

La piel del universo en fotografías
Tenemos la edad de los árboles, la piel del universo en la retina del bosque, la memoria de los vientos y el silencio de la palabra antes de que nombraran lo que nombran. Continentes enteros agazapados en las fisuras tardías de la corteza de los bosques, esos que se incrustaron en la lengua del tiempo y pronunciaron el primer verbo de la carne. Amadas soledades dibujadas por la lluvia y sus resinas en los cruces de caminos y en los huecos universales de la piel. Piel áspera con que el mundo aplaca su sed de quedarse en la juventud para otro siempre, ese que gotea en las cortezas con su llanto de agujas en las fotografías del ayer. Mapas, relojes y lágrimas persiguen el rostro de una mujer que huele a raíz y a flor, ya sea en el infierno o en el cielo.
Estas cortezas de árboles sin tiempo pertenecen al parque Casa de Campo, de Madrid, donde voy una tarde y otra a buscar las huellas del tiempo. Con mi teléfono móvil busco los retratos de la memoria: una vagina en las puertas del infinito, un diamante espeso en la cresta de un rayo al amanecer, el centro del universo alrededor del cual giran fantasmas del futuro. Diluvios universales pariendo los colores de la tierra. Polvo de civilizaciones enteras asentado en la cúpula de silencio en embarazo. Poemas petrificados en el sur de cada norte. Océanos de estrellas en la herida de hojas petrificadas en un rojo espada.
Algunas de estas fotos fueron expuestas en una galería de arte de Berlín hace algunos años. Otras son nuevas en su prodigiosa vejez. Siempre vuelvo por los mimos lugares en busca de las mismas fotos que ya no están, pero están. Son fotografías de edades aparcadas en la retina del bosque, formas sin formas, relieves en la sombra, tempestades que susurran canciones de cuna en medio de la guerra. Seguiré y volveré. Las edades del ser y la piel del poema universal de toda periferia y todo centro están aquí, en las colinas de la existencia que aún os pertenece.
Fotos y texto: Arturo Prado Lima






