El taller literario «Héctor Rojas Herzo» trabaja bajo la dirección del poeta Wilfredo Esteban Vega Bedoya, quien es también compilador y editor de Esta Orilla de la casa

 

  EN CARTAGENA DE INDIAS: TALLER DE

POESÍA PARA CONSTRUIR UNA CASA

 

Escribe: Arturo Prado Lima

Bienvenidos, amigos y amigas, al mundo de la poesía, esa loca de la casa, como dice el poeta  Miguel Iriarte. Yo me he quedado quieto, un momento, a la orilla de la casa, sintiendo, más que mirando, cómo la loca arruma ladrillos, mezcla arenas con sueños y varillas de hierro con recuerdos de un amor que hizo parte de un sueño, de ese sueño recurrente de construir una habitación juntos. Ahora, con un cuarto a medio construir y un libro de Héctor Rojas Herazo bajo el brazo, busca a otro loco para pedirle prestadas alas y palabras que le permitan sobrevivir mientras la casa se pone en pie, se la amuebla y se la habita. Mientras bostezo, a mi lado, Edgar Alfredo Quecedo Chávez, imagina la arquitectura del mundo metida en su alma: la gran poesía de la vida. Mares abiertos en canal, peces de sal ahogados en la vida y muy vivos en la muerte. Tiene un bisturí para despostar el agua y la sal y mostrarle al mundo el resultado de la fusión salmuera en los códigos secretos de la poesía. ¿Secretos? Puede ser. Aunque para comprender el mundo no hay necesidad de estar en el más allá de la realidad. Yenny Giohana Váquez Gómez puede ver cómo el comején se come al mundo asediado por los gallinazos en medio de lúgubres silencios.

Con el poeta Wilfredo Esteban Vega Bedoya estamos en una orilla de la casa. Edgar Alfredo mira a Giohana como si quisiera sus ojos, sus alas, sus palabras. Y ella aún no se anima a tomar en sus manos un ladrillo para terminar la primera pared de la casa que Edgar proyecta en sus rutinas. Esa casa es la misma que da vueltas en la mente de  Kenny Albert de Alba Martínez, un poeta que siempre encuentra a la humanidad en los ojos de la mujer-poema así como la belleza nace de su danza corpórea y universal, tímida a veces, como Valeria Burgos Nascimento, esa niña que corre detrás del conejo porque sabe que la jauría de perros está muerta en el patio de la casa. ¿Bien muertos? Tal vez no. Están muertos pero ven por dentro. Han apuñalado a la realidad y han dejado a la vista de todo el mundo los engranajes putrefactos, y los ilustres también, de esa casa en que nos vamos juntando uno a uno, una a una, las palabras, las plomadas, los niveles, la cal y los talleres para reparar las herramientas de la construcción. Entonces vemos la casa, aún sin amoblar.  Nos enteramos por fin de que el silencio es una niña enterada de algo irreparable: hemos ocupado el vacío y hemos creado una estructura afín a nuestros sueños. Ahora tenemos una habitación.

Es la misma casa donde creció Edgardo Manuel Díaz Osorio, en la que ha olvidado  las enseñanzas de su padre, las prohibiciones y herencias para incubar un llanto honesto desde su niño interior. El niño de Edgardo juega con la niña de  Valeria Burgos y descubren, juntos, que la vida es un sospechado fluir de momentos. Una niña es un momento y un poema. Si no hay esas dos realidades no hay poesía, como no hay niñas felices sin una casa, sin una historia, sin una memoria, sin una nostalgia. Elementos fundamentales como los vacíos que encerramos con paredes y que seguimos llamando casa, en cuya sala, Rosa María Escorcia Cortés empieza a cuestionar todo, iniciando por la belleza que sale de la danza del poeta que está a su lado y que ha saboreado, gozado y sufrido todo lo vivido. Rosa María podría, claro, extender los brazos y tratar de interrumpir la fatídica danza, o ralentizarla, o acelerarla, o estabilizarla. Depende de qué tipo de emociones la rodee, qué tiempo ocupa, qué lugar produce.

Parece difícil esto de la poesía, sobre todo de un taller de poesía, o de herramientas. Pero se aprende a vivir con los fantasmas propios y ajenos. Jesús Daniel Osuna Martínez lo sabe muy bien. Las casas, o la poesía, están siempre llenas de espectros, aspiraciones, miedos, nostalgias, vidas muertas y muertes vivas, y el hombre que no es poeta ni ave erige su casa sobre sus principios, trabaja bajo el cielo, cosecha nubes en la inmediatez de su patio, ese mismo patio donde duermen los perros cuyos ojos parece que ven muy bien lo que hay adentro, donde ya somos muchos en una algarabía de noticas sobre el futuro que ya pasó y el pasado que ya viene enfrentándonos directamente con el presente, pues tenemos que terminar la casa donde pensamos escribir un libro de poesía.

Yineth Vanessa Lázaro Reyes no se siente cómoda en aquel hogar que, de estar en otras condiciones materiales y emocionales, podría ser un país o su patria. Se siente manchada y de un momento a otro pregunta que por qué no la llevan a un lugar donde las almas se limpian. Un lugar como un taller donde enderezan metáforas y le ponen poesía a los poemas. Si no lo hacen, dice ella, se siente como una basura, un cuerpo sin cabeza donde el cuerpo es confusión y ella la cabeza. Puede ser que esté bien construido todo. O mal del todo. Isabella Rangel Franco quiere comprobarlo y da un golpecito en el suelo y comprueba que no hace eco en su cuarto. Los constructores han olvidado incluir el eco en los materiales de construcción. Y siendo así, van surgiendo las anomalías: Jhonny José García Guerrero se siente débil, cobarde, inseguro, vergonzoso. Pero cuando se está en un taller, en una casa construida por todos, se puede pedir disculpas, o no, de cuando esas debilidades se vuelven fuego cuyo incendio abraza el alma del mundo con los poemas de toda la vida.

Estamos en una habitación pero aun no vemos la casa. Igual una habitación es un vientre. Fabiana Andrea Rivera Mejía está buscando culpas en su interior porque presiente que es la que ha dado muerte, en esa habitación, a su madre. Puede que así sea: Andrea Candimal Mendoza escuchó algo así como como el gorjeo de una paloma. ¿O era un sollozo de una mujer que la estaban axificciando? Andrea busca otra habitación en la nueva casa común de la poesía.

En fin: alguien pasa por la calle danzando un silencio de ladrillos y lágrimas: Helen Aregui Atencia lo conoce, es Roberto, un bufón y altanero era mi Roberto, nuestro Roberto de Mayami. Lo bueno es que la cagas lento, lo malo es que lo haces a diario. Todos nos quedamos mirando a Roberto, y me temo que a nadie se le ocurre invitar a Roberto a la casa. No porque nadie lo quiera, sino porque hasta de pronto él sea yo, nosotros, la casa, el albañil, el ladrillo, o yo que sé. De una cosa estoy seguro. Si Roberto hubiera entrado, yo no habría escrito esto sin comillas y violando la gramática y el estilo de los autores. Pero ya lo hice, y ahora creo que los integrantes del taller de creación poética Héctor Rojas Herazo, Espacio cultural Claustro de la Merced, de la Universidad de Cartagena, tienen algo que ver con todo esto y mejor me callo porque por ahí veo a Julio César Goyes con ladrillo y mezcla en mano para iniciar la construcción de otra casa. Por último, pienso que así como las casas se construyen con orillas, ladrillos y cementos, también deberían incluir un cuarto psiquiátrico y otro de celebraciones, pero sobre todo, de un taller para reparar, no la casa, sino las herramientas con que diariamente construimos las habitaciones en las que nos alistamos para salir a buscar Nakama-MART y devolverla a casa.

 

Esta orilla de la casa

Edgar Alfredo Quecedo Chávez

Se reúnen en esta morada poética diversos elementos orientados hacia la construcción de una certeza fundacional, la posibilidad de ser en este tiempo, la de hablar por nuestra diferencia. Las voces que los esperan en cada silencio, que es una página, darán cuenta de sí mismas y nada más. Han cantado los dolores de la primera casa, sus recuerdos echados a una hoguera, sus juguetes sacados del empaque, cada una con su habitación “y hacia cualquier lugar de la casa / que dirijas tus pasos / ese lugar será el centro de la casa.” (Bustos, R., 2018)[1]

Estas palabras beben del río incesante de Rómulo Bustos y el vuelo de Wilfredo Esteban Vega Bedoya, exdirector y director (respectivamente) del Taller de Poesía Héctor Rojas Herazo, del Espacio Cultural Claustro de la Merced de la Universidad de Cartagena. Se instalan en el amor de Gómez Jattin, en la afirmación certera de Rojas Herazo, en la palabra punzante de “El tuerto” López, en el sueño de Irina Henriquez, la música lenta de Nelson Romero Guzman, del humo que vio Lucía Estrada y muchas otras poetas que las habitan. En consecuencia, estos cantos que se ofrecen cercan la casa material y espiritualmente, ella se transmuta, según la palabra que la nombre, en la ensoñación de nuestros deseos y el calor de nuestros cuerpos, convoca al ser en este tiempo y en el de cada memoria que se celebra.

Asimismo, la palabra poética que se ejerce no es ajena al trasegar histórico y al tiempo social, hay en ella protesta, confrontación, alegría, lucha y resistencia; oposición al orden de las cosas que nos antecede; identidad fragmentada, angustia existencial, orfandad, sombras. Por tanto, nuestra conciencia encendida transita de forma constante todos los caminos para trazar un lugar en la rayuela del mundo.

La fuerza creadora de los escritores viene de un proceso arduo, en el que se escribe y se lee a contraluz del mundo interior de cada uno. Cada sesión del taller ha sido la construcción de un tejido de voces, propias y ajenas, desde la expresión liberadora de los poemas, acompañada de la reflexión vital y el intercambio de visiones de mundo que existe en la pluralidad del lenguaje.

Tiene ante usted un paisaje tan disímil como cotidiano, donde escuchará un graznido en un pueblo justo al nacer una sobreviviente; vivirá cada noche los temores convertidos en látigo por la enfermedad de una abuela; recordará una ternura de garras y sangre en flor, de puñal en la espalda y media vuelta; una madre y un hijo sin el mismo diente; verá un plato girar al borde del mesón, la ausencia del tío Gabriel, una ventana y una paloma, la felicidad de una gata; atento, escuchará el canto de la muerte de una polilla; verá nacer una rabia en forma de piedra; al final escuchará un canto con ritmos cruzados y palabras punzantes. Todo eso en apenas una visita, apenas una orilla que les invitamos a transitar y a ser huésped en su palabra.

LOS POEMAS

 Edgar Alfredo Quecedo Chávez

La casa

Al taller de poesía Héctor Rojas Herazo

En una casa –no de paredes, no de ladrillos, no de tiempo –

juntamos uno a uno los elementos que la componen.

Un pájaro de vuelo cálido nos convoca  dispone de materiales

varios para construirla

y nosotros –intrépidos, atrevidos, frágiles poseedores de una

fuerza misteriosa-  fraguamos nuestras memorias.  Antes de esta

casa ya teníamos una

pero esta no tiene raíces, se posa en un árbol de buena sombra

y muchas ramas

se encuentra en lo alto y largo del mundo

no está aquí donde se le convoca sino allá donde se le necesita

donde hay tiempo, paredes y ladrillos donde quiera que nos

falte un techo, un arma o un abrazo.  Congregados en esta casa que

se construye a diario,  conjuramos el tiempo sagrado que

nos protege. Venimos aquí, ya nacidos, ya expulsados del paraíso,

a construir una casa que siempre esté con nosotros.

Nakama- MART

A GDE, Meine geliebte Ehe für immer.

Ellos siempre saben encontrarme llegan,

buscan y me devuelven a casa.

La miseria, la soledad desaparecen entre sus brazos.

Les debo mis alas y desencuentros. A ellos

me une algo más, una pila de recuerdos

tragos amargos,  escasas victorias, infinitas

carcajadas… A ellos, mis amigos a donde vuelvo,

de donde vengo, mi hogar.

 

Kenny Albert de Alba Martínez

Oscuridad

El chiquillo tenía su propio mundo

aún no era brillante aún no tenía

alas blancas.

Rondaban monstruos,

espíritus, fantasmas en la oscuridad

de sus ojos.

Olvidó ir al baño antes de acostarse En

su mente rondaban tres realidades:

su vejiga a estallar, el baño en el patio de la casa

y los seres de alas negras que habitaban sus miedos.

Interrumpió al padre Adán, que comía

de la fruta prohibida en su paraíso, con su Eva.

Imploró ayuda.

El padre abrió la puerta del patio,

Tomó un palo firme,

lo puso sobre un par de trémulas manitas,

señalo al baño y relinchó:

cualquier cosa grita.

 

Valeria Burgos Nascimento

Simpatía al caníbal

Ay, amor domesticado

qué será de ti entre mis dientes

Aún recuerdo el grito de parto de mi madre

cómo hacía eco en mis huesos

y ese olor a sangre fresca corrompiéndose

tan solo quiero sentirlo una vez más

quiero alargarme en la nada como aquel grito

Por eso hoy me arrastro junto a una jauría de perros

y afilo mis colmillos con tu carne

Edgardo Manuel Díaz Osorio

 Dientes

En ti circula un fuego ebrio de las montañas del Líbano ~

Raúl Gómez Jattin.

La vida

con su insospechado fluir de momentos,

de cosas, todo aquello que ocurre y se aleja

son inalcanzables. Nada vuelve.

He perdido un diente al mismo tiempo

que lo perdió mi madre.

Tenemos el mismo vacío en la boca

Las mismas palabras sin decir.

Juntos acumulamos viento y fuego verbal

como un arte heredado de generación en

generación, que amenaza con desaparecer.

Yo que tanto he querido ser distinto a ti, Mamá

He recorrido los laberintos,

las libertades tomadas sin tu permiso.

Me encuentro ahora

bajo el techo de tu parentesco.

 

Rosa María Escorcia Cortés

 Resucitar 

A veces los difuntos se olvidan de estar muertos

se levantan de su descanso para cocinar, trabajar,

pagar facturas o pasear al perro

salir de la tumba solo durante unas horas

así es la vida, burocrática  agotada en trámite

Algunos recuerdan su muerte

antes de terminar el papeleo  otros poseen palancas para quedarse

como aquel tipo de la biblia, Lázaro

la mayoría no tiene amigos tan poderosos

Así vagan

despreciando la muerte

lo único eterno que tienen.

Jesús Daniel Osuna Martínez

Para quienes se van y quienes se quedan.  Para mi abuela y sus hermanos

 Pintor:

Con el friego asiduo de los días

uno aprende a convivir

con los fantasmas propios

y los ajenos también.

Los machaca cada mañana en el mortero

para extraer ungüentos varios

con los que pinta la casa.

Los hace pomada para aires, mareos

y dolores coyunturales

Los añeja.

Pone a secar al sol al mediodía

junto al café apilado y el arroz sin desconchar

para añadirlos al compuesto seco

y condimentar en conjunto la sopa.

Los deshila uno a uno cada noche

con aquella costumbre parecida al amor

Y se teje hilo a hilo una colcha enorme

con que se arropa el alma.

Con la constancia amansadora de los días

uno se acostumbra a mirarse al espejo

y que de vez en cuando el reflejo no le dé en la cara.

Andrea Candamil Mendoza

Sonido de mediodía

¿Es el gorjeo de una paloma

o el sollozo de una mujer a la que asfixian?

 

Yineth Vanesa Lozano Reyes

 Reflexión rumbo al limbo

Por qué no me llevas

al lugar donde se limpian las almas

A la mala yerba veo crecer

yo tan marchita

sin florecer

No creo en predicadores

ni en su fe inquebrantable

pero… si fuese cierta

por qué no me la das a mí

Acaso me condenas al desamparo

Los escucho aplaudir las palabras del predicador

Soy ajena al sacro encuentro

 

Isabella María Rangel Franco

Muerte

I

Bien sabe la muerte

que de ella venimos recolectando aflicciones,

alimentando a la fila de hormigas

que laburan la fúnebre inspección.

Con el cuerpo directo al sol,

reflejos cristalizados alegan la previa peripecia,

recuerdos extraviados

que ceden su regreso.

Bien sabe la muerte

del retorno a su estancia.

En forma de escarabajo

volver a compostaje,

con tallos y quitina

reiterar la perennidad

 

 Jhonny José García Guerrero

Confesión 

Madre, padre, no he enarbolado entre mis conceptos

ninguna evaluación específica

pues ya sé que soy este manojo

hecho de desagrados purísimos: débil, cobarde, poco inteligente,

inseguro y vergonzoso.

Madre, padre, pido disculpas

si la voz se me vuelve fuego.

No sé cómo remediar esta congoja

que hoy me arropa el corazón.

Recuerdo que de pequeño nunca tenía

esta espina insoportable de ahora,

que solo era revoltoso con mis situaciones.

Madre, padre,

para solventar esa honestidad que debo

para ser un poco menos yo:

he querido decir en contadas ocasiones

que el alma todavía se me encoge

y se me vuelve puro carbón.

Pero el tiempo ha dado su continuidad,

y yo todavía me veo puesto

en los lastres irreversibles de mis tristezas.

Fabiana Revira Mejía

Nacimiento

En la pequeñez de su barriga habité yo,

A mi madre le deformé todo

mi cabeza desgarró su vagina

sus pechos firmes y grandes

no son más que un cuero caído.

Su vientre

una masa cuarteada de líneas

que intenta «cocer con muntadas invisibles»

Y su cuerpo, ahora llora por dentro,

como si yo misma la hubiera matado.

Helen Iregui Atencia

Roberto

Mi querido

y no tan querido al mismo tiempo,

Roberto.

Mi Roberto,

su Roberto,

nuestro Roberto

de Mayami.

Recuerdo que cuando lo conocí, yo caminaba rumbo a mi universidad y él me detuvo justo en la entrada. Llevaba puesto un pantalón beige corto, un suéter blanco, y sus ojos azules como pescado en ponchera, que querían hablar por sí solos. Se presentó con una sonrisa: – Hola, un placer, soy Roberto. Roberto de Mayami-. Recuerdo haberlo esquivado sin ninguna palabra, y nuevamente me detuvo. Me disculpé con él, comentándole que iba de prisa. Y en inglés me invitó, respetuosamente, a un café.

Un café de Mayami, luego me dijo, -tengo treinta y siete… treinta y siete… de Mayami-, como si me importara.

Bufón,

y altanero,

era Mi Roberto,

su Roberto,  nuestro Roberto,

de Mayami.

Diariamente empecé a encontrarlo a la salida de la universidad, ya parecía él un fiel Roberto, del claustro, mas no de Mayami, y a veces un adorador, orador, anhelador de mi imagen. Lo encontraba hasta el punto del trauma. Trauma que influyó en su leve desaparición y regreso a Mayami.

 

Los Autores

 

Edgar Alfredo Quecedo Chávez

Cartagena de Indias, 1997. Estudiante de Lingüística y Literatura de la Universidad de Cartagena. Docente, gestor cultural y miembro del Taller de Poesía Héctor Rojas Herazo, también cofundador del Colectivo Despertares. Algunos de sus poemas fueron publicados en la Antología Relata 2023.

edgarudc@outlook.com

Yennis Giohana Vásquez Gómez

María la Baja, 2001. Lingüista y Literata de la Universidad de Cartagena, miembro del Taller de Poesía Héctor Rojas Herazo, docente de secundaria. Participante en “Eufonías de la Ceiba Bruja” primer volumen de la colección poesía oral y concreta de 52 Hz ediciones. Considera la poesía el lugar de la existencia como forma de nombrar y habitar sensibilidades del mundo interior.

noahvg1358@gmail.com

Kenny Albert De Alba Martínez

Cartagena de Indias, 1999. Profesional en Lingüística y Literatura de la Universidad de Cartagena, maestrante en Comunicación y Marketing Político de la Universidad Internacional de La Rioja. Miembro del Taller de Poesía Héctor Rojas Herazo. Escribe porque la literatura le da equilibrio a su vida exacerbada de lo que él llama «ciudad razón» kennydealbamartinez@gmail.com

Valeria Burgos Nascimento

Cartagena De Indias, 2002. Poeta y estudiante de Lingüística y Literatura en la Universidad de Cartagena. Sus poemas han sido publicados en Mi Máquina de Escribir Escritores del Mundo, 2021; su poemario De abismos, sangre, olas y mar, 2021, fue publicado en la antología poética Delirio de Amor, 2021, de la editorial colombiana ITA. Su última colección de poemas, El exilio de la inocencia  (2022) fue publicada en La mal crianza,  primera revista de las artes escénicas y visuales juveniles de Colombia.

IG: @valerianscimento, valeriab2199@gmail.com

Edgardo Manuel Díaz Osorio

Cartagena de Indias, 1997. Lingüista y literato de la Universidad  de Cartagena, miembro del taller de Poesía Hector Rojas Herazo, asistente de coordinación en eSlam Poético. Considera una herramienta válida para sentir-pensar las dudas que lo atraviesan.

emanuel.diazosorio19@gmail.com

Rosa María Escorcia Cortés

Cartagena de Indias, 2000. Estudiante del programa Lingüística y Literatura de la Universidad de Cartagena, ávida lectora de Andrés Caicedo y escritora de poesía; esta ha sido su forma de desahogarse, ya que con los poemas se pueden contar experiencias dolorosas, instantes de alegría y recuerdos que creías enterrados. Rosa desea vivir para siempre por medio de sus escritos, preservar su existencia por el mundo.

rescorciac@unicartagena.edu.co

Jesús Daniel Osuna Martínez

Malagana, Bolívar (2001). Estudiante de Lingüística y Literatura de la Universidad de Cartagena, miembro del taller de Poesía Héctor Rojas Herazo y co-coordinador del Colectivo Club de LIteratura y Artes Raúl Gómez Jattin. Escribe poesía por una necesidad inexorable.

Jesusosuna102@gmail.com

Andrea Candamil Mendoza

Sincelejo, Sucre (1996). Abogada de la Universidad de Sucre. Sus poemas han sido publicados en la Antología El Abrazo de la Muerte por la Editorial ITA y participante del proyecto Salvaje Escritura. Escribe atravesada por el dolor de haber nacido con un ala rota, una constante disputa por alcanzar la libertad plena de su ser y lo que la vida le ha dado para vivir, sin perder por ello la consciencia de la belleza del mundo, al cual finalmente desea acceder y poseer a todas sus anchas.

candamilandrea@gmail.com

Yineth Vanessa Lozano Reyes

Soledad, 2001. Egresada del Programa de Lingüística y Literatura de la Universidad de Cartagena. Asistente del Programa de Estudios Hispánicos en Oberlin College (Oberlin, Ohio, USA). Miembro del Taller de Poesía Héctor Rojas Herazo. Autora del poema «El cuento se cuenta solo», publicado en la Antología Relata 2022. Escribe para perdurar en el tiempo.

ylozanor@unicartagena.edu.co

Isabella Rangel Franco

Cartagena de Indias, 2004. Estudiante de Lingüística y Literatura en la Universidad de Cartagena. Amante de la vida en todas sus presentaciones y fiel creyente de que la palabra es manifiesto de posibilidades. Ha encontrado en la poesía una forma de abrir su vida al verbo y habitar los rincones de la memoria. Sus poemas se resguardan en un campo eco-sensible que invita a la cercanía con lo otro que también vive. irangelf@unicartagena.edu.co

Jhonny José García Guerrero

Cartagena de indias, 2005. Estudiante del programa de Lingüística y Literatura de la Universidad de Cartagena. Inició su proceso de escritura a raíz de las desventuras pandémicas en el 2020, tener tiempo libre significó para él un espacio donde encontrarse con la literatura y tener bellos acercamientos con la poesía. Poetas como Miguel Hernández o César Vallejo fueron sus máximas fuentes de inspiración para darse el placer de intentar escribir sus primeros poemas.  jhonnygarcia242496@gmail.com

Fabiana Andrea Rivera Mejía

Cartagena, 2002. Estudiante del programa de Lingüística y Literatura de la Universidad de Cartagena. Escribe para manifestarse desde el lenguaje y encontrar un espacio propio e intentar que sus voces no la callen, escribe para descubrir todo lo que desconoce de sí misma y todo lo que quiere terminar de conocer.

friveram@unicartagena.edu.co

Helen Margarita Iregui Atencia

Cartagena de Indias, 2000.  Actriz, directora de cine, escritora y estudiante del programa de Lingüística y Literatura de la Universidad de Cartagena. Su literatura y poesía se caracterizan por la ironía y las narrativas de los barrios periféricos de la ciudad de Cartagena. Fue ganadora del IV certamen de Escribiendo el Caribe, del Observatorio del Caribe Colombiano, en el 2017 con un cuento titulado Por los siglos en la nada. Comenzó a rodar en el 2019 y hasta ahora ha dirigido quince cortometrajes y una película titulada El amarre. hireguia@unicartagena.edu.co

Wilfredo Esteban Vega Bedoya

Director del Taller de Poesía Héctor Rojas Erazo del Espacio Culrural Claustro de la Merced de la Universidad de Cartagena, Colombia. Docente del programa de linguística y literatura de la Universidad de Cartagena. Editor de la Revista Cuadernos de Literatura del Caribe e Hispánica 2018-2021. Es autor poemario El retorno de las caracolas (Si mañana Despierto Ediciones, 2010) y Duelo de Pájaros entre otros.