Yezid Arteta Dávila presenta hoy en Pasto «Rebelde dentro de los rebeldes»

Escribe: Arturo Prado Lima 

El sonido de una quebrada empieza a ser persistente. Nosotros avanzamos bajo los árboles. Una de las chicas se cansó. Le ayudé con la maleta de guerra, y después con el propio fusil. Había que bordear una loma para entrar a “territorio liberado”, antes del anochecer. Cuando nos disponíamos a cruzar por el riachuelo, alguien se descolgó del húmedo barranco y se plantó en la otra orilla. Tenía el camuflado propio de los guerreros irregulares de la contienda colombiana, unas botas altas, una barba incipiente, y era alto y fuerte, pero en el fondo todo combatiente tiene un aire de misterio y soledad que trasciende sus propios límites. Era Joaquín, el que mucho tiempo después sería conocido, primero en el sur y después en toda Colombia como el Comandante Joaquín.

Una vez reconoció a sus camaradas, (una de ellas había viajado a El Bordo, Cauca), para recogerme, seguimos nuestro camino. A Joaquín lo conocí por un teléfono que me dio alguien en la Universidad de Nariño. Nos encontramos en la biblioteca del aula máter y él se hospedó en un lugar indeterminado. Estamos hablando de los años 85 – 86, tiempos de una incierta tregua  bilateral que amenazaba con romperse en cualquier momento.

Una de las cosas que siempre he admirado de Joaquín, es su sabiduría en todos los temas de la vida: con él puedes hablar de medicina, de arqueología, de literatura rusa, francesa, latinoamericana o manuales de guerra, de cocina, de primeros auxilios, de poesía, música, cine, filosofía, en fin. Experto en tácticas y estrategias de guerra de guerrillas, fue uno de los comandantes más humanizados que yo recuerde haber conocido.

Su lucha por los derechos de las gentes, los pueblos, su ejército y sus propias convicciones lo convierte en uno de los personajes que hace mucho tiempo anda en busca de autor. Como no lo ha encontrado, se dio a la tarea de ser autor y personaje de sí mismo, sobre todo en este último libro: Rebelde dentro de los rebeldes, aunque ya en sus anteriores textos se vislumbra una especie de autoficción que desvela ciertos matices, elementos inconfundibles en la literatura de Yezid Arteta: la rebelión, la disciplina, la ironía, la metáfora puntual, el estudio constante, la interpretación serena de la realidad y sus afluentes cotidianos.

Con él imprimimos algunos ejemplares de “Resistencia”, la revista del Frente. Lo hacíamos en Pasto, utilizando la serigrafía, a la antigua, en una de las habitaciones donde yo vivía.  Muchas veces,  solía salir, a las 3 de la mañana, con mi maleta llena de ejemplares y me internaba en la selva caucana. Con Elena, que era, y es, una de mis compañeras del alma, incluso, lo invitamos a una discoteca. Los servicios de seguridad del Estado nunca se enterrarían de que allí se imprimieron algunos ejemplares del boletín de guerra.

Después de un tiempo nos perdimos el rastro, hasta muchos años después, cuando las noticias hablaban de su captura en el interior del país. En diferentes prisiones del país, según me lo ha contado, era uno de los lectores más disciplinados, quizá para compensar las largas jornadas de tortura y soledad. Estoy seguro de que fue allí, en los oscuros sótanos del régimen donde el deseo de escribir se hizo más evidente.

Estando en Madrid, España, recibí una llamada desde Pasto: “Llama a este teléfono, es un amigo común”. Y llamé. No era Joaquín, era Yezid Arteta Dávila. Joaquín era el nombre de un personaje del pasado. Ahora su verdadero nombre era el de otro ser humano dispuesto a seguir guerreando, pero con otras armas: conferencias, medios de comunicación y, como no, con la literatura. Nos encontramos en nuestra casa de Madrid y planeamos cosas. Una primera era hacer un conversatorio público sobre su libro Sudakas y Eurakas, al cual nos acompañó la periodista colombiana Erika Antequera.

Coincidimos después en un seminario en Barcelona y en algunos otros lugares. Y en todos esos encuentros siempre encontré al Yezid pensante, al escritor extraviado en sus propias ficciones, pero también al hombre que tiene los pies en la tierra, consciente que es desde allí desde donde se puede emprender el vuelo, y volar muy alto para que las caucheras o los fusiles de los enemigos no lo alcancen. A partir de allí, y después del despido masivo de los, y las  buenas columnistas de la antigua revista Semana, me llamó para proponerme, a mí y otros periodistas, escritores e intelectuales la creación de una página web, elcomejen.com que logramos mantener dos o tres años. Una aventura hermosa para empezar a corroer el sistema imperante por medio del pensamiento crítico.  Comejenes que carcomerían las estructuras del establecimiento y provocarían la caída del edificio burgués.

Hemos coincidido en muchas cosas y en muchas partes. Cuando lo designaron negociador del gobierno con la disidencia de las FARC me alegré mucho. Yezid tiene una visión muy clara de los entuertos de la guerra y puede aportar muchos elementos, entre ellos, esa rebeldía, que por sí sola no tiene efectos importantes. La suya es una rebeldía ya refinada, salida de los campos de batalla, de las celdas carcelarias, de las discusiones sobre la legalidad o ilegalidad de ciertas normas que apoyan actualmente la guerra.

No he leído el libro aún, pero conociéndole como creo conocerlo, no dudo de que este nuevo parto literario superará con creces la ficción literaria y estará centrado en lo esencial, en su experiencia vital como experiencia colectiva de donde pueden salir otros resultados, muy distintos a los históricos de siempre.

Felicidades Yezid. Estaremos pendientes para presentar tu libro en Madrid. Y ahora a cuidarse. Ayer se levantó la Mesa de Diálogo con las disidencias de las FARC. No faltan sicarios merodeando a los hombres y mujeres de paz. La tarea ahora es difundir el libro de Yezid, cuyas experiencias, ya procesadas por la literatura y la inteligencia de su autor,  seguros de que serán gérmenes para empezar un nuevo sueño de paz.

Arturo Prado Lima, Yezid Arteta y Erika Antequera

Y hablando de coincidencias, es posible que coincidamos en la Feria del Libro de Bogotá. Uno de mis libros se está editando en Ibagué para ese evento, en el mismo que estará el libro de Yezid Arteta Dávila contando las memorias del comandante Joaquín.

Ayer, mientras me otorgaban en Madrid, el premio de literatura “Cesar Vallejo”, por parte de la Asociación de Artistas, Creadores y Escritores Defensores de los Derechos Humanos, pensé en Yesid, pues sabía que en esos mismos momentos, estaba haciendo la travesía del Cauca a Nariño para presentar su libro en Pasto y no dejé de sentir ese temor desagradable que sentimos por muchos años cuando transitábamos por esos lugares. Cuídate mucho amigo, que ahora ya eres el autor de ti mismo. Un abrazo.

Yezid Artéta Dávila, Gabriela Prado y Elena Flórez en Madrid