Escribe: Profesor Rubén Darío

“Los estereotipos son verdades cansadas.” George Steiner

No hay duda de que ser reconocido es una necesidad profundamente humana. Siempre, desde muy niños, el reconocimiento cumple una función esencial: confirma la existencia psicológica. El reconocimiento es el espejo indispensable en el cual la conciencia nace y se consolida. La psicología analítica establece que, en las primeras etapas del desarrollo, el niño vive en un estado de participación mística la cual implica que, la mirada del Otro actúa como el primer contenedor psíquico, después aparece la diferenciación que es cuando el niño se descubre como un sujeto separado solo cuando es reconocido como tal y finalmente aparece la alternativa la cual determina que, sin este reflejo, la psique permanece fragmentada, disuelta en el inconsciente colectivo.Como vemos, el reconocerse en el otro es importante porque de alguna manera, me reconozco como un individuo, como un ser humano a partir del contacto con otro humano. Este explica por qué cuando un niño es visto, escuchado y validado, desarrolla una sensación básica de valor propio. Ahora bien, por otra parte, el problema se evidencia cuando esa necesidad no fue suficientemente satisfecha o cuando se vuelve la única fuente de autoestima. Porque entonces mis decisiones, mi estado de ánimo y de alguna manera mi tranquilidad va a estar ligada o determinada a la validación y aprobación de ese otro en el que en un primer momento me permitió reconocerme en él. En todo caso cuando el reconocimiento ajeno es la única fuente de sustento, el individuo entrega las llaves de su hogar mental. La personalidad de alguna manera se va diluyendo entre la aprobación y la no aceptación dentro de un patrón impuesto por una sociedad falsa, doble moral y mercantil. El sujeto reduce toda su existencia a la máscara social para irse convirtiendo solo en lo que los demás aplauden. De esta manera, será muy difícil poder reconocer y escuchar su voz interior porque siempre está queriendo agradar al entorno silenciando y sepultando su propia voz. Su estabilidad y equilibrio emocional dependerá de un entorno voluble, lo que le generará una ansiedad crónica ante el rechazo y una insoportable angustia.

De esta manera el reconocimiento deja de ser algo saludable y pasa a convertirse en una búsqueda constante, en una sensación de vacío y miedo. La persona deja de actuar de acuerdo a sus principios y valores para empezar a vivir de acuerdo a la mayor cantidad de “Like” posibles, es decir, para obtener mayor aprobación externa. Este fenómeno se puede ver reflejado en situaciones muy concretas por ejemplo el reconocimiento a través del éxito visible: logros profesionales, mil millones de “likes” o prestigio. Cada logro alcanzado de alguna manera genera un alivio momentáneo, pero la satisfacción dura poco. Porque ese estado de insatisfacción y de angustia permanente hace que surja la necesidad de un nuevo logro que ratifique nuevamente su valor. También podemos encontrarlo en la aprobación social cotidiana. Necesitan que sus ideas sean validadas, que su trabajo e iniciativa sea constantemente reconocida o que su participación sea una celebración. De no darse como él lo espera o lo tiene previsto entonces, pueden experimentar desequilibrio emocional, irascibilidad frente a críticas o rechazo.

Finalmente aparece de manera insidiosa la necesidad de ser indispensable. Actitudes de estar siempre dispuestos a ayudar, siempre disponibles, siempre resolviendo. En el fondo, esta actitud servil y útil no es más que la vía para sentirse valiosos. El problema aquí es que el estar siempre dependiendo de una aprobación, de ser reconocido y “seguido”, la identidad queda dependiente de factores externos. El valor personal y mi autoestima subirá o bajará de acuerdo a la respuesta del contexto. Esta dependencia emocional convierte de a poco a las personas en individuos susceptibles y débiles frente a sucesos desagradables impensados, a la crítica, a tener que estar sometidos a una comparación constante.

Ante tal situación, considero que esta sensación puede equilibrarse con una posición firme y una referencia interna resistente, de ninguna manera se trataría aquí de eliminar la necesidad de reconocimiento, la necesidad del Otro. Cuando el valor personal no queda dependiendo solo de la mirada externa y validación de los demás, el reconocimiento deja de ser una necesidad apremiante y puede disfrutarse sin que defina mi identidad, ni mi felicidad.

***

El Profesor Rubén Darío Reyes es un reconocido docente de lengua castellana y literatura, gestor cultural y conductor de programas radiales. Su trabajo destaca principalmente en la promoción de la lectura y el arte a través de diversos espacios culturales.
Se desempeña como profesor de lengua castellana y literatura. Es el director del club internacional de lectura «Las palabras no muerden».
Es el conductor y productor del programa radial y digital «Domingos de café con el profesor Rubén Darío», donde realiza entrevistas a escritores, poetas y artistas de diversos países. Ejerce como director de eventos académicos del Instituto Cultural Iberoamericano (ICI) y colabora como columnista en medios alternativos y culturales como DiarioNoticias Web de México, conexióNortesur, círculo de lectores, revista innombrable, Escritores Rebeldes
Ha incursionado en la realización de cortometrajes independientes y es autor de relatos, entre los que destaca «Dizque el tiempo lo cura todo» y artículos sobre educación y literatura.

Canal: profesor Rubén Darío:

https://www.youtube.com/@profesorrubendario606