Por Félix Rosado. Escritor. Autor de «Odisea 4×4 Filomena. Ángeles y Héroes en la Tormenta»

En 2022 mi novela «Odisea 4×4 Filomena. Ángeles y Héroes en la Tormenta» fue recibida por el Museo de Historia de Madrid, precisamente coincidiendo con una magna exposición en este museo sobre la misma tormenta, Filomena, con 5.000 fotografías tomadas por los madrileños, oriundos o no de la ciudad, imágenes que se pueden contemplar en un panel gigante del patio principal. Pero, ¿cómo arrancó todo? ¿Cómo surgió la historia? Fue de manera espontánea y natural.

El 8 de enero de 2021 empezó a nevar de manera apocalíptica en Madrid. Era el último fin de semana navideño de un año duro, el más duro vivido en decenios por la Humanidad, el año de la aparición del entonces temido Coronavirus. Estábamos sufriendo los embates del Covid19 y llegó la Filomena, una tormenta gigantesca e histórica.

Que caiga un manto de copos apolíneos para embellecer una montaña o una ciudad en Navidad es más que simpático, es como si los dioses quisieran alegrarte una noche o una mañana. Que esas nieves empiecen a ser persistentes, invita ya a los que aman el frío a embriagarse, y a los que no lo conocían, pues a caer en la tentación dulce de salir incluso desnudos a la calle, para sentir en sus propias carnes la alegría de tocar el maná nunca antes visto, de hacerse selfies, tirarse bolas de nieve, tumbarse sobre la alfombra espumosa y blanca de la nevada, gozar mirando al cielo y reir abriendo la boca entre griteríos de felicidad inexplicable…

Pero si la nevada se torna más que copiosa, digna de tormenta de grado cinco o de temporal invernal ciclópeo, la música ya suena de otra manera incluso para los que conocen la nieve, aún gustando siempre esos paisajes que pintan los ángeles del cielo con brochazos dignos de Pieter Brueghel.

Como conocedor de esas nieves, pues me crié con ellas, en la diversión, y también en momentos complicados, sobre todo cuando estás conduciendo, si te quedas encerrado en casa porque afuera hay más de un metro de esa materia física helada y tentadora, por su atrayente belleza de doble filo, pues si has usado la pala, si te has deslizado con cierta peligrosidad por la superficie engañosa del mismo encanto, si no eres un conductor con el vehículo adecuado o un esquiador avezado, entonces, la mirada al espejo nevado es diferente. Ves las dos caras de la misma moneda, la buena y la otra, la que te hechiza y te la juega. Desde la ventana de mi casa empecé a hacer fotos. Por la tarde. Por la noche. De madrugada. Al amanecer del día 9 de enero de 2021. Y aún quedaban horas de nieve, hasta completar un día y cuarto nevando sin cesar… en Madrid. La gente disfrutó … hasta que la Gran Nevada, que llegó montada sobre la bautizada como tormenta Filomena, se convirtió en histórica. De tal forma, que después de las risas y la alegría, comenzaron las aventuras.

Estábamos atrapados en casa, sin poder salir, ni acudir a ningún sitio. Sucedió que, sin embargo, había gentes que sí necesitaban y de manera inexcusable acudir a los hospitales por razones médicas inaplazables. Fundamentalmente. También, en esa cárcel de nieve e hielo que se construyó en treinta horas, hubo quienes se quedaron atrapados o sin alimentos, o sin calefacción. O tirados en medio de la carretera, entre ríos de nieve y frío. Fue cuando, de manera altruista y voluntaria, grupos de civiles, voluntarios, pilotos osados y, por qué no decirlo, también aventureros, expertos en conducción en dunas y nieve, armados de potentes todoterreno 4×4, se ofrecieron para traer y llevar a esas personas que lo necesitaban sin consejos, a pesar del contratiempo que, por el Destino, nos puso ante sí esta Filomena, nombre de diosa del canto.

El encantamiento se hizo perenne durante horas. Fue como otra prueba de fuego, en este caso de nieve ardiente, la que llevó a forjar historias de ida y vuelta, relaciones humanas, emociones y descubrimientos de héroes y ángeles terrenales. Fue tal la fuerza, su ímpetu, que comenzaron a aparecer en televisiones y radio, en prensa de papel y digital, en redes sociales, en la calle, se convirtió lo que sucedió en odiseas, cómo llegar a casa, cómo salir, cómo ir a un hospital, cómo ayudar incluso a los que nos ayudan, sanitarios y bomberos, policías y limpiacalles, conductores y remolcadores…

De manera espontánea, hablando con mi cuñado, Daniel Gala, avezado piloto de 4×4, con una potente ranchera canadiense, conociendo ya en profundidad lo que estaba sucediendo en cuatro días inolvidables, el sino y los hados me condujeron a escribir la novela Odisea 4×4 Filomena, desde dentro de un grupo de Sos 4×4 precisamente, protagonista principal del libro. Una aventura trepidante de película que, estando basada en hechos reales, es para sentarse en tarde de domingo a contemplar con café caliente o chocolate, mientras miramos fuera por la ventana y, así, volvemos a imaginar que ahí fuera está Filomena, embelleciendo la ciudad y fustigando al desvalido ser humano, salvado por esos héroes y ángeles, que, de otra manera, no habríamos conocido, porque no llevan capa de supermanes, pero sí tienen un corazón muy grande, incluso con los desconocidos.

La publicación de la novela, aún trufada de ficción literaria y documentos reales, atrajo otra vez como un imán a los vividores de Filomena y, a los que no, pues les cuenta qué pasó, de día… y de noche. Los que pasaron miedo, lo recuerdan; los que lo conocen ven la valentía. Circula por internet, está disponible en Amazon.

Lo que no imaginaba cuando empecé a escribir la historia es que fuera a crecer el libro como creció. De repente, fue portada en informativos de Telemadrid, la Cope, La Razón, el Magazín Internacional ConexiónorteSur y otros medios, nacionales y locales, crítica literaria y menciones especiales, como la de Antonio Usábel, doctor en literatura: «Félix Rosado ha tenido la iniciativa de dar voz pública a estos héroes de la tormenta. Ha sido consciente de lo que otros vivíamos de manera inconsciente. Lectores, acuérdense de sus vecinos. Estímenlos en gran medida. No son serafines ni portan alas, pero pudieran serlo. Son únicamente, como en la película de Douglas Sirk, ángeles sin brillo». O la de Juan José Iglesias: «Esta obra mantendrá la memoria de un relato verídico, como hacían los grandes escritores del Nuevo Periodismo, con las recreaciones de la libertad novelesca que practicaban Capote o Wolfe, homenajeando a un grupo de civiles que de forma espontánea prestaron su ayuda con espíritu desinteresado, salvando vidas, pero también la esperanza de un mundo más civilizado».

Una tarde quedé a tomar unas cervezas en una terraza otoñal con Arturo Prado Lima, escritor colombiano. Después, nos fuimos charlando, entramos al Metro y, de repente, nos giramos y ahí vimos el libro: un anuncio de la novela ilustraba un panel gigante de la estación de Metro de Barrio del Pilar. Hicimos unas fotos.

Aconteció que, en el discurrir natural, el libro «Odisea 4×4 Filomena. Ángeles y Héroes en la Tormenta» entró al Museo de Historia, valga la redundancia, de Madrid, donde se recibió con hermosas palabras: «Muchas gracias por tu precioso libro y por tu promoción del Museo». Catalogado queda pues para el recuerdo de un evento meteorológico inaudito, y en estantería de honor. Pero la novela sigue su curso, su viaje, para el disfrute de la lectura. Si les interesa, que la disfruten, como miles de personas que la leen atraídos por el éter de la odisea de la Gran Nevada, histórica, majestuosa, blanca y tan fría como cálidos los corazones de la irrealidad vivida. O sea, no fue una leyenda, no fue un sueño. Lo de Filomena sucedió, fue real y no es un cuento.

Tal vez, el espíritu humano crece en tiempos de tormenta, como los héroes inesperados:

*“…Abre la puerta de su Ford, un ranger del 19 y queda pensativo. No va a ser para ayudar solamente a su suegro. El hospital de la Luz al que lo ha llevado ha abierto esperanzas y, como su nombre indica, luz para otras personas que van a requerir su ayuda. El destino lo ha conducido a ese grupo de SOS 4×4. Empieza a simpatizar con las peticiones de auxilio, diálisis, urgencias, médicos, enfermeros.

–Me uno al grupo y pongo un mensaje: si necesita algo, me avisa—escribe (…)

Los hados lo han abocado a ser un héroe inesperado del 4×4 para enfermos y personal sanitario (…) Conduce antes de desayunar, antes de la comida, antes de la cena. No me acordaba de que había que comer, dice (…) No ve calles, están enterradas, los buses atascados, la gente sin poder desplazarse, empieza a sentir la cara oculta de la nieve, un paisaje apocalíptico, árboles tirados, coches cruzados, es desolador”.

*Texto extraído de «Odisea 4×4 Filomena. Ángeles y Héroes en la Tormenta». La obra está disponible en Amazon.

Imagenes de Arturo Prado Lima