ojos.

La tarea de morir es otra cosa:

no preguntarse cada día quienes somos,

eso es todo.

 

(Imagen: Cultura inquieta)

6

Arréglate el cabello.

Pon a punto la mirada.

Dispón la piel para el contacto.

Concentra tu yo en cada labio

y sonríe:

ante la belleza

las desgracias se asustan

y se van a otro lugar

a arreglarse el cabello,

a poner a punto la mirada,

a disponer la piel para el contacto.

 

       (Imagen: IE University)

7

En la Vieja Europa

codifican la libertad,

los inviernos, las arrugas, los capitales,

y se aprestan

a expropiar la dignidad de sus raíces.

En Nuestra América

las falsas banderas ondean

bajo los blandos bombardeos.

En mi país

siguen en pie los objetivos militares múltiples

a pesar de los pesares.

Los falsos positivos caminan de la mano

para evitar que la memoria los olvide.

 

         (Imagen:Univisión)

8

Hoy ha madrugado la memoria.

Despido en la estación a la mujer

que vuela a Roma.

El otoño madrileño ignora el horror

que destroza a la infancia en Palestina.

La parte libre del verano

se sienta a llorar

su polvareda de hojas muertas.

 

9

Me he acostado sin saber

si Oliveira,

que es un gato,

está sentado al lado de la puerta

de la Maga

o tomando un tren a Marsella.

 

10

De París a El Cairo los artesanos tejen redes

para atrapar y quedarse con un pedacito

de la Primavera Árabe.

Czestaw Miltose ha venido a Roma:

en Polonia casi olvidan el terror

de los soldados alemanes, dice.

 

          (Imagen: 123RF)

11

Del otro lado del mar alguien nos recuerda.

En mi país los padres sepultan a sus hijos.

Incluso los abuelos llevan duelo por sus nietos.

La guerra impone su religión y sus aldabas.

 

                   (Imagen: Steemit)

 12

Noches y cuchillos:

teníamos la misma sed, la misma hambre,

el mismo hueco para huirnos y encontrarnos.

Vestíamos la misma piel, incluso,

la misma huella en la respiración y la mirada:

entonces eras la Maga, tan cerca de mi cielo

cuando moríamos de tanto vivirnos.

Ahora que la utopía parece que

ya no es la misma

no es extraño que extrañe tanto a la maga.