Matza Maranto nació en Ocozocoautla de Espinosa, Chiapas. Doctora en Ciencias Sociales y Humanísticas en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (CESMECA). Es autora del poemario Atajos para llegar a nadie (SE del Estado de Chiapas, 2011), Peldaños (UNISON, 2012), Trozos de azogue (Nueva York 2013), Ajedrecístico (CONECULTA, 2018) y La felicidad era un pequeño trozo de mármol (Los libros del perro, 2021). Su trabajo de investigación está incluido en el libro Tomar la palabra (Juan Pablos Editores, 2016). Fue becaria del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico 2011 y es Premio Estatal de la Juventud 2010 en la categoría de Poesía.

 

Presagio

(Fragmentos)

 

 

 

Grandes son los misterios del sufrimiento.

 

He guardado los días

ante esta prueba debo salvaguardar las horas en que fui feliz.

 

Surco la tierra con mis lágrimas,

nada antes de esta riqueza.

 

El porvenir habita después de la desgracia.

 *

Papá nos sostenía sobre sus hombros, cortábamos frutas de los árboles, comíamos a bocados lentos; cada mordida era agua de bejuco. De niños, cazábamos animales que reinaban en el patio, los que comían frutas y gallinas de la abuela. Los animales tenían pelajes como fichas de dominó.

*

La tristeza es la enfermedad del reflejo: la más pequeña de la casa ha impregnado las sábanas de colores solares. Durante días no pudo sostener el habla y su mirada era lejana. La madre acertó en la receta: llevamos a la pequeña al río, ahí ensartamos un collar de limones y con cada pez regresó el lenguaje y el tiempo del mundo.

 *

Del amplio telar que somos, surgieron hebras nobles. El gran tejedor colmó nuestra mesa de frutos frescos y a cada uno dio un oficio. Siete de nosotros vamos al mar por las mañanas, sabemos el lenguaje del salitre. Cuando el sol es una línea en el horizonte, zarpan los botes y dejan caer las inscripciones al mar.

 *

El cielo tiene la fragilidad de pájaro: a la puesta de sol, se inclinan nuestras plegarias, cada pan lo invita a nuestra mesa. Nuestro padre dice que poseemos su gracia, pero en nuestras manos sólo se observa el transcurrir del tiempo. El cielo tiene la fragilidad de un pájaro, nada podemos hacer para predecir su vuelo.

*

El patio de la casa da indicios de una nueva vida, con el amanecer se extingue quienes fuimos la noche anterior.

 

Abro los ojos, observo

puertas conducen

al abismo, ruinas indican

el comienzo, dados suspendidos en el aire.

 

Este lugar

tiene el alboroto de mi sangre,

metros abajo la lluvia me lleva por las laderas.

*

Lo que queda es el viento.

 

La furia no cesó, a su paso

desaparecieron los animales,

no logramos encontrarnos.

 

Hemos quedado huérfanos,

nada queda de esta mañana,

de aquella comida,

nada después del aire.

 

Cielo empedrado

de conchas de mar,

todo ha terminado.

 

¿Qué lugar habitaremos?

*

 

Después de la tormenta desaparecieron diez voces.

 

La estación era de flores y lluvia a cántaros, el sol, una línea de luz en el horizonte, extendí mis plegarias.

 

La benevolencia del universo es mi primer pecado. De las ramas he sido la más fuerte, nada me separa del gran árbol.

 

Soy toda la estirpe, anido el tiempo que aún no transcurre. Me llamaron Job y fui el nombre de todos los hombres.

*

Es un hilo transparente

la construcción de esta vida, la memoria

me salva.

 

Las respuestas no me las da el horizonte,

alzo mi vista, un inmenso lago oscuro viene.

 

Somos como el aguahielo,

con el mínimo temblor dejamos de ser.

 *

Derrumbe de las estatuas,

la felicidad era un pequeño trozo mármol durante el rescate.

 

El tiempo levantará muros,

verdecerán los días,

nos salvará la memoria.

 

El verano

y el recuerdo punzocortante

señalarán en qué momento despertamos.