EL USO DE LA FOTO DEBE INDICAR EL AUTOR Y RESPETARLOS DERECHOS INTERNACIONES DE AUTOR

 

Poetas de allá y de acá: España, Bolivia, México y Colombia

                 Martha Gantier Balderrama (Bolivia)

Martha Gantier Balderrama, nació en la zona  aurífera de Tipuani, al norte del departamento de La Paz, Bolivia. Estudió geología en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz, es licenciada en Lingüística y Literatura de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín-  y  Magister en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira.

Escribe poesía desde tiempos lejanos. Publicó cuatro libros de poesía de tirajes muy pequeños:

Sobre ritos imposibles y distancias, 1988   “La Paz  Alba retorna con la niebla”  Medellín , 1990,

“De la piel del tiempo”  Berlín 1997,  “De algún lugar de algún cielo” La Paz, 2000,

“Remigia la muñeca de trapo” La Paz, 2002.

Fue invitada a reconocidos festivales internacionales de poesía. En los últimos años no publicó ningún libro, sólo poemas sueltos en antologías y revistas literarias electrónicas e hizo algunas lecturas en  escenarios colombianos y berlineses.  Vive en Berlin.

 

 

Los que subían y los que bajaban

Todos se equivocaban,

cuando intentaban abrirla,

como se abrían todas.

Los que ya habían subido,

decían que no la cerraran

que ella se cerraba sola.

De nada servían los gritos o las señas,

seguían gastando su vida

intentando abrirla y cerrarla.

 

Ninguno se equivocó, cuando bajaba,

no había nada más qué decir,

habían aprendido que “esa puerta” se abría y cerraba sola.

Y así,

bajaban sin hacer ningún esfuerzo,

livianos,

suaves,

bajaban…

 

Hombres – regaderas

 

¿Adónde van esos hombres

conteniendo sus sangres?

Regaderas parecen esos hombres,

que tan urgentes,

que tan de prisa,

van esas regaderas que parecen hombres.

¿De qué estarán los campos sedientos?

 

 

 

Ringbahn   

 

Cuántos ojos en este tren

ojos que quisieran hablarse

Ojos esquivos, fugaces.

Ojos que nos gotearemos

en cada estación,

ojos que no volveremos a vernos.

 

 

 

 

Roberto Acuña (México)

Roberto Javier Acuña Gutiérrez (Ciudad de México, 1981). Es escritor, tallerista, profesor universitario en las carreras de Comunicación y Letras Hispánicas en la UNAM, y maestro cervecero en Chupamirto Casa Cervecera. Entre sus publicaciones se encuentran: Tarde en recordar (2017), editado por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Los ojos negros de la noche (2019, Surdavoz), Regusto a diablo (2020, Tintanueva). Ha obtenido diversos reconocimientos y premios en cuento, ensayo, poesía y crónica.

(MUESTRA POÉTICA: TRES TIEMPOS)

 

LA MISMA LUZ ENTONCES

 

Cuál ciudad buscamos,

qué pasado sin puertas, cuáles dulcerías

o panaderías han endurecido con los años.

La violencia es un bloque infinito de hormigón,

un animal encerrado en el asfalto;

la violencia son unas piernas rotas

desmadejando la madrugada.

¿Qué miro en ti, entonces,

sumida en tu propio rostro?

¿Algo en el tráfico te palpita?

¿Es el malabar de huérfanos amputados,

la niña con los globos o los tumores en las nalgas,

el ciego estirándote los ojos de sus manos,

el deseo de sus mil dedos?

 

Anhelo un instante de sol

que atraviese casas y edificios

para que la yerba crezca

la alegría de los niños,

que crezca insalvable

ante los ojos de los jardineros

y los constructores de ciudades.

 

Si la lluvia penetrara

ese aguacero negro de luz

que te deja absorta en la corona de la miseria.

 

Se abren, se cierran las puertas del camión.

La gente sube y acomoda

al asiento su cansancio;

los lentes, el saco y la mochila

al clavo angustioso

del sueldo y los deberes,

del amor cada vez más enterrado

en la muralla de los días.

Tú sigues allí

en los apetitos de ese sol

que inflama y enferma,

ruedas entre el cementerio de coches,

entre el juego de gritos

y de niños feroces

roídos por las calles y los semáforos

y tantas otras luces sin fortuna.

Te veo

como si fueras parte de otro tiempo,

como si en mi infancia

hubieras acariciado a mi perro

y preguntado su nombre;

recuerdo hoy sus ojos,

quizá por breve tiempo yo tuve los mismos.

 

(El infierno es con nosotros, poemario próximo a ser editado por Mantra Edixiones)

 

 

 

PARQUE DE DIVERSIONES

 

Los niños arman a punta de metralla

su propio vacío

juegan al amor o a los quemados

en un parque de bombas

y esqueletos

a las escondidillas en un trigal

de tigres y de niñas violadas

y abandonadas en el cepo

abierto de su carne

Las miro

no parecen su muerte

las miro

contaron uno dos tres mil

Nunca las encontraron

Las miro

en la suciedad de mi rostro

y en las travesuras de mis rodillas

Las miro

en las líneas de esta “metita”

que tracé con sus crayolas

las miro desde este juego

donde corro y me escondo

Corro y me escondo

Espero

 

(Inédito)

 

 

 

Le clavaban agujas en sus dedos,

sus huellas eran sangre y tortura;

su corazón, una piedra desdentada,

un carbón hecho pedazos.

Él, sin querer sacrificarse por nadie

fue empalado a una cama;

de sufrimientos, nada dijo,

tampoco a nadie recriminó su suerte.

Solamente a Esperanza le pidió perdón

y ella escurrió sus besos entre sus labios,

recriminándole.

La herida de sus labios volvió abrirse,

él dijo algo de la vida y de la sangre;

ella solamente acarició a los niños

enredados entre sus rodillas.

Quizá él sonrió,

no logró nada más…

Apuñaló con los puños

aquel pecho, lo golpeó con esa maldita pregunta,

con el “por qué” y con su nombre

que sólo a ella pertenecía.

Nada sucedió,

no hubo más sonrisas

ni había razón para milagros.

Así él resumió su vida.

Ella quedó desecha sobre su pecho.

Aquel nombre que era suyo

se lo guardó como un escapulario.

Desenredó a sus hijos,

les dio un beso en la frente

y se sostuvo de sus manos.

(Tarde en recordar, UANL)

 

 

                                      DANIEL OLARTE MUTIS (Colombia)

 

TOQUE DE QUEDA

 

Me da lo mismo el estoicismo o la burda diatriba de quien acecha entre esperanzas y oraciones.

Sentirse cobijado por esa piel de otro horizonte sin olor y color.

Una mano reptando por los rotos de tu alma hoy más errante.

Esa respiración pausada después del agite hasta volverse canción marina.

Melodías son miradas auscultadoras y suspendidas en este instante de universo tan finito.

Las noches se mecen entre prudencia de asfalto y paciencia de viento solapado buscando su agosto.

Hasta hace poco en esta avenida de sopores y ruidos mendigos exhibían su sonrisa haciendo juego con su generosa mano escuálida.

Se me antoja alucinar delfines saltando al ritmo de una ciudad silenciosa que siente el río en su entrepierna.

Voy hacia el frío de putas yaciendo en el andén marchito mientras su mueca envejecida ve pasar el deseo alquilado por el hambre.

Estrecho mi mano aun sin guante para quien el sigilo no ha hecho presa y contaminamos el tedio entre el smog huérfano de un viejo taxi.

Ser testigo de aquella milicia hambrienta que escanea al incauto para esquilmarle su último estertor.

Amar un amor urgente en versos de Buarque sin bocas saladas distantes del mar para paliar la esperanza.

Hoy un llanto dulce me socorre con su voz de ángel y moja el libro de recuerdos quizás buscando los acordes de una canción muellera.

Todos los barcos del sueño zarpan en ese silencio cómplice de alcatraces y conchas que no hablan por temor a delatarse.

 

ÉXODO

 

Ahí estaré eterno entre corroídos huesos de cadáveres vencidos.
Moraré en silbidos de viento desgastados por cenizas presentes.
Seguiré siendo fuego abrazador de silencios limpiadores de honduras y universos.
Esto es cuerpo creyente y triunfante, con sabor a derrota aún entre amargas victorias.
Esto es alma limada entre conjeturas e ignorados algoritmos tras el vector del tiempo.
Estaremos ahí de nuevo entre espirales paralelos sin principio ni final.
Presentes entre umbrales de sal marina o ignotos sabores de arena cósmica.
¿Tanto nos cuesta ese microinstante que pellizca residuos de piel?
Blancas cenizas cernidas en verdad revelando tu efímero reinado.

 

ITACA 55

 

Entonces escalaré el mástil con intrigada fatiga hasta encontrar el cadáver quien gritó:

¡tierra! y se desgonzó en el carajo.
Veré a mi hermano y la esperanza entre sus entreabiertos párpados más su indeleble sonrisa de cumplida tarea.
Pisaré entonces esa tierra que él vio y en ella dejaré fluir raíces apropiadas de todos los besados por amenazantes y esquivas olas.
Comenzaré a contar puestas de sol y desnudas canciones lunares hasta sentir agolpados todos los silencios precedidos de quien ha dejado de ser nómada.
Al mirarme en el salino espejo podré comprender desde mis ojos no solo mantas tejidas para mi mortaja, sino para cobijar esta liviandad de hombre limpio.

 

 

 

EVA MARÍA FELIPE ROMERO (España)

 

Eva María es de las nuevas generaciones mexicanas. Nació y vive en un pueblo de la provincia de Valencia, Sagunto, España. De origen ibero-romano, famoso por su heroica resistencia a Aníbal.

 

DE VACÍO Y VELOS GRISES

 

Hay muchos que me miran

Asombrados la inevitable sombra

Que les tapa la boca/

La muerte

No es un repentino jardín

Con ciprés

O un silencio madurando

A través del sol de los días,

Es un golpe, un latigazo,

Un veneno que todo calcina,

Una hoguera sin fuego,

Un ángel apático

Caído en el lodo.

La muerte es así,

Un sueño que nunca acaba.

 

II

 

Elijo dedicarte la mirada, dulce,

Extraño fulgor.

Aún con sueños, miramos

Este lento amanecer,

Vaivén de aves, temblor de hastío

Tu voz a todo me lleva

Y a toda mi hambre regala fruta.

 

Puede que en ríos cercanos

Haya bebido el negro caballo de la muerte

Y la rosa no encuentre su lengua

Porque la comen voraces hormigas.

 

Todos han muerto un poco

Con los muchos que se han ido

Sin apenas consuelo.

La verdad muere de pie

Y cuando vive se oculta en el

Pulso dormido.

 

III

 

En ausencia la luna es orfebre

Desvelando en la cueva

Indaga el diamante.

La lluvia desciende al páramo

Su lirio secreto.

 

A veces, palabras niegan el paraíso

Anterior a la luz,

Nos nutre de ceniza el ázimo

Convertido en  piedra.

Dolor si nace, será ilegible,

Raíz en el limo.