
Escribe: Jessica Diaz Nandar
DEL PENSAR ENTRE EL FUEGO, DANZAR EL RECUERDO
Desde el primer paso dado hacia las callejuelas de adictiva frescura, ATIZAR LAS SOMBRAS a manos de JULIO CESAR GOYES NARVAEZ, me ha conducido, un ligero susurro de tulpa, por un mapa de visiones, de nostalgias de adoquín, de noches míticas desgranadas por abuelos. Estación de mieles, lunas y brujas; hierbas, arroyos y huertos; lamentos, excitación y Patria.
Los recuerdos, que como tizne pintan la cara de una infancia verdolaga, los embrujos del desvelo que azotan las viejas andanzas y el cabalgar picaresco y sinvergüenza de la hazaña, son el vaivén de una mente que se liga a la degustación de su emblemático Sur, que se contrae para recoger las raspaduras de pasados roñosos, el vértigo en las madrugadas de almas en pena, el verso vaporoso de la leña húmeda.
Son las historias desglosadas entre frutas únicas, magia de paraíso, que se describen en medio del sosiego de nuestros rincones de escondite, que se elevan para avizorar extensión de colores, y al fin se encuentran en el nexo con una purificación de ojos dispersos en los resguardos de un ayer. Extensión que esparce pizcas de una belleza incomprendida.

Y, luego, en retorno de palabras, desde los rescoldos de un pasado tibio, el sombrío hálito se abriga y reencarna la resonancia de los compases que entonan cultura. Un viaje pigmentado de rizomas sonoros, o un cosquilleo en las palmas, temblor de espíritu a la caricia de un fiel pelaje. Lo decía Cesare Pavese “Para cubrir las casas y las piedras de verde – y que el cielo tenga un sentido- se necesita echar en lo profundo de la oscuridad raíces bien negras. Al volver del alba llegaría la luz hasta lo profundo de la tierra como una colisión”
Qué nos queda entonces, sino la puntada en un complejísimo encaje, un hilo que perpetúa la añorada senda en medio de un entramado de vidas, solo eso, un último vestigio de ese beso que, con la calma de una noche entre eucaliptos, se ha ido desvaneciendo junto a las células que descaman lo que fuimos. En sentires de Julio Cesar Goyes, “Escucha mía, la palabra nos perdura con su compañía ausente pero no nos ata a este mundo.”




