PATRICIA MERIZALDE: los terrenos de la poesía sensual y desafiante

 

El interminable poema de Patricia Merizalde

La poesía de Patricia Merizalde es fiel a si misma. El tiempo también trae versos nuevos, pulidos momentos. El tiempo es bueno para limar las circunstancias. El tiempo es bueno para el vino y para la poesía, para ranciar al queso y para desocupar la carga de recuerdos que nos hacen vivir.

Sin embargo la fidelidad de Patricia Merizalde no se queda allí, se queda más allá de aquello: es una fidelidad temática.

 Patricia, con estos Dogales, vuelve por los terrenos de la poesía sensual y desafiante. Hay algo de feminista madura, algo de poeta de vanguardia, algo de guerrera, algo de reaccionaria de la pasión, algo de guerrillera del recuerdo, algo que sale a explotar, pero que deja que se explote en partes, en raciones.

Es una poesía del cuerpo. Aquello que se dice: poesía de la piel sobre la academia, poesía que se arrima a la experiencia, poesía que surge cuando la voz poética se siente en el otro, poesía que se va extendiendo en el Tú, en ese tono de canción de amor, en ese tono de desamor: que es el tono con el que casi todos nos despertamos más de una vez en la vida y vamos cruzándonos con el arte de los otros y creyendo que “todas las canciones se hicieron para mí”, que todos los poemas están a mi medida, que todo el corazón colectivo es el mío también.

Pienso entonces en Hegel y en la dialéctica. La tesis es el amor legendario, ella debe contrarrestar esta con la antítesis de la muerte, terminando en la síntesis del fuego, como el buen Heráclito, ese filosofo que adoro y que hablaba del fuego y del río y que nadie pisa las mismas aguas del rio, porque sino es el río que cambia eres tú. Tu miras en el parpadeo, en el movimiento de las alas de una mariposa, nuevos colores, nuevas ilusiones, nuevos sentires, nuevos caminares, nuevos transcurrires, aunque estos sean los mismos para otros, siempre lo nuevo es lo mismo disfrazado de experiencia, disfrazado de tiempo.

Además Patricia ha descubierto un ritmo, una forma de cortar la respiración de sus poemas, un momento del arte menor del ritmo interno en donde la música de su poesía se hace eco en los otros. Son versos heptasilábicos u octosílabos que le dan mayor movilidad al uso de la sensualidad.

La voz poética, siempre con una femineidad políticamente correcta, se deja llevar por el misterio de un actuante poético, un hombre nítidamente fuerte y  sensual que atormenta a la voz femenina.

Así como en la historia de la poesía erótica siempre estuvo presente un cruel desamor, una cruel habitación de llanto y espera, como la que hizo irse a Alfonsina, como la que gritó en la voz de Juana de Ibarbouru, como la que sometió a la Pizarnik, como la que destruyó a Olga Orozco, como la que sacudió a Dolores Veintimilla, como la que aplanó a Delmira Agustini, como la que azotó a Rosario Castellanos, como la que hundió a Elisa Estrada y Ayala.

Causa asombro la fidelidad de Patricia por esta poesía, como que el poema es interminable. La lógica es aquello de que todo poeta escribe un solo largo poema siempre. Un poema inacabable que se trunca en la muerte, pero que sigue siempre conectado a otro poeta que lo sigue, como el Ourobourus, la famosa serpiente mitológica que representa al infinito.

 Este animal que se come a si mismo , pero lo mismo que come sigue creciendo y creciendo. Es algo así la poesía, cuando uno ya dice lo que dice, se siente que no ha dicho nada. como lo que alguna vez nos dejó para siempre el adorado y maravilloso poeta Juan Gelman: “lo más importante a la hora de escribir es sentirse insatisfecho. Si alguna vez te sientes satisfecho por lo que escribes, no volverás a escribir…” eso es de poetas verdaderos, eso de la insatisfacción. Por ello a Patricia le esperan aun muchos otros libros para liberarse y para reunirnos junto al fuego de sus poemas como si fueran chimeneas que abrazar con su fuego nuestro pobrecito y humilde corazón de poetas. Ni más ni menos.

© Xavier Oquendo Troncoso

 

DOGALES

 

“Yo me acuso vida

de ser mujer

Sacrilegio

Nostalgia”

Patricia Merizalde

Salmo Sacramental de la Culpa

1996

 

 

Génesis

                                                                Mujer

de alucinadas

 primaveras

He de trasmutar

  vida

frente los  riscos

de la  muerte

En mi propio fuego

he de  desleír

  témpanos

He de ser palabra

 de quemantes fuelles

I

Guarnecida

de batallas y de heridas

declaro ser mujer

                                           hecha a pulso de rabias

Hermana

para redimir

de la historia

blancos lirios

asfixiados por dogales

Guerrera sobreviviente

del género envilecido

en crucificadas

 hogueras

II

Por aquellas

que nacieron muertas

en la  tortura

de amores serviles

Por ustedes

Capaces de la terca

                                                       inocencia

de amar

a quienes

sin piedad

castran

sus alas

  III

Se hace veneno

mi voz

por los que no pudieron

contrariar en Pizarnik

 su vocación

 por la muerte

Por los  que no intuyeron

en Alfonsina

su afán de líquidos viajes

hasta la profundidad

de poemas

y caracolas

suicidas

     IV

Por  las hieles

en las  homilías

del canalla

Fray Vicente Solano

Por  estrangular

con  su amarle pude

delirante loca

a la insurgente  Dolores

en su cáliz de veneno

    V

En busca de los infames

del suplicio

de los guardados secretos

del incesto  y la morfina

que pese a ser  infiernos

prodigaron  rosas

sobre el Dulce Milagro

de Juana de América

VI

   Por las ausencias

que apagaron los ojos

de Manuela

 Predestinada libertaria

en  tiempos de hipócritas

                                               ¡ La bella Generala !

La que soportó y  murió

en el frío del  exilio

La valerosa quiteña

                                        que sin temor a  excomuniones

rasgó con su espada

 los trapos escabrosos

de sotanas

 y  apariencias

Por  los buitres que en  la historia

no  han podido mancillar

el libre amor

 de Manuela por Bolívar

                                     VI

Recogiendo

en milenarias chalinas

el grito desgarrador

de Dolores Cacuango

Llorando inconsolable

 junto a ella

Compartiendo

 el cadáver de su guagua

partido a patadas

por el marido es

 aunque mató a golpes

sus entrañas

VII

Y qué decir de Frida

De las afiladas  lanzas

 de sus pinceles

frente a sus propios despojos

Qué decir

de la descabellada

impiedad de Rivera

De su franco desamor

ante la agonía de la ninfa

Ahora penetro en  tus cuitas

Descifro tu loca orgía

de vinos  mujeres y amantes

Entre risas

 celebro

               tu desacuerdo con la vida

          Ninguna Parca

pudo contigo

pese a tu constancia

de morir

 en cada lienzo

VIII

Ay!

Chavela

Vargas

La noche de mi mal

Silabeada por ti

 Lentísimamente

Desgarradoramente

 lenta

Ha marcado mi vida

Esa rabiosa nostalgia

 Incuestionablemente

 tuya

Única

Ay ¡ Chavela

Esa cuchilla

de malditos despechos

restregándome en la risa

necios ayeres

 que no pasan

Por eso estoy aquí

 Amanecida

en la cantina

de tus boleros

Borracha

con  tu llanto ronco y  suicida

Estoy ebria

Casi muriendo

en tu  líquida voz

de aguardiente

IX

Heme aquí

Salvaguardando

amados sepulcros

Retirando flores secas

entre el cristal de  sus huesos

Maldiciendo

 a indolentes

ante sus tumbas

errantes

Odiando destinos

de garras  siniestras

a plena luz de la insolencia

 X

Asqueada

ante la pestilencia

  de ver machacar

 contra piedras

pecados

frente a la sangre

aun tibia

de la niña violentada

por un sátiro

  XI

En resistencia

ante las  muertes

 advertidas

en  cadalsos

En pie de guerra

ante el amarillismo

de páginas enrojecidas

por canallas

                                            Miserables periodicuchos

donde  golpe a golpe

como pan de cada día

   feroces leones

devoran

  la mártir fresca del día

   XII

Incrédula

frente a la  escena repetida

Mirando horrorizada

 a quien

será por siempre

la  inmolada

Indignada

por la que siempre

será la misma

 a quien quemarán

   las lenguas pacatas

Impotente

por mis hermanas

 quienes

a pesar de haber muerto

a través de los siglos

Inevitablemente

Volverán  mañana

degolladas otra vez

por el hombre de su vida

XIII

A nadie admira

el útil manual

donde se aprende

 a sobrevivir

en las turbias  aguas

 de las culpas

Donde  el insomnio

es el salvo conducto

contra estúpidos sigilos

Cansadas de renegar

del status de muñecas

no invitadas a la vida

Con la obligación

 de caminar a obscuras

De abrir brechas

De ser Valientes

aun con los cuellos

 rotos

 por la costumbre

de masticar espinas

  XIV

    Nadie está a salvo

Beatas

Ateas

Blancas

poetas

Negras

Celestes

Locas

Todas

Intuimos

filos de navajas

en perpetuas cadenas

y grilletes que sangran

día a día

         XV

        Ahora entiendo

el puñado de somníferos

por el que escapó

  Marilyn

La hallaron sin vida

Igual que a tantas

que simplemente

 quedan dormidas

Sin vida sus lágrimas

antes de rocío

Con  negras raíces

en dorados cabellos

 enredados

igual que Marylin

 a grises mentiras

XVI

¿Quién entiende

el por qué de las piedras

colocadas  sin clemencia

 en los bolsillos

antes de  espigas

de Virginia Woolf

en su infinito viaje

a un hondo río ?

 XVII

 

 

 Heme aquí

De una vez

y para siempre

Rompiendo las amarras

que nos condenan

a  fingir

ser escalofriantes  títeres

Expulsando

congojas

Funerales letanías

Devotos llantos

desde  muros de  lamentos

de todas mis abuelas

Aplastando

la casi deshonra

de ser  mujer

en un paraíso

de simios patriarcales

   XVIII

Llego desde las vidas

 que ya vivieron

osamentas  lejanas

Pisoteando infamias

Desbaratando gritos

Atroces silencio

   Revelando

contumelias

con mi desnuda palabra

Ya basta

 de solo  prodigar

 placeres

a cambio de mendrugos

Hoy el universo  exige

Hombres y mujeres

 absolutos  y ciertos

XIX

No pienso callar

sin antes legitimar

el gozo de echar abajo

 hipocresías

Aquí me quedo

Remozándome

 en el guerrear

con mis muertas

Renaciendo de sus retazos

esparcidos en olvidos

Declarándome

entera

para la vida

        XX

Heme aquí

Recurrente

Regocijándome

en prohibidas delicias

Dueña de mi credo libertario

Ajustando  mis ansias

a  la exacta libertad

de mi universo

   XXI

Heme aquí

Patricia

Tomada de las manos

de Frida y de  Dolores

Abrazando

en el infame  destierro a Manuela

Asombrada

por las ganas de morir de Alejandra

                                    Sonriendo tristemente a mis Juanas

Escuchando

 las mentiras de kennedy

a la  Marylin

    Sosteniendo

La angustiosa angustia de Alfonsina

Cantando incrédula

 Gracias a la vida con la suicida Violeta Parra

Alzando la del estribo

por mi desamparo

ante  la voz de Chavela Vargas

Juntas

En el sacrilegio

de reinsertarnos

a sangre y fuego

las veces

¡que sean necesarias ¡

  XXII

   Aquí  agito

la daga

de mis versos

Levanto orgullosa

mi estirpe de loba

Asumo el derecho

a ser la única bruja

en mi aquelarre

XXIII

Aquí

 te propongo

Amémonos

camarada

Vamos a inventar

nuevos carbones

para atizar

la caricia

Te invito

a descubrir

 mis nuevos bordes

reconociendo

 la mutua libertad

del viento en el aire

Libremente

quiero marcar en tu piel

la fuerza desatada de natura

en el huracán de mis brazos

 

XXIV

       Es hora de liberar

la equidad

  sobre la faz de la tierra

Atrévete

Libera tus castrantes corazas

No llames hombre

a un simulacro de carnicero

No pueden persistir infiernos

donde dogales

aprieten  quimeras

XXV

¿Por  qué has de convertir

 tu mano en garra?

¿Por qué has de beber

sangre

             en lugar de agua?

                ¿Has olvidado

                 la esencia humana

                   con la que te amamantó un seno?

XXVI

Salva al hombre

 nómada de emociones

Atrévete

a reconstruirte

desde tus  amargas cenizas

Prometo

en nombre

de mis ánimas sagradas

¡Hacer una tregua ¡

Hacer que calmes

pesadillas

 de falos atrofiados

en  inútiles juergas de egos

Hacer que caiga el cinismo

Se aplaque la violencia

Se declare obsoleta

la vanidad

de estériles  hombrías

ensortijada

entre tus piernas

XXVII

Hombre nuevo

Ama en la inmensidad

de un  mundo paralelo

Ámame

en la integridad

de mi espacio

de tornasoles azules

Amémonos

mientras te otorgo

 el alivio de llorar

tus miedos

sobre mis senos

Mientras

 desde la luz

de mi ternura

 libero de tu sangre

 las tenazas que aprisionan

a tus  machas

  Hoy

En catarsis

de equilibrio y vuelo

preciso

amar a un hombre

Un auténtico gladiador

para conjugar

mi paso etéreo

Hombre

trasmutado

en la viril esencia

de cómplices anhelos

Ha de ser un hombre

Lobo y mío

 en la exacta fusión

de mi luz y mi carne.