Poémica de Antonino Nieto Rodríguez a partir de poemas de su poemario El ojo que todo lo esconde o el cuchillo que trocea a los inocentes. 4-10-2024
«La vida es un tango y la muerte un pasodoble»
Mercedes Rodríguez Fernández
buenas: a todos los nacidos: a los hoy invisibles, y a los que aquí estamos
esto sabes
esto alimenta en ti lo indescifrable del hoy:
el origen del mundo?
el grito!
la sed de injusticia!
el poema: el grito
todo lo creado en esa respiración
la última lágrima, la risa
invisibilidad y obediencia manos y pies del vientre que te escuela beso
insaciable del número y la letra
lágrima del barro, del nunca, del ojo que todo lo esconde: la memoria
el corazón del viento, la soledad
el loco cuerpo de la soledad, la creación, sí,
lo que va del número a la letra y, bailarín, no respira: consiente el hematoma del tiempo
le dicen amor
es sangre del salón del barro, del grito, del perro que persigue a dios…
en esa cuenta orín rastro toda la belleza que no nos fue dada
somos la piel del misterio
y vestimos
del fuego aquí
la soledad del basta
más! más!
bocado a bocado la culpa el rastro de lo imperdible, la sed que exculpa a dios al barro
grita ríe pisa la multiplicación que te observa
está en ti
sin ti
recreándose tuya
de nadie
tiempo, esto es, el verbo y su voraz embriaguez, la farsa que te crece vientre del nunca, contra estos no tiempos
todo lo ausente en esa mentira: la realidad: sí, la realidad: simple respiración de lo sobrante
misterio?
limpieza contra todo lo que en tu quiero sueña contigo
1
la lágrima el beso que la soledad expande contra el encadenado del nacido
el nacido la conjunción, el útero que desnuca al misterio
todo y todos veneno del balcón de la risa
la risa el puño que devora a la asfixia
y besa el cuerpo que engendra a la lágrima: al polvo
esa arteria explica la bendición de la infinitud de lo finito
en esa mentira, las formas, sí, su virginal aplauso
el sí y el no, del polvo, la lluvia
contra la soledad, respirar
sí,
contra la muerte y sus carteras el despilfarro del vientre: respirar!
número y la letra y, en esa bendición, los idiomas y sus celebrados manjares: proscrito el pensar, proscrito el tiempo, tú limítate a reproducir lopara el epílogo:
pulso del barro el corazón: huella, boca
el laurel de la generosidad?
te han traído al mundo, sí, para que aprendas
el mundo una escuela, señoras y señores, en realidad, un centro de ocio
en donde la miseria, el dolor, la enfermedad…, se constituyen en columnas vertebradoras de lo que te ha sido dado, ya sabes, la vida un pasatiempo en el crucigrama insensible del que te es dictado y, en esa medalla, ni preguntas ni respuestas, todo en uno: ni siquiera la obediencia, tú, tu insaciable verdugo
y así
del divide y vencerás la copa de la respiración
y tu nombre, tus cadenas
vivir! vivir!
su (tu) sanación, la muerte
traspasado ese caudal, tu sueldo: trabajo a destajo, sin más ley que el sin remedio
ahí el culo, sí, el cubo de la alegría celebrándote vivo: producción, sin más
el corazón del viento, la soledad
el loco cuerpo de la soledad, la creación, sí,
lo que va del número a la letra y, bailarín, no respira: consiente el hematoma del tiempo
le dicen amor
es sangre del salón del barro, del grito, del perro que persigue a dios…
en esa cuenta orín rastro toda la belleza que no nos fue dada
cuando todo te sobre
cuando nada necesites
y aún cuando no quieras
llámame
puede que también así nos encontremos
sí
tú no lo sabes
ni yo
puede que tampoco queramos saberlo
pero tú estás en mí y yo en ti
llámame
que no tienes mi contacto?
y qué
tú llama
incendia el corazón
di que no me quieres
en esa pimienta
añadiré sal
para no ser ni uno ni nadie
para ni libre ni esclavo
regalarle al mundo mi no te quiero
reiremos juntos
juntos
sin corazón ni vientre ni escuelas
juntos
contra la muerte que feroz
con todo se acuna
revelación?
de qué viento hablamos, de qué obediencia?
de cuánto en la respiración paladea, oculta, fumiga el vientre del creador, de lo creado, del carrusel de dientes que empuña la alegría en su pastorear lo aún por descifrar?
que me repito?
qué tiene de nuevo este saludar los barrotes que inutilizan también a la obediencia debida?
si hay consecuencia no me hables de revelación sino de servidumbre
si hay muerte dolor ausencia,
si hay hambre
si hay sed
no me hables de revelación, o sí, háblame de ellos, de qué quién o lo que sea, háblame de la ruina que nos invade sin más piedad que la de sus bolsillos
o más aún
de qué cuento hablamos?
de la mortal inmortalidad que muscula al grito que te da nombre?
del polvo?
de la boca?
de las heces que empreñan a lo imposible en senda de lo aún por masticar?
el nacido, la baba de sus ganancias?
ganancias?
todo es verdad porque con todo celebran su prisión, sí!, sí!
la guerra que nos rinde suyos
revelación?
sudor del alma
como la lluvia
disculpa al criminal
revelación milagro
como los niños
los poemas llegan sabiendo para contigo desaprender y sin tiempo
ser lo ya incontable y aún por jugar…
inacidos llegan del nunca para jamás perderse
y en ti
florecer imborrables
de lo creado…
memoria
cerebro
vientre
eso nos dejaste
y manos y pies…
y corazón para recrearte ausente
eso nos dejaste
todo en uno
para no borrarte del salón de lo inútil:
dolor
indiferencia
imposibilidad…
lo creado simple borrón del tiempo
ahí toda tu sabiduría
o lo que de bendición alcanza el olvido
Antonino Nieto Rodríguez
Poemas de su poemario “El ojo que todo lo esconde o el cuchillo que trocea a los inocentes”





