La piedra para ser Buda también tiene que someterse al hacha y al martillo. Es parte de la sabiduría china. En occidente se habla de que el caballo está dentro de la piedra, solo hay que quitar lo que sobra para obtener un esbelto ejemplar. Se puede aprovechar los despojos para alimentar algunas cabezas de gatos que habitan en las sombras. Un poema es un Buda y un caballo al mismo tiempo, y para ser, o para encontrar su perfecto acoplamiento en la cabalgadura hay que luchar. El hacha y el martillo son imprescindibles. La fuerza y la claridad de lo que se busca también, y asegurarse de que los desechos, es decir, la oscuridad, sea correctamente reciclada para que la luz se haga y se proyecte sobre la realidad que busca el escultor de la poesía, el pintor de la poesía, el cantor de la poesía, el narrador de la poesía.

En el caso del lenguaje funciona de la misma manera. Armado de corazón y alma, de tiempo y sabiduría, no hay otro método, los poetas del Haiku suelen desechar toneladas de palabras para describir el mundo, sentenciar la realidad o dar muerte a la vanidad de la misma poesía. Es el caso de Jonathan Alexander España, al entregarnos su libro “Paisajes de luz”, en donde el caballo que antes fuera piedra, ahora, en las páginas del poeta sureño, cabalga llevando la luz en su lomo.

Cada poema es un fotón, la mínima unidad de la luz. Es la unión de fotones los que hacen posible la luz, y para llegar a un fotón hay que saber llegar. Pero cuidado. La luz que produce el poema no es eterna. En alguna religión de la India, aseguran que su Dios no es la luz, sino la oscuridad. Por una razón muy evidente: la luz por sí sola no tiene vida propia. En cambio la oscuridad sí. En tanto que todos los dioses son eternos, es decir, sin principio ni fin, entonces solo la oscuridad puede ser Dios. La luz que irradian estos versos solo puede perdurar si logramos detenerla en los huesos de las flores y si al viento que se siente al leerlos le abrimos la eternidad de la luz.

Jonathan, al escuchar ese ruido feroz de las circunstancias, decide dejar la luz en el filo del ojo, quizá aguardando el momento para incursionar en las profundidades del vacío de la existencia humana. Y es con esa expectativa que ubica el hacha y el martillo para modelar su libro de niebla donde surgen los poemas entre las palabras y el agua.

Cada poema es un átomo que, si el lector atento lo hace estallar, puede producir un Big Bang y crear no solo una opinión, sino un universo en donde él mismo pueda salvarse y no naufragar como cualquier forastero de la poesía. Más bien, aprovechar la luz de estos versos para mirar todos los colores del pantano e incluso intentar seducir el alma de los árboles.

Genial. Si es usted de esas personas que les gustan los retos de la luz, pues a leer este libro. No tiene pierde. Está prologado por JAVIER TAFUR GONZÁLEZ y un epílogo de la cubana BARBARELLA D´ACEVEDO.

 

ARTURO PRADO LIMA

(Para adquirir su ejemplar llame a Jonathan: +57 320 781 0310)