

Este sábado, 4 de octubre, a las 8:00 de la noche, en el Teatro Quimera de Bogotá, (calle 70 A. No. 19 – 40, Tel. 3158298723), y con entrada libre, se presentará un nuevo libro teatral. Nos declaramos expectantes sobre esta nueva obra. La dramaturgia es una actividad escasa en nuestro país y por eso mismo este acto es un acontecimiento especial dentro de la cultura escénica. Hernando Cabarcas Antequera es el encargado de hacer la presentación y el prologuista de «Tríptico Teatral», tres obras de teatro escritas por 3 históricos actores que le rinden homenaje a actrices, actores y amantes de este bello género de las tablas, tanto dentro de Colombia como del exterior. Con un talento único, Jorge Herrera, Carlos Bernal y Diego Vélez nos abren su corazón y su mente para adentrarnos en los laberintos de sus universos lúdicos. Desde estas páginas les deseamos la mejor de la suerte en este generoso intento de rescatar la dramaturgia para bien de todos.
Arturo Prado Lima
Escribe: Hernando Cabarcas Antequera
Tríptico para abrir y cerrar, cerrar y abrir. Tríptico Teatral es una tabla escrita, compuesta por tres obras dramáticas. Han sido urdidas por tres autores que actúan por escrito. Es decir, es una acción propia de su naturaleza actoral. De tal manera que en este Tríptico se pliegan una sobre otra, como maderas finas, obras de diversos tonos que forman un escenario-libro para leer mirando y oyendo. Al separar las hojas o partes de este Tríptico, se sienten las capas con las cuales está armado este artilugio. Acaso por ser una tabla, es un elemento vivo, en el que cada pieza es única.
Una de las piezas que reviste esta tabla es la obra Choros, de Jorge Herrera. Comedia satírica que trasluce desde su cuerpo las olvidadas farsas, los entremeses del XVI y, claro está, las populares Rascas. Esas formas de teatro festivas, rústicas o pícaras, que surgían en plazas, barrios o espacios no convencionales de Cali, mezclando humor, sátira y temas cotidianos.
Jorge Herrera
Choro (churu) es una voz quechua que alude a “persona resuelta, audaz”. En Chile es como se le conoce al mejillón y en Bolivia es sinónimo de vulva. Sin embargo, en el español general indica “ladrón astuto”. Y, tal vez, en la tabla de Jorge Herrera, se evocan estas acepciones. La situación se desarrolla en la capilla de una orden monástica. Unos clérigos se disputan electoralmente su dirección. Hay situaciones y actuaciones irregulares y extrañas. Surge un triunfador en extrañas circunstancias, produciéndose, incluso, llamadas como del más allá. Choros deviene, así, en una satírica radiografía de esas eminentes instituciones que solo albergan almas débiles. Sin autentico arraigo y procurando satisfacciones con codicia, saciedad o lujuria. De tal manera que, entre los trozos de madera de esta tabla, queda flotando una especie de variación de un conocido refrán: “Ladrón que roba al pobre, halla otro más ladrón que le despoje”.
En este componente de la tabla del Tríptico Teatral, con maestría y profesionalismo, se despliegan silencios y sobreentendidos que densifican el ambiente. Choros, es un marco denso de una sociedad artificial, rodeada de ídolos sagrados y profanos que en la comedia solo nos hacen reír.
Otra tabla de la trama del Tríptico Teatral, con atractivas vetas o nudos, es La cama de Noé, de Carlos Bernal. Aquí la superficie del Tríptico se expande, mediante la búsqueda de nuevas formas estéticas y de técnicas expresivas renovadoras. Es un fascinante ejercicio escénico donde los objetos, simultáneamente, se ocultan y brillan por su significación y capacidad de evocación. En un primer momento, sorpresivamente, aparece una escena de yupis; ejecutivos que están en una situación transitoria, demostrando una hombría proporcional a su gran capital. Súbitamente, en la cena, a uno de ellos le sale un cordón dentro de sus tallarines. Acto seguido, echan a la mesera.
Carlos Bernal
En la segunda escena, aparece una cama bajo la luz. Su particularidad es que habla y nos cuenta cómo las historias de los sueños de los que duermen allí se entrecruzan en ella. Es una cama de alquiler, cuya dueña es una migrante del campo español a la ciudad. Su tío Noé, quien la acoge en Madrid, muere en ella y se la deja como herencia. Siempre será la cama de Noé.
Se lamenta la cama de un triste final; tal vez, podrá ser arrojada al lugar de las cosas inservibles. Sin embargo, considera que es peor para aquellos que naufragaron y no llegaron a la “tierra prometida”, quedando perdidos en la nada. Como flotando en un frío cosmos que, tal vez, evoca “el indiferente silencio del espacio infinito”. Es así como la elocuente cama sentencia: “Cuánta juventud perdida, cuánta vida derramada (…) No se lo merecen, nadie lo merece”. Sí, la cama cohabita con sueños sobrevivientes y desarraigados de una sociedad áspera que se dice cosmopolita.
En la tabla de La cama de Noé, sueños y realidades se superponen; vidas plagadas de privación, vidas de sobrevivientes que se acomodan con dificultad, que están apretadas, esclavizadas con las cadenas de la ilusión. No obstante, la cama también sueña. Alrededor de ella se entreteje una historia: asoma una familia, que no es de sangre, y se realizan destinos y amores, en los límites de la condición humana.
La tabla que completa el artilugio Tríptico Teatral es Amor de Muerte, de Diego Vélez. Se inspira la composición de esta obra, en una entrevista publicada en un número de la revista Semana de los años 80. Su título: “Sin pies ni cabeza”; una entrevista de Laura Restrepo a una reclusa de la cárcel El Buen Pastor. Cuenta cómo una mujer mata a su marido y deja los pedazos de su cuerpo en varios puntos de Bogotá.
¿Qué pudo haber ocurrido? Es la pregunta inmediata que cualquier espectador desprevenido se hace. Es también la manifestación de un inconsciente colectivo que busca hacer surgir una de tantas historias que tenemos los colombianos encerrados en el silencio. A veces, salen como gotas de sangre a través de las paredes de pueblos olvidados o vaciados. Estas historias, a través de palabras y de imágenes, cuando son contadas como en la obra Amor de Muerte, nos permiten alcanzar cierta comprensión de realidades que nos han dejado paralizados o enamorados, pero nunca iguales.
Amor de Muerte tiene la tensión de una crónica; siempre se está esperando el suceso central. Principia en una comisaría donde se cambia a un policía agresivo, por una mujer policía, un poco más comprensiva. El tono de su interrogatorio, sin dejar de ser acusatorio, es más fluido. Hay empatía de una mujer con la otra y, en medio de la dureza como de una madera de guayacán, echan flor sentimientos compartidos.
Hacen parte de este entablado, un par de enamorados que, compartiendo la dulzura de la danza y de la música, se van descubriendo como personas. Y, como en muchos hogares colombianos, los hombres faltos de oportunidades terminan entregados a la guerra, mientras las mujeres continúan con empeño la construcción de sus hogares.
Diego Vélez
En un bar, el amor o la belleza de la danza es como un paquete a la cintura en movimiento. En él se entremezclan dinero, poder, mafia y adicciones. “El infierno debe ser una rumba frente a esto”, dice un personaje, y última: “Por eso le digo que cuando uno es pobre le toca hacer cosas horribles. ¿O es que usted cree que yo quería hacer eso?”
Plegadas, pues, las hojas del Tríptico Teatral, queda un libro con tres obras que conmueven vivamente por los acontecimientos notables que suceden en ellas. Más hay un suceso que sobresale: los actores emblemáticos y dramaturgos Carlos Bernal, Jorge Herrera y Diego Vélez, incorporan con entusiasmo y generosidad en este Tríptico, muestras y revelaciones de las mil y una evoluciones del Teatro Experimental de Cali, en los tiempos de Enrique Buenaventura y la creación colectiva, del que son originarios. Asimismo, ponen sus artes a favor de la ciudadanía de a pie, recogiendo de sus calles y barrios mitos, problemas, anhelos, sueños, utopías y esperanzas.
Queda, pues, en manos de lectoras y lectores, desdoblar o desplegar la urdimbre de estas tres obras dramáticas para ir poniéndolas simultáneamente una a una sobre las otras dos, y crear, así, el centro de este Tríptico Teatral. Se construye abriéndolo y cerrándolo, cerrándolo y abriéndolo…





