Acaba de salir al público el nuevo libro de la poeta toledana Ruth Rodríguez: EL VIAJE DE LA GUERRERA. Ella misma explica su contenido. Vamos a escucharla.

 

 

PARAÍSO 

—Eva, concibe el paraíso

mientras Adán duerme

a la sombra del manzano.

Con el vientre en la tierra,

(sabe dónde se enjendra el fruto)

la serpiente

partió.

 

 

EL NO EDÉN 

Párate

y escucha

el canto de la chicharra.

El sol derrama su orín

sobre la llanura.

El fuego anciano

ha desgastado las arrugas

de la tierra

y la paja, como cuerdas de un arpa

incendiada,

se desparrama hasta el horizonte.

Párate

y contempla

el oxidado canto de la chicharra.

Arriba,

crucificada

y raquítica,

el águila ve

que el campo está partido

en dos, como la espina

de un pescado.

Y la ve a ella

desnuda

justo en la mitad

del esqueleto del pez.

El águila sabe

que su indefensión es aparente

y no osará cazarla

a pesar del hambre.

Ella

fluye

acuática

hacia adelante.

La serpiente

fluye

acuática

hacia adelante.

La serpiente

ondula el océano

de tierra quemada

y fluye

acuática

hacia adelante.

Párate

y huele

el canto acre de la chicharra.

 

Donde el páramo fenece

hay un árbol calcinado

que disecciona el cielo y la tierra

como un bisturí

podrido de herrumbre.

Es el árbol del conocimiento

en medio del no edén.

Aquí no hay manzanas:

solo el árbol desabrigado

y la serpiente sola.

Ella inicia la muda al pie del árbol

que se descorteza

para que brote savia nueva.

El árbol se la ofrece

y ella la bebe.

Después,

s i l e n c i o .

La chicharra

anudó una soga

con la muda de la serpiente

y se ahorcó.

El campo reverdece.

Crece el cereal.

Y una mano de aire lo percute

como las cuerdas de un arpa

renacida.