
Tres entradas y salidas de los poetas y escritores ipialeños: Henrry Manrique, Julio César Goyes Narváez y Julio César Chamorro, con motivo de la presentación del libro de Arturo Prado Lima, La Rubia de Hamburgo (Ibagué, Caza de libros, 2024), en Temporada de Letras, Sala Ceibas, Banco de la República de Ipiales, 4 de octubre del 2024.
Julio César Chamorro Rosero:
Pienso que un libro, cualquiera que sea su modalidad: ya poemario, cuento, novela o ensayo, se debe abordar en la estatura de su contexto y no seleccionarlo como en una cosecha de papas donde se salvan las buenas de entre las «lanchadas» o heladas. Ciertamente que en un libro de cuentos pueden existir y de hecho existen diferencias abrumadoras en el ductus narrativo, en las cuales claramente la forma de contar va de lo bucólico del entorno y la actividad circundante a una especie de dejâ vû respecto de los años vividos en un rincón geográfico y espiritual que jamás se debe soslayar.
Arturo Prado Lima en La Rubia de Hamburgo muestra destreza narrando un pasado irrenunciable protagonizado por “Los Primos” como abono fecundante en el campo del sur, sin desviar la mirada del ejercicio de cacharrería que en las familias fronterizas fue y es costumbre así viole la ley. Ello nos lleva al buen recuerdo que el escritor debe abordar porque la magia se genera desde la realidad. Eso es digno de destacar y cumple con uno de los objetivos de la escritura que es no dejar escenarios a media tinta.
Es primariamente lo que los ojos de Arturo vieron y su percepción regional lo hace recordar, para no contrastar y ni siquiera enfrentar su vivencia al otro lado del Atlántico donde se tejen historias diferentes que también merecen ser relatadas.
Obviamente que en un libro así no todos los relatos tienen fuerza y acción parecidas, pues en algunos atrapa la brevedad temática que no es un asunto fácil y deja un sabor agridulce en la memoria, pero no por ello es bueno clasificar entre lo bueno y lo malo, lo trascendente e intrascendente del regionalismo inspirador que en mi parecer es bueno, meritorio y digno de explayar para que los lectores no olviden.
A mí, particularmente, esa nostalgia de la niñez y juventud vivida me parece buen argumento narrativo, sin dejar de lado mi emoción por la lectura de más allá del mar en la “Carta al Presidente de Europa” que condensa las aspiraciones no solamente de los que se fueron y murieron sino el desasosiego de quienes esperaron ser llevados a la redención emigrante.
Si no escribe Prado Lima de su geografía primigenia no hubiese sido posible su testimonio de la Europa que encontró, y eso es un pretexto para que su libro se parta en dos.

Henrry Manrique:
La brevedad es un atributo de lo infinito, así lo percibo en los relatos de Arturo Prado Lima, “La Rubia de Hamburgo”, pues no es necesario la extensión o la desmedida para decir las cosas con asombrosa precisión. En los textos, sin ser atómico como lo mencionan algunos cuentistas, o lo micro, si existe una escritura suficiente para entender y sentir como la palabra propagada en uno o cinco párrafos, logra decir lo que se quiere, en el caso, la migración, o la emigración, que con ironía y cierto toque de humor negro, nos comenta la vida de aquellos seres humanos que como habitantes de otras latitudes propician amores, dolores, abandonos, decepciones y luchas.
Y claro está, pues en esas brevedades, así como es la existencia, hay un personaje que tiene el corazón en el lado derecho, o una enamorada del hombre prisión que pierde toda esa ternura cunado la libertad es otorgada, o como la emoción de esas deslumbrantes damas atrapadas tras los muros de la insidia política, se vuelven comunes cuando cae aquello que lo separa del resto de la humanidad. Los personajes vuelven a sus amores iniciales y otros se desangran o venden un riñón por un fanatismo sin sentido.
Así transcurren los relatos, sin obviar la guerra, las ideologías , el racismo, temas universales que nos hacen comprender que la humanidad está en un periodo de resistencia pues los migrantes del sur del mundo, se trepan a los lugares donde habitan los despojadores, el norte. Atrás dejan su corazón, su sentimientos y se van por ahí recobrando la geografía que también les pertenece, el mundo.

Julio César Goyes Narváez:
La escritura poética es un oxímoron, puerta que se abre y cierra en su gozne, por eso es una rebeldía –metafísica, si se quiere– como aspiraba Julio Cortázar, por ejemplo, en Rayuela (1963), la icónica novela latinoamericana que se ubica en el lado de allá y en el lado de acá. De hecho, Cortázar transita y sospecha la escritura del exilio y la migración. En Cortázar resuena la generación de la posguerra, nihilista, existencialista; asombrada por la autodestrucción. No hemos cambiado de representación, la movilidad humana, el desplazamiento, el exilio, el desarraigo, siguen en pie. La escritura es un gozne donde acontece el juego del lenguaje, de la perspectiva, de la asimetría; en resumidas cuentas, de la ironía. “Mi libro –decía Cortázar– se puede leer como a uno le de la gana (…) lo más que hago es ponerlo como a mí me gustaría releerlo y, en el peor de los casos, si se equivocan, a lo mejor que da perfecto”. Hay burla, claro, construcción de un relato que acerca a lector, lo pone en el plano de la realidad que, como en el conjunto de relatos La rubia de Hamburgo (2024), de Arturo Prado Lima, es cotidiana, dolorosa, sorpresiva, a veces perversa. No hay otra forma de soportar ciertas realidades si no es con humor. Un nariñense de sepa, lo sabe.
Un libro que me hace habitar una realidad “parecida” a la cotidiana, pero que, además, me hace sonreír, me gusta. No digo cuentos, sino relatos. Cuando la poesía, más que la narrativa se involucra en un cuento, éste pierde la estructura canónica del género y gana en una sencilla eficacia estética.

La Rubia de Hamburgo tiene ese juego al que ya me referí. Es una escritura del “entre”, pues entre deícticos (allá / acá) hay matices, diferencias, espejos, huidas, anécdotas, culpas, múltiples memorias, simples recuerdos, cosas que quedaron, palabras que no se dijeron; pero, al final, todo eso puede ser una sola cosa: nostalgia por la unidad pérdida, por lo que fue y pudo ser. De otro modo cómo entender, o mejor, ¿cómo sentir el vaivén de miles de seres humanos circulando entre Latinoamericana, Estados Unidos, Europa, Asía, África? Para muchos esta anotación pasó de moda. Sonrío, pues la fragmentación de nuestra época clama reagrupación: “(…) en verdad una puerta, para salir y entrar al mismo tiempo”.
Esta búsqueda de unidad está representada en el tono poético, el humor radical y la concisión del relato en factura conversacional a lo nariñense, qué duda cabe. Es esto lo que me gusta este libro de Arturo Prado Lima. Si hay alguna pretensión en este libro, está más allá de la comunicación de un mensaje o efecto ideológico. Lo que leemos son las puras ganas de pasar la experiencia, de contar el viaje, el tránsito de ese haberse ido y conocido, dolido consigo mismo; todo esto a partir de la vida de los otros, del deseo conocido y desconocido del Otro, que es donde un escritor encuentra su latido.





