
Llama en la memoria
Presentación del libro IGNICIÓN (2021), del poeta Julio César Goyes Narváez, en Las Jornadas Culturales y el Taller de Poesía Héctor Rojas Herazo, de la Universidad de Cartagena, en la Biblioteca Fernández Madrid, San Agustín, de Cartagena de Indias – 31 de marzo del 2023.

Los poetas Julio César Goyes Narváez, Wilfredo Esteva Vega Bedoya y Yennis Vásquez Gómez- Biblioteca Fernández Madrid, San Agustín, Cartagena, 31 de marzo 2023.
Escribe: Wilfredo Esteban Vega Bedoya –
Profesor Universidad de Cartagena
Es un honor presentar el libro Ignición del escritor nariñense Julio César Goyes Narváez.
Su título Ignición hace referencia al fuego, al calor, al sol, al amor que abriga, que acuenca, que anida, que explota, que siembra la belleza de la vida. El título resalta la resonancia, la fuerza que le imprime a la existencia las imágenes, la experiencia, los caminos, los paisajes de la infancia. Todo el río poético de Julio Cesar resalta el horno de la casa, las maneras artesanales de las manos de las madres, en la cocina, corazón de la casa. Porque el amor, la bendición de la madre sostiene el conocimiento del paraíso, la posibilidad de ser feliz sobre la tierra; así como la filosofía solar de la mirada fija del padre en las montañas lo sembró a recorrerse en todos los caminos; baila guámbito y destierra cada una de las máscaras del miedo.
El paisaje del sur, el del verde de todos los colores, el Guáitara, río de la infancia, las flores sonrientes en las palmas de la madre, serán los grandes motivos que hacen del yo lírico de estos poemas un ser que repercute, que alienta su condición de amoroso. Así reitera haber testimoniado sobre el piso de barro tesoros auténticos de las artesanías de la vida.
Esa fuerza, esa lúdica de la vida es vela, capa solar de un territorio, de una comunidad que participa de las cometas de la dicha; es una poesía que resalta en la sencillez campesina comunitaria una autenticidad de las relaciones humanas porque de seguro, aún sostienen relación con la memoria de los pueblos originarios ancestrales.
Con ese baúl atesorado en su cuerpo el vocero del poemario, presencia como contra el devenir histórico de su cometa, arremeten variados personajes e instituciones que intentan tajar con fiereza e hipocresía el hilo que lo conecta con el latido del sol y la luna. Ahora los verdes territorios, las ciudades protagonizarán acciones desalmadas, crudas, hipérboles de horror, cortes, desmembramientos, el progreso estará atravesado por rojo color en aullido: desplazamientos, desapariciones forzadas, contaminación de ríos, si el río hablara… de repente una madre corre en pausa, dubitativa de mirar, si lo que yace allí desfigurado es su hijo.
En esos nuevos cuadros, él también será vocero, acompañante, columna poética para los desplazados, para las familias; su pecho se hará nido para los desaparecidos. El poeta asume que no puede callar el cantor; a mayor penumbra, se aviva más el fuego; está comprometido en contar y cantar en el refugio de los heridos; bailar en la cueva que los abriga y aísla un instante del mal que no descansa de acecharlos.
El poemario recrea poblaciones migrantes de variados territorios que parten de manera casi que suicida hacia el nuevo sueño, el europeo, hacia el sueño de la vida en porvenir; allí continuarán siendo incluidos en la lista de los a desaparecer; ahora, los migrantes exiliados por los territorios violentos de su tierra, serán agredidos por otras formas de violencia; ahora constatarán de primera mano, el racismo que ejercerán sobre ellos las poblaciones europeas, en el caso específico del poemario, la “civilización española”; serán los africanos abandonados a su suerte de naufragio en las pateras; también serán perseguidos en las calles, maltratados, desaparecidos o limpiados por las fuerzas de seguridad xenofóbicas ilustradas, desarrolladas…blablablá nunca han sido modernos.
El protagonista de los poemas transita distintas ciudades europeas Madrid, Venecia, Barcelona… lo que encuentra en ellas es masas de turistas que no recorren sus memorias, sus saberes culturales, es un turismo de selfis, de consumo, de capital; turistas que no participan de su intimidad, que no conversan con las identidades que habitan la ciudad. Es un mundo con habitantes superficiales que les parece out mirar, comprender que las mayorías de las poblaciones están quedando sin un lugar para vivir; no son deseados en ninguna esquina: Sacrificio.
El poeta resiste con el fuego de la infancia, con el fuego primero de la comunidad, con la llama primera del paisaje, con el calor brindado por el territorio que lo columpió de belleza; aún el mundo era infinito; no estaba empalada, demarcada la propiedad de la tierra; toda esa dicha vivida, toda esa belleza atravesada en los ríos que recorren sus venas es lo que lo impulsa a cantar a acompañar a contar, a hacer memoria
de los condenados de la tierra.
Considero que no es un asunto de ingenua nostalgia; allí reside una posible salida, otra forma de habitar, de relación con la tierra y todos los seres humanos y no humanos que la habitamos. Ahí allí la posibilidad de volver a lo artesanal, a la relación sagrada con el territorio, con la contemplación, con la dicha y agradecimiento del generoso fogón que se mueve en el centro de la tierra. El amor sembrado en formas de organización comunitaria se podría constituir en una alternativa de retorno para tejer e hilar nuestra fraternidad con el universo.
Me despido compadre con este poema en Ignición que nos abriga la vida:
HABÍA UNA MUJER EN EL SUR
Había una mujer en el sur que bendecía el pan,
la leche, la mañana. Todo.
Los recuerdos le abrían paso entre la niebla.
Sacralizaba lo que sus hijos tocaban:
medicamentos, aire, sueño. Las cosas que pueblan
el mundo y que permanecerán
después de habernos ido.
Ni el dolor ni la muerte le preocupaban,
solo las flores de su jardín y la comida del perro,
el agua en el fogón y el pan de maíz en la mesa
sin parientes para compartir.
Blanca Elina nada pedía, todo lo ofrecía
en su oración nocturna, esa barca familiar
por el mar adentro de sus ojos.
Esta anciana con sonrisa de niña es mi madre,
su mirada me aguarda, sus bondadosas manos
colman esta terrible lejanía.
Yo soy el que cada día aprende a bendecirlo todo.



Edgardo Manuel Díaz, Julio César Goyes, Kenny De Alba, Edgardo Quevedo. Taller de escritores Héctor Rojas Herazo – Universidad de Cartagena.




