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«Escrita, mi vida renacerá de mi vida destruida».
Edmond Jabès. «El libro de las preguntas». Vol. II.
«¿En qué idioma cae la lluvia sobre ciudades dolorosas?».
Pablo Neruda. «Libro de las preguntas».

Escribe: María Fernanda Diez Páez
«Suicidarme sin morir. Pasar por la muerte para renacer», escribe Camila Galvis, y esto es una metáfora y, al mismo tiempo, la realidad (concreta, literal, al pie de la letra) para muchos de nosotros. Pero, ¿cómo hacemos para suicidarnos, pero no morir y para no morir? ¿Necesariamente requerimos pasar por la muerte para renacer? Y, ¿si renacemos sin morir? ¿Qué pasa con aquellos que se quieren suicidar pero le temen a la muerte? ¿Será que el «suicidarme sin morir» se refiere a los que se mataron hace tiempo, interiormente, pero siguen vivos de manera física o mejor que mataron en ellos lo que no los dejaba vivir?
«Me siento lluviosa, exiliada, / en ninguna parte./ La cosa encima de mí, / esa cosa me llenó de falsedades. / (…) La cosa es vacía./ Cuando quieras llamar al pasado/ espera al amanecer» [1].
Y, ¿si todos estamos vacíos y nos ocultamos detrás de máscaras? Máscaras que esconden lo vacíos que estamos, máscaras que ocultan el dolor, máscaras que, en algún momento, se convierten en camuflajes, que terminan adhiriéndose a nosotros, pero, ¿qué pasa cuando nos quitamos nuestras máscaras frente al espejo? ¿Podremos ver lo que realmente somos?
«Así como la puntilla de la casa,/ en la madera seca,/ que se pudre poco a poco/ consumida, ya ignorada,/ esperando el fin,/ solo que sin ser una puntilla». [2]
¿Y si la muerte es la escapatoria de este mundo? ¿Y si la muerte es más bien una aliada para que dejemos de sufrir el vacío? ¿O es la que pone en cuestión y, simultáneamente, en perspectiva aquello que nos atormenta? ¿Será que somos puntillas secas en una casa a punto de caer o que, en todo caso, ya se derrumbó? ¿Será que somos seres que solo existen y no viven? ¿Por qué, a veces, todo tiene que ser tan doloroso y angustiante?
«La inocencia y la ignorancia/ de creer que era lo mejor». [3]

Quizá de pequeños somos “inocentes” e ignorantes del mundo, pensamos que las cosas que hacemos no tendrán un trasfondo, una reacción, una consecuencia, pero a medida que vamos creciendo el karma va jugando. El karma es como esa relación abusiva de la que no puedes escapar, es aquella que te tiene entre sus manos, y que te va cercando poco a poco. Todo lo que hacemos nos determina. Tarde que temprano todo lo que hacemos se nos regresa.
«Quisiera ser un grito./ Ir de manera abstracta/ junto al viento». [4]
¿Será más fácil conducirse en la vida de manera “abstracta” como los juegos mentales? ¿Ir conforme vaya el viento, poder ser libre, ser quien uno quisiera ser? ¿Será más fácil huir que quedarse? ¿Será que si muero podré irme con el viento? ¿Sentarme cómodamente junto a las hojas o caer como lo hace la lluvia? ¿Será que así podré descansar? El libro de Camila Galvis Patiño me parece múltiple y maravilloso porque de sus páginas emergen ideas, puntos de vista, conceptos, argumentos, afectos, imágenes… por lo cual, probablemente, muchos lectores se podrán sentir interpelados, tocados, acogidos. ¿Será que cuando Camila Galvis escribió estos poemas, se sentía triste y vacía? ¿Será que percibía que no había escapatoria a ningún lugar? Es un libro poblado de diversas palabras-senderos y dispositivos-portales. Tal vez este poemario pudo ser, puede ser un llamado, una señal de SOS, para encontrar una salida.
Referencias
[1] Galvis Patiño, Camila (2023). «A lo mejor soy una polilla. Plaquette trailer». Bogotá: Mirada de Pájaro Editores. p. 5
[2] Ibid. p. 6.
[3] Ibid. p. 9.
[4] Ibid. p. 13.
Link de descarga de «A lo mejor soy una polilla. Plaquette trailer».
María Fernanda Diez Páez (Bogotá, 2005)
Administración Deportiva – Universidad Distrital Francisco José de Caldas





