
Escribe: profesor Rubén Darío – Cali, Colombia
El acto de leer favorece la concentración y la empatía. Al alimentar nuestra imaginación, modifica positivamente nuestro cerebro, hace que progresemos y nos adentremos al mundo del conocimiento. La lectura es un beneficioso ejercicio mental. Por eso no está mal dedicar tiempo al cultivo de la mente, dedicar un par de horas diarias a la lectura, parecería ser una de las prioridades de nuestra cotidianidad. Cuando leemos desarrollamos habilidades de tipo cognitivo que, de alguna manera, nos permite identificar y apropiarnos de ciertas competencias que al utilizarlas de manera consciente nos prepara para abordar diferentes tipos de texto con un pensamiento crítico necesario para la resolución de problemas.

Leer forma parte de nuestra vida diaria. Cuando leemos estamos favoreciendo la concentración y la empatía, de alguna manera estamos previniendo la decadencia cognitiva. Leer relacionando y teniendo en cuenta nuestras experiencias, permite que esa aventura logre crear, recrear y transformar. Los libros en cierta medida al igual que una buena alimentación nos nutre, una buena selección de libros se asemeja a una buena selección de alimentos determinada por nuestros gustos, intereses y necesidades.


La concentración se ve favorecida cuando ejercitamos la mente a través de la lectura. Aunque leer parezca un proceso natural, no lo es, se aprende a leer y en ese sentido, aprender a leer implica el desarrollo de unas estrategias y de unos modos de hacerlo de tipo metacognitivo en el cual la distracción parece ser un elemento a derrotar. Entendemos que el estado natural del cerebro es distraerse ante cualquier nuevo estímulo, por eso disponerse a permanecer concentrado es un ejercicio que debe alimentarse diariamente. La lectura alimenta el celebro, lo hace progresar y le da vida, por eso es tan importante y fundamental establecer un hábito lector en nuestras vidas. Dice el profesor Ángel Gabilondo que “hay que leer con intensidad, despacio, con cuidado, viviendo la vida de las palabras”. No cabe duda, que al realizar una lectura de este tipo algo ocurre y lo más seguro es que ese algo sea una verdadera experiencia transformadora y reveladora que me invitará a la reflexión y a tratar de aterrizar ese nuevo saber en un contexto específico.

Cabe resaltar que una de las mejores maneras de cultivar nuestra atención es por medio de la lectura, sólo la actividad lectora exige la concentración intensa porque se debe de combinar el desciframiento del texto y la interpretación de su significado y esto implica una rigurosa concentración para que la mente pueda recrear cada palabra y activar varias alteraciones intelectuales. El acto de leer hace que nuestro hemisferio izquierdo trabaje velozmente para activar distintas áreas. Al leer el texto, identificar las letras y palabras, el área especializada del cerebro señala palabras escritas y transfiere la información hacia otros espacios cerebrales. Este proceso realizado por nuestro cerebro se repite una y otra vez, mientras leemos. Además, la competencia lectora tiene repercusiones intelectuales, modifica el cerebro. Expertos como el seudocientífico Alexandre Castro-Caldas demostró que hay mayor cantidad de materia gris y de neuronas en los cerebros que leen. Cuando comparo el cerebro de personas analfabetas con el de lectores, evidenció que los lectores escuchan mejor. Así que, bienvenida cada nueva experiencia lectora, bienvenida cada herramienta que nos permite vivir cada nueva aventura y continuemos haciendo de los libros y del acto de leer un ejercicio sano, salvador, de conocimiento, pero sobre todo de transformación. ¡Larga vida a la lectura!




