Voula Memou (Skepasto, Kalavrita – 1961) es una poeta y cineasta. Se graduó en la Escuela de Dirección de Stavrakos. Pertenece a PEL (Unión Panhelénica de Escritores) desde 2015, y a EEL (Sociedad de Escritores Griegos) desde 2019. Sus poemas están incluidos en numerosas antologías. En 1985, publicó su primera colección de poesía titulada «Pasando». En 2006, la Prefectura de Acaya publica sus viñetas tituladas ΑΦΩΝΟΝ ΔΙΑΓΕΙΝ. En 2008, publicó la colección de poesía titulada “Sobre la roca de Andrómeda”. En 2009, la colección de poesía titulada IDE O ANTHROPOS.  En 2021, publicó la colección de poesía titulada “Razones increíbles”. Ha ganado numerosos premios en concursos de poesía griega y mundial. Su primer trabajo de dirección cinematográfica fue la película “Altamira: El gran estado del mar»; una película basada en su propia poesía.

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Traducir a los autores contemporáneos griegos significa la posibilidad de embarcarse en un tren poético y transitar por Atenas, Alejandrópolis o Tesalónica para, desde las ventanas, o sea, las imágenes en sus versos, avistar la influencia y el interés vigente por los grandes pensadores y artistas que despuntaron a lo largo de la historia de la antigua Grecia. Voces poéticas caladas por la filosofía, la cultura marítima, el politeísmo y la mitología.

Además de lectora, soy la traductora al español de la autora Voula Memou y, para mi deleite, su poesía no ha defraudado mis expectativas. Se trata de una voz que avanza en la búsqueda social cuestionando el esclavismo que, de otros modos, continúa imperando en el mundo y, concretamente, en Grecia, la tierra que vio nacer la democracia y creyó superar la Edad Oscura y la tiranía durante su período arcaico. De manera fulminante e inquisitiva, hace alusión a la pérdida de la conciencia y la prostitución de los valores: “soy avasallada y la oscuridad / se desvanece, busco respuestas / sobre los arcanos pecados”, en una sociedad donde “las lujuriosas galerías establecen / el exilio de la arrugada carne” (…) / “disecan la soledad con efímeros placeres / derriban cada fibra de inocencia” y “deambulan por los carísimos refugios del usurero amor”.

María del Castillo Sucerquia

La poeta rememora y enaltece el florecimiento de la cultura (cosmogonía y teogonía) griega -ahora, en cenizas-, la edificación de sus templos y las inmensas obras literarias dadas a luz durante la época clásica: “y tú, Iniohe, encantador de viajes / en Delfos me hiciste peregrina y soberana de la paz / tiramos del carro de oeste a este / fuimos la tierra del Dragón / sacamos a los pueblos de la injusticia (…) / construimos territorios de hermandad”. En la congoja, se aferra al verbo y a la sabiduría contenida en las obras magnas: “cristalicé las lágrimas de Eurípides en / la cosmonauta apnea del futuro / ahora, las palabras se someten a mis manos”.

La historia griega, como tal, concluye con la invasión romana luego de la batalla de Corinto y, Voúla, siguiéndole la pista a una historia bañada en sangre, halla el reflejo de la sociedad en cada individuo exiliado y desamparado en “un baile de guerra y papel en las corazas / vestidas con el pañuelo de la memoria / de quienes fueron aniquilados (…) / una vida insepulta / en un coro de antigua mitología”.  No obstante, insiste en mantener la esperanza de un mejor porvenir “donde la alegría lava su rojizo cabello / y los esqueletos cantan la delicadeza y el amor / allí, para sembrar los frutos del parto (…) / que tornarán primaverales las caras tristes”. Y explora la vida como un sendero probatorio donde, gracias al arte y al amor, logra derrotar “al virus mortal del “yo” / larva que atraviesa la transparencia de la lámpara”, triunfando así sobre “el cielo abierto de los bustos informáticos / de las experimentales bestias exitosas” porque “no, la poesía no tartamudea / ante el compromiso”.

A menudo, la poeta se pronuncia en contra del cristianismo ortodoxo que, tras estar bajo el dominio del imperio romano con el emperador Constantino y haber sido Grecia refundada como la Nueva Roma o Constantinopla, fue impuesta como única religión en el edicto del año 529 d. de C. por el emperador Justiniano I: “las sombras fueron levantadas / las galas fueron confiscadas en Pompeya, sus orgías / (…) la cena estaba lista para siempre / en los números absolutos / fundidos en acero junto al poste / (…) ¿por qué insistes en tejer coronas mayas?”. Así mismo, levanta su voz en nombre de las “Magdalenas”, en alusión a la María Magdalena mencionada en el Nuevo Testamento bíblico, cuyo libro apócrifo, al igual que el de Judas, no están incluidos en las versiones del, hasta la actualidad, mutilado cristianismo: “¡oh!, ¡desgraciada de nuestro tiempo! / ¡peregrina del ayuno adulterado y la oración herida! / corrupto fundamento del nacimiento / fuego séptimo del agua bendita / delirios que rumian delicias/ ¡dibujamos con descaro el perdón / en las aceras para la zorra destituida!”

Sin duda alguna, Voúla Mémou es una voz destacada de la poesía griega contemporánea que denota sagacidad y determinación a la hora de socavar en la psiquis humana del ayer y del hoy. Sus imágenes, tan vehementes y estoicas, logran desnudar la preponderante ignominia de los sistemas y de la sociedad. No obstante, posee la singular maestría de arrojar sobre las ruinas un sutil rayo de divinidad. Voúla nos arrulla en la severidad del amor como una “canción de cuna / para despertar / de la herrumbre / de los sueños”.

María Del Castillo Sucerquia (Barranquilla, Colombia – 1997) es una poeta, agente literario, médica oriental (Neijing, España) y traductora (francés, inglés, italiano, portugués, ruso, griego, español y alemán). Aprendió idiomas en la Universidad del Atlántico. Es directora de la revista y editorial Read Carpet Colombia. La Alianza AHCASA Marroco-México y el mundo le otorgó doctorado ad honorem en Humanismo Trascendental (2021). Ha traducido parcialmente la obra de más de 60 autores. Es estudiante de idioma hebreo.