Triptico con paisaje morchigiano, obra de corrado pellini 1932

Pueblo chico infierno grande, el pintor Corrado Pellini cantor del paisaje agreste, retrayendo todas las felices ondulaciones, el ilimitado poder de los colores pastel, que de simbiosis en simbiosis transformaban su imaginario….

 

EL AUTOR DE ESTE ESCRITO ES MAURIZIO BAGATIN, ESCRITOR ITALIANO RESIDENTE EN BOLIVIA

“Uno necesita un pueblo aunque no sea más que por la satisfacción de poder marcharse de él” – Cesare Pavese –

Las colinas difunden armonía, a cada curva un nuevo horizonte, pintores cubistas, pintores fauvistas, i macchiaioli, a cada curva un Monet; no hay línea recta, no hay horizonte sin obstáculo, el verde, el amarillo, el rojo son todos color pastel, el color de Montelupone. Las geometrías son las de los cultivos, de los prados y de los campos arados, las de algunos pajares, de los árboles, los olivos antes todos, luego las viñas. El encanto de la simplicidad armoniosa, de las líneas difusas y el agradable color de esa pintura, que pintura no era, era el paisaje…un cuadro apenas amagado en primavera, una violencia verde intenso en el verano, una sutil neblina en otoño y el sabor salitroso del mar en invierno. Todo grandiosamente cromático, todo en la profundidad y la trascendencia, todo en el color pastel de Montelupone.

Al frente el seto del naufragar de Leopardi, el canto majestuoso de Beniamino Gigli, todo sumiso entre colinas y una luz imaginaria: la virgen negra de Loreto.

Vuelvo, entro en la muralla que fortificaba el poder medieval y más allá…perros sueltos que ladran a la luna, gatos en los techos arrugados, voces del tiempo y memorias de dioses olvidados. Montelupone es una aldea irreal y viva, dormida entre almohadas apenas pinceladas, un día mirando hacia el mar, otro retorciendo su mirada en colina, siempre esperando su estación.  

La Condesa Marchi de Montelupone vivió el resto de su vida en el antiguo palacio Tomassini Barbarossa junto a su marido, el Conde Marchi, los dos se abandonaron en sus últimos días a la comida y al sexo y cuando murieron, felizmente abrazado después del coito y de una bistecca alla fiorentina (filete de res, de la raza Chianina y que nunca pesa menos de 500 gramos…), los empleados del cementerio tuvieron que derrumbar la pared para poderlos extraer con sus relativos ataúdes: pesaban 175 kilos y 167 respectivamente…                                                                    Franco el anarquista y su hermano Doriano el pintor, dos artistas incomprendidos y tan geniales en sus vidas abandonadas…como clochardes de pueblo, los locos necesarios de una civilización decadente que expone en un bar el retrato de Mussolini, la que llega aun a cantar “Faccetta nera…”, en la otra pared Padre Pio y San Nicola da Tolentino, memorias sin recuerdos, recuerdos vacíos de memoria.                                                                                                                    Así las colinas, así el mar, y Matilde, veraniega turista desde una Via Appia Antica y consciente, dulce amante fou, tierna locura entre miles de locos; Alba, nihilista ante litteram, sex drug & rock and roll todo el tiempo: mirando de la ventana los techos se consumía la vida, una novela de Céline y una poesía de Jim Morrison; los curas de aquel pueblo tuvieron que mediar, combinar matrimonios, pensar mil veces antes de la acción, mirar hacia oeste el manicomio, tal vez Montecosaro. Color pastel y miles de locos, así Montelupone.

Pueblo chico infierno grande, el pintor Corrado Pellini cantor del paisaje agreste, retrayendo todas las felices ondulaciones, el ilimitado poder de los colores pastel, que de simbiosis en simbiosis transformaban su imaginario…Marche región papista, pueblo anticlerical, mar y colinas, un subibaja continuo…los artesanos de izquierdas que no pagaban los trabajadores, el carnicero comunista que explotaba sus empleados, la vendedora de tabacos socialista que pasaba el tiempo contando los billetes…fauna llena de historias, un día con el pueblo el otro con el rey, siempre con el papa. Un día carbonarios, otro día filisteos. Siempre región de confín: Mark, más allá el Sacro Romano Impero, adentro la Marca, los feudos, los marquesados, confines adentro de los confines.

Montelupone, montañas que se hacen colinas, colinas peinadas hacia el mar dejando profundos surcos paralelos…                                                                                                                      Montelupone, un poco longobarda y un poco griega, leyendas de su tabula rasa y memorias de mi pasaje…color pastel y miles de locos.

Maurizio Bagatin, octubre 2018