La autora es Doctora en filosofía con distinción Summa Cum Laude. Es abogada, defensora dederechos humanos, licenciada en Filosofía y Poeta Colombiana. Actualmente es Docente de la Facultad de Derecho UPB y UdeA.

Ha publicado numerosos artículos en revistas internacionales, columnas y capítulos de libro. Es autora del libro Cuando Escribo sobre el muro. El libro que presenta en España fue elegido como el Mejor libro de poesía 2021en la convocatoria de Fallidos Editores.

 

Tres poemas de
Paula Andrea Pérez Reyes

Obertura a mi fragilidad

A los días en que estuve rota

En el suelo se suman los granos de arena
y de la vida solo algunas gotas.
Podía contar cada minuto mientras las agujas traspasaban mis venas.
El grito contenido quedaba en mi piel mientras se escuchaba un tambor agudo que no paraba de sonar.
De repente una caricia,
y en el cuarto oscuro
unas luces fluorescentes.
Podía entrar en el lienzo pegado en la pared,
encontrar otro aire, otras calles.
Un lugar esperaba por mí, mientras buscaba despedirme de mi madre.
Esa era la entrada,
en la baldosa rodaban unos pétalos color escarlata.

*

Entre los dedos de Goya

Entre los dedos de Goya queda algo de tinta para pintar el cuadro que mide los días. Una escena brota de sus manos, cuando la historia se cuenta antes de que los tiempos anunciaran el principio.

Veo el paisaje que cuelga de una pared empolvada que sostiene la memoria.
Allí, el sol abre su boca y se traga al mundo.
Por la astucia de la razón, ella abre un pabellón y entre sus dientes se desliza la agonía luminosa y a eso Dios lo llama día.
Al séptimo día nadie descansa, un telón negro devora las ilusiones, mientras el sol esconde su rostro y se olvida del ocaso.

*

La agonía de las horas

Veo el cielo estrellado buscando esperanza, trato de leer tus cartas y encontrar algo que me conecte con las promesas que profesan tu desteñida grafía, pero sólo caen unas gotas de sal que derriten las figuras en el papel.
Ante la presencia del escombro, las formas de los otros perdieron la silueta, ellas salieron sin su línea a representar la escena de mi memoria, para darle paso a la agonía que conté por horas.
El alivio no llegó cuando aclaró el día, solo hizo interminable el ahogo incomprensible de mi sufrimiento.
Extraviada, en el camino, solo encuentro una pequeña margarita marchita.

Una escritura que sana

Escribe: Juan Carlos Guardela Vásquez

Me resisto a que la poesía termine siendo, en estos tiempos de pesadumbre y desconcierto, una hacienda en el aire, un soplo vano, menudencia retórica. Ella tiene una utilización práctica, aunque muchos piensen lo contrario. Ella surge de un ámbito distinto al material, aunque sea en lo material donde construye su vigencia. Por otro lado, creo que la poesía nos cura del escarnio y el abismo.

El reciente libro de Paula Andrea Pérez Reyes tiene un título sin ambages estilísticos y va directo a la herida: “Las quimeras del tiempo. Apuntes poéticos en medio del sufrimiento”.

Y Paula Andrea, joven mujer hecha de materiales sensibles y diversos que serán negados a los youtubers efímeros, ejerce el Derecho en su vida profesional. Por ello en su oficio como docente e investigadora le toca descender a abismos en los cuales ayuda a exorcizar el dolor a la gente. Su poesía entonces es un viaje a la oscuridad para iluminarla. Confronta ahí a su propia sombra, que a la larga es la sombra de todos. De paso aborda mitos fundacionales y nos enseña que, en lo más profundo del abismo, puede oírse la voz de la salvación. En medio de la oscuridad sobreviene la luz.

Ese encuentro con la sombra suele comenzar en la madurez, cuando cuestionamos el mundo y se tambalean las esperanzas, o cuando se caen los grandes relatos junto a las aparentemente firmes convicciones, por eso esta no se queda en juegos de palabras.

Los poetas son quienes tienen mayor conciencia de la sombra. Shakespeare en sus obras solía referirse a las funestas consecuencias de no prestarle la atención debida a esa oscura maraña que construye en nosotros sucesivos rostros. “La vida es una sombra huidiza… / mero ruido y furia, un cuento absurdo / contado por un idiota”, dice en Macbeth.

Quien esté dispuesto a enfrentarse con sus enemigos -internos o externos- siempre hallará el camino expedito. Según Jung, el trabajo con la sombra exige un acto fundamental de reconocimiento (y, en ocasiones, de catarsis). «El hombre moderno -afirmaba- debe redescubrir la fuente más profunda de su vida espiritual, pero para ello no le queda más remedio que luchar contra el mal, afrontar su sombra e integrar al diablo.»

Escribe Paula Andrea: “Entre los dedos de Goya queda algo de tinta para pintar el cuadro que mide los días. / Una escena brota de sus manos, cuando la historia se cuenta antes de que / los tiempos anunciaran el principio”, (Entre los dedos de Goya).

En La agonía de las horas, afirma: “Ante la presencia del escombro, las formas de los otros perdieron la silueta, ellas salieron sin su línea a representar la escena de mi memoria, para darle paso a la agonía que conté por horas”. “Fui la muñeca que estaba atrapada en la caja”, en La quimera de Ibsen.

En Una carta sin respuesta, nos ilustra la batalla con la palabra versus el mensaje de amor acaso sin destinatario: “Escribir una carta para luego borrar y empezar de nuevo… Ella parece que buscara la melodía exacta para poder atraer a su destinatario y capturar su atención. Ella debe tener el ritmo perfecto, sus acordes deben ser precisos y no excederse en el número de palabras para lograr su objetivo (no terminar en la bandeja de indeseados); entrar después del saludo al espacio de las confesiones, y para contar, se requiere atreverse un poco, como aquel momento inicial en donde solo se pudo escuchar esa voz en el viento”.

Estos poemas de este nuevo libro nos indican que, si se abren las puertas de la sombra y de todos sus contenidos negativos, por más terribles que sean, puede ayudarnos a ablandar nuestro corazón hacia nosotros mismos y hacia nuestros semejantes. Nos enseña a comprender la fragilidad humana y así evitar proyectar nuestra sombra sobre los demás o sobre nosotros mismos. Esto lo logra nuestra joven poeta, ya que al enfrentar al mal reveló sus virtudes más desmesuradas.

ELA SOBRE LA LAGUNA DE ESTIGIA

A Gustave Doré que sigue en la barca

Ela va en la barca sobre la laguna de Estigia

Ela suspira sobre sus corrientes

Y en un vaivén de venenos para prolongar el recorrido

encuentra

un alma atrapada

en una esquina de la barca.

La vida es una débil llama que danza las melodías de momentos

Ela es una vela que se mantiene encendida

alumbra sobre la laguna de Estigia

El tintineo de las monedas hace contraste entre las moradas de la tierra y el mundo del olvido.

Esta noche no viene Flegias

Esta noche no nos visitará Caronte

Esta noche Ela deja los cuerpos a las puertas del abismo

Yo tengo dos monedas en mi bolsillo

Mi barca se acerca al final del recorrido.

LA QUIMERA DEL HERMENEUTA

I
Escribo por fuera de las márgenes del mundo,
no lo hago para hablar por él
No lo hago para hablar por mí y argumentar
No tengo la potestad de creer que encuentro la voz de Dios entre sus líneas
Precisamente por eso escribo con un pie de página
siguiendo los pasos de Aquel invisible siempre presente.

II

Hay ventanas de ventanas
y márgenes del mundo que dejan un pie de página en eso que solíamos llamar historia

III
Hay razones que arrojan un desencanto con su tiempo
máscaras que transitan de cara en cara
Escribo a las márgenes del mundo
por ella y desde ella
La marginalia es el trazo de mi vocación

IV

Al Maestro Catalán Joan Carles Mèlich
Seguimos leyendo el mundo

Sigo al lector de la vida para comprender que el destino es una trampa de la mente
Es la astucia de la razón que se burla de los hombres a través del tiempo
Hago anotaciones al margen del libro de la vida
que se escribe sin depender de la Era en la que me encuentro.
En la eterna biblioteca
en cualquier lugar del Nirvana
hago un pie de página.
Instante para poetizar, para sentirme Adán, aunque soy Sherezade.
Escribo a las márgenes del mundo
para comprender otra manera de perderme
detrás del telón de lo creado
cuando todo es Babel
Sigo los pasos de John Wilkins desde las márgenes que toman distancia
de aquellos elegidos en la lotería de Babilonia.

PAULA ANDREA PÉREZ REYES (Medellín, Colombia). Abogada, filósofa y poeta. PhD, Licenciada y magíster en Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. Docente investigadora Junior reconocida ante Min Ciencias de la Universidad Pontificia Bolivariana.

Desde 2017 dirige el Semillero de Transformación de Conflictos y el curso Marc 6: Literatura y Conflicto (Universidad de Antioquia). Es defensora de derechos humanos con énfasis en el reconocimiento de los derechos de víctimas y personas con discapacidad.

Ha participado como presentadora, conferencista y poeta en eventos nacionales e internacionales en España, Ecuador, México y Perú. Ha publicado libros y antologías poéticas, artículos, columnas de opinión y capítulos de libro. Entre ellos se destacan: su participación en la antología «Poemas del barrio a la ciudad» (Tragaluz Editores / Comfenalco Antioquia), selección de poemas para la revista «Ablucionistas», «Poesía por Colombia» (Editorial La Otra, México), «Cuadernos de educación y alteridad, el deseo en la creación poética» y selección de poemas para la revista «Kametsa». Es autora del libro Cuando escribo sobre el muro, de la Colección Voces del Mundo del Quirófano Ediciones de Ecuador.

Su segunda obra, el libro, Las Quimeras del Tiempo fue reconocido por la Editorial Fallidos Editores como el mejor libro de poesía en la convocatoria 2021.

Las Quimeras del Tiempo. Apuntes poéticos en medio del Sufrimiento.