María Ángeles Pérez López:

La interpelación acerca de cómo se puede escribir en contextos nuevos

 

María Ángeles Pérez López (Valladolid, España, 1967). Poeta y profesora titular de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Salamanca.

Ha publicado varios libros de poesía. Antologías de su obra han sido publicadas en Caracas, Ciudad de México, Quito, Nueva York, Monterrey y Bogotá. También, de modo bilingüe, en Italia y Portugal. Está en prensa una antología de su poesía en Lima.

Ha sido jurado de relevantes premios (incluido el Cervantes), es miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, miembro de la Academia de Juglares de Fontiveros e hija adoptiva del pueblo natal de San Juan de la Cruz.

 

Nuestro objetivo en ConexióNortesur, hacer que esta conversación sea una carta de navegación para todos aquellos que aspiramos no solo a conmover, sino a transformar la realidad a través de la poesía. Esta es la entrevista que realizó Arturo Prado Lima.

Arturo Prado Lima: Tú has presentado los libros de grandes poetas latinoamericanos como Ernesto Cardenal, Vicente Huidobro, Nicanor Parra y tantos otros, has sido jurado del Premio Cervantes de las Letras y tienes una enorme obra propia como poeta, hispanista y profesora universitaria. Con este bagaje creo que ya tienes un concepto de lo que ha sido y es la poesía latinoamericana o hispana y qué grado de influencia ha tenido una generación sobre la otra.

María Ángeles Pérez López: La poesía latinoamericana del siglo XX y del siglo XXI es absolutamente relevante en el ámbito de lo hispánico, en el ámbito de la lengua que nos une. Porque sus aportaciones han tenido un gran nivel de intensidad, de riesgo, de búsqueda, con voces como Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, César Vallejo, Pablo Neruda, pero también después, a partir de los años 40 y 50 del siglo XX con autores como José Lezama Lima, Octavio Paz, Nicanor Parra, Blanca Varela… Sumando así, podríamos seguir haciendo un recorrido a lo largo del siglo XX. Ahora bien, quiero insistir en la importancia del siglo XXI porque estas grandes voces fundacionales que se dan en distintos contextos no son aisladas sino que tendríamos una extraordinaria cordillera, todo un sistema montañoso de cumbres, de voces que también hoy están transformando la lengua, la idea misma de poesía y movilizando a quienes leemos. Entonces yo diría que la poesía hispanoamericana del siglo XX y XXI es la más valiosa y extraordinaria en nuestra lengua.

APL: María Ángeles, ¿ha cambiado la realidad hispanoamericana con respecto a la poesía o la poesía ha cambiado a la realidad?

MAPL: Buena pregunta, de mucho calado. Lo primero, habría que ponerse de acuerdo sobre el concepto de realidad y de poesía, ¿verdad? Yo creo que el lenguaje interfiere, transforma la propia percepción de la realidad y al revés, es modificado por ese afuera, sus límites se ven cuestionados. En el siglo XXI nos encontramos con realidades y lenguajes nuevos tanto en el ámbito latinoamericano como a nivel global por el impacto de las nuevas tecnologías (que ya no son nuevas). Nos encontramos inmersos en la globalización económica y cultural pero también en la resistencia a esos procesos de globalización, y ahí la poesía es altamente creativa y está transformando sus propios espacios, está interviniendo en su propio pasado y también está siendo transformada por él. Sus límites se ponen ahí en cuestión.

            

APL: García Márquez dijo alguna vez que América Latina había fracasado con respecto a Europa en todo, menos en lo que se refiere a la literatura. ¿Cuál es tu concepto?

MAPL: Habría dos cuestiones que comentar. En mi opinión la literatura latinoamericana es la más intensa (y desde luego la más extensa por el número de hablantes) dada la profundidad y el alcance de las propuestas, también en relación con la cultura en sentido amplio. Por otro lado la cuestión de las desigualdades económicas y sociales hay que pensarla también en términos del peso colonizador, quiero decir que una parte grande de los problemas y las fracturas sociales o políticas que hay en Latinoamérica, o en general en lo que llamamos tercer mundo, tiene que ver con un pasado colonizador y con un presente basado en gran medida en principios neoliberales que han impuesto dinámicas absolutamente depredadoras, donde se han extraído las materias primas y se han devuelto los residuos, donde se ha desatendido el impacto ecológico y se ha apoyado a las oligarquías locales, o se han trasladado tensiones y fracturas. La desigualdad es estructural y supone una de las realidades más agudas y dolorosas. Por otro lado, la cultura es la gran aportación en nuestra lengua que se ha realizado y realiza del lado americano.

APL. ¿Cuáles serían esos elementos culturales que la poesía hispana de finales del siglo XX y principios del XXI le ha aportado a la cultura universal?

MAPL: Ya a mediados del siglo XX, también del lado español pero aquí con un peso más minoritario, surge la interpelación acerca de cómo se puede escribir en contextos nuevos: así Nicanor Parra escribía que ya no se puede decir “impunemente” la palabra arcoíris. Hay un texto de Parra llamado Advertencia al lector donde leemos: “El autor no responde de las molestias que puedan ocasionar sus escritos:/ Aunque le pese/ El lector tendrá que darse siempre por satisfecho”… “Según los doctores de la ley este libro no debiera publicarse:/ La palabra arcoíris no aparece en ninguna parte,/ Menos aún la palabra dolor,/ La palabra torcuato./ Sillas y meses sí que figuran a granel”. Con enorme sentido del humor pero también con gran capacidad crítica, ya advertía que la palabra arcoíris no aparecía en ninguna parte. Yo creo que ahí hace percibir con enorme fuerza que en contextos nuevos, en situaciones y espacios de realidad diferentes, el lenguaje también se tiene que ver transformado, modificado, como si fuera un solo planeta cuyas capas geológicas se están moviendo: si se produce un seísmo afecta a todos los planos, a la parte más superficial pero también a la parte más profunda. Esta cuestión, la de haber percibido esa situación, nos lleva a pensar en grandes autoras de la segunda mitad del siglo XX o de principios del XXI. Una de ellas, Blanca Varela, propone Valses y otras falsas confesiones o Ejercicios materiales en los que ser autora implica no escribir del mismo modo en que se había escrito sobre ellas. Así también María Auxiliadora Álvarez o Yolanda Pantin en Venezuela, Rosario Ferré en Puerto Rico, Elvira Hernández, Soledad Fariña o Rosabetty Muñoz en Chile… La nómina podría ser enorme.

Y en el siglo XXI, mucho más fuerte aún porque los cambios son enormes, tienen que ver con la conexión inmediata que tenemos a través de las redes sociales y nos lleva a preguntarnos por la percepción del tiempo y del espacio, por los intercambios de todo tipo que igualmente se han modificado. Así autores como Belén Gache, Maurizio Medo, Mario Montalbetti, Cristián Gómez Olivares, Paula Ilabaca, que dan cuenta de las potencialidades y los retos de nuevos tiempos y nuevos lenguajes. Porque no nos limitamos a nacer, crecer y morir, sino a percibir estímulos y experiencias en relación con los demás y con nosotros mismos que han sido acelerados por los cambios tecnológicos y ahora, paralizados por la pandemia.

             

APL: María Ángeles, hay cierto tipo de críticos que hablan de la banalización de la poesía como consecuencia del auge de las redes sociales. ¿Cuál es tu punto de vista?

MAPL: Yo creo que la respuesta es compleja. Me parece a mí, por una parte, que la comunicación se ha multiplicado de una forma que no podíamos imaginar y eso hace que los espacios de lectura y de escritura sean mayores, mucho más democráticos. Hoy cualquiera puede compartir en tiempo real lo que ha escrito y eso no me parece en absoluto negativo. Se ha unido en gran medida la figura de quien lee y de quien escribe, a diferencia de lo que ocurría en el pasado en que el acceso al mundo alfabetizado era minoritario. Esto hace que el número de creadores sea muchísimo mayor y que quienes sienten la necesidad o el deseo de compartir lo que escriben, puedan hacerlo sin intermediación alguna (la de una revista o una editorial, por ejemplo). Por otro lado, hay extraordinarios autores y autoras, y otros que no son tan relevantes en términos del lenguaje, es decir que no transforman a quien lee ni tampoco la experiencia del lenguaje en un sentido amplio. Cuando leo a Álvaro Mutis, por ejemplo, mi vida se transforma, a lo mejor en una pequeña parte pero sí hay algo de mi sensibilidad que se transforma cuando leo a Mutis: él escribe que La poesía es la piedra porosa de los mataderos, y cuando leo ese verso me quedo sin respiración. No me llega el oxígeno, necesito recuperarme, porque me parece algo tan brutal, tan bello, tan terrible que la poesía sea esa piedra porosa, la que se empapa de esa sangre, la que queda enrojecida por ella… En la red hay toda clase de creaciones poéticas. Desde quien con enorme talento, con fuerza de transformar y llevarte a otros lugares, es capaz de proponer caminos, y quien lo que propone tiene menos interés o un interés nulo, ni siquiera menor, nulo, porque se queda en el tópico, en el lugar común, en esos espacios que han perdido significado. En ese sentido las redes sociales son un espacio altamente democrático. Ahora, yo no creo que eso rebaje en su conjunto, lo que ocurre es que el número de creaciones y la posibilidad de los intercambios en torno a la creación se han multiplicado exponencialmente, mucho más de lo que nos habíamos podido imaginar. Pero hay autores y autoras con enorme validez que están proponiendo caminos en el espacio digital.  Pienso en la revista Kokoro, que agrupa propuestas y caminos verdaderamente originales. La revista es solo digital, pero el proyecto reúne creadores y creaciones con un enorme significado. Nombres como Lola Nieto, Sara Torres, David Trashumante abren caminos. También hay miles de blogs, páginas o entradas de poemas que nada transforman (o incluso restan). Que terminarán cayendo por su propio peso.

APL: El boom latinoamericano dejó la bandera muy alta, según algunas personas que estudian el tema, que al día de hoy no han surgido escritores con la fuerza de éstos. ¿Es así?

MAPL: Voy a responder con las palabras del venezolano Rafael Arráiz Lucca: “Nadie conoce el nombre de su época”. Vallejo en su tiempo fue absolutamente ignorado, especialmente en la recepción de Trilce, que hoy consideramos uno de los mayores libros en español. En ese entonces cae en el más absoluto silencio. Vallejo dice que se siente como  el niño ridículo que se lleva la cuchara a las narices, y muere sin reconocimiento alguno en medio de una gran pobreza en París. Sin embargo ese libro ha transformado el lenguaje español. Es un libro que marca un antes y un después. ¿Cómo sabemos el nombre de nuestra época? Yo no me atrevo a decir que no hay hoy grandes autores, que estén escribiendo y a lo mejor yo no los conozca y otros que sí conozco y están haciendo obras que van a quedar, no sé si a la medida del boom o no, no tengo la perspectiva para juzgarlo. El presente poético latinoamericano es valiosísimo.  Distinguiría también no solo a los más jóvenes, sino también a autores y autoras de más edad que continúan escribiendo grandes obras. Pienso en la chilena Elvira Hernández, que fue llamada la poeta ultra secreta pero en los últimos años está obteniendo un gran reconocimiento. En los 80 y 90 ella escribe libros centrales como La bandera de Chile, Carta de viaje, Santiago Waria… Valorar esas obras en relación con el ilustre pasado poético chileno -el Chile de Neruda, de Huidobro, de Gabriela Mistral, de Nicanor Parra- no es sencillo, pero sus obras han cuestionado el territorio, el propio país y su historia reciente como ningún otro autor que yo conozca. No tengo una respuesta definitiva en la comparación con el boom, pero sí la convicción absoluta de que hoy también es inmensa la poesía latinoamericana.

APL: Tú presentaste la obra de uno de los autores más brillantes de la poesía latinoamericana: Nicanor Parra. Él habló de antipoesía. Yo sigo sin entender el término. ¿Hoy se puede hablar de antipoesía?

MAPL: Sí, ya en 1954 en Poemas y antipoemas propone el prefijo anti. Yo lo he comparado con una pica de albañil. Es con esa herramienta con la que se deconstruye el edificio de la cultura, que había sido elevado hasta lo más alto y había terminado siendo tan solemne que no tenía vida, estaba muerto en términos de significado. Que no tenía capacidad para comunicar nada. Entonces Parra propone el término de antipoemas para el libro de 1954 y luego amplía los caminos del prefijo, porque escribe antivillancicos, etc. Utiliza varias veces ese prefijo para destruir y a la vez hacernos ver, en relación con el lenguaje, hasta qué punto lo solemne, lo muy bello pero vacío de sentido, lo que triunfaba en los salones literarios, terminó perdiendo cualquier clase de vida, cualquier capacidad de dialogar con el sujeto contemporáneo. Hay un artefacto de Parra muy divertido: “La poesía chilena se endecasilabó/ ¿Quién la desendecasilabará? / ¡El gran desendecasilabador!”. Esto para demostrar que la poesía es lo que se conecta con lo vivo. Lo antipoético sería entonces ese artefacto de Parra, el que plantea si tiene sentido la suma de 11 + 11 sílabas, perfecta, que viene de la época del renacentismo, de la tradición italiana y puede que haya un momento en que ya no tenga capacidad de dar cuenta de la vida. Propone Parra que todo lo que se dice es poesía, todo lo que se escribe, es prosa, que todo lo que se mueve es poesía, lo que no cambia de lugar es prosa. La poesía sería lo que se dice, lo que se mueve, lo que está vivo. La antipoesía es un gran esfuerzo de deconstrucción de ese edificio solemne y muerto, ridiculizado muchas veces con un humor muy duro, grueso, fuertemente irónico y degradante para ver si se puede mover, porque si se mueve, entonces es poesía. Porque las palabras tienen peso y tradición, pero también corporeidad: son densas o ligeras, tienen olor…

APL: Hablemos de tu obra.

MAPL: Mi primer libro se publicó en México por uno de esos azares milagrosos de la amistad y la poesía. Y luego, el resto de libros se han publicado en España, y varias antologías se han publicado en América: en Caracas, Quito, Ciudad de México y Monterrey, Nueva York y Bogotá. También bilingües en Italia y Portugal. Ahora está en prensa una antología en Lima, Verbos para el bosque. Hay un festival de poesía llamado “Primavera poética” que se celebra en Lima en septiembre y dirige Harold Alva. Este año, por la terrible pandemia que azota al mundo, se hará de modo virtual. Ya han comenzado los encuentros digitales y se van a editar más de 60 libros digitales. En la página Lima Lee, del municipio de Lima, se pueden descargar y disfrutar esos libros y pronto se presentará la antología que acabo de preparar.

APL: ¿Cuál es la propuesta poética de María Ángeles?

MAPL: Busco también una poesía que se mueva. Y esté viva. No es antipoesía (¡se atreve a veces con los endecasílabos!) pero sí bebe mucho de los autores latinoamericanos que he ido nombrando y de autores españoles que admiro profundamente, como Antonio Gamoneda, Juan Carlos Mestre, Olvido García Valdés, Chantal Maillard, Eduardo Moga, Tomás Sánchez Santiago… Vuelvo muchas veces a su obra, los sigo. Mi poesía conversa con el cuerpo, con lo animal (Mecanismo animal titulé una antología), con la naturaleza, con el amor, con los objetos (en el libro Fiebre y compasión de los metales me parecía que los metales, el hacha, el cuchillo, las tijeras tenían mucho que decir) y sobre todo, con la condición de mujer, porque es muy importante revisar la obra de las autoras y ser consciente de que parte de las autoras han permanecido en un eclipse, con más dificultad de recepción y valoración que los autores de su tiempo. En el pasado el machismo ha hecho más difícil que las autoras llegasen hasta nosotros. Por eso formo parte de la asociación Genialogías, de mujeres poetas volcadas en el deseo de visibilizar la obra de las autoras, especialmente a través de la magnífica colección de libros que editamos con Tigres de Papel.

APL: ¿Quién sería un candidato ahora para un Premio Cervantes?

MAPL: Me resulta difícil elegir solo un nombre. Incluso entre autores más jóvenes (pues el Cervantes suele reconocer una obra de gran madurez) pienso en numerosos autores que aportan perfiles interesantísimos, desde Piedad Bonnett a Cristina Rivera Garza… La nómina sería muy larga y hay un porcentaje muy elevado de mujeres formidables, extraordinarias.

APL: ¿Cómo ves a Cortázar, como prosista o como poeta?

MAPL: Para mí siempre será el prosista de Rayuela. Me interesa su poesía, claro, y sus cuentos los releo a veces, pero aunque sé que Rayuela hoy se lee menos, en su momento transformó mi vida y el lado de allá y de acá me acompañan tanto como ese juego total llamado vida que está atravesado por nuevas formas de pensar, de escritura.

Hemos hablado telefónicamente, pero un café nos espera, en Madrid o en Salamanca: “eso está hecho”.