Imagen: Surcapulco

Escribe: Roxana Cortés
¿Qué es la sed? No sólo la necesidad de agua sino el deseo de algo. Desear nos hace humanos, nos da impulso de vida. Simone Weil sostiene que “es el deseo lo que salva”, y en una correspondencia con su madre apunta que las “verdades luminosas, esenciales” serían de acceso imposible sin un deseo: la introspección.
En Morfología de la sed, de Angélica Santa Olaya se halla una vena filosófica que transparenta la forma de ese deseo desde una voz lírica. El título se refiere a la rama de la Lingüística que estudia la estructura interna de las palabras para definir y clasificar sus unidades. En su caso, ese “estudio” se conduce hacia las formas poéticas que habitan en el corazón de la propia existencia.
“Dicen los trashumantes que todos pernoctamos un clausurado capullo”, apunta, y la poeta busca “inventar algún cartílago futuro donde acomodar el subjuntivo / secuestrar algún renglón abierto a la palabra / y escribir para seguir respirando”.
El jurado del Primer Premio Sor Juana Inés de la Cruz sostiene que Morfología “articula un inquietante estado de búsquedas conceptuales”; y creo que apunta hacia la médula del libro. La articulación en Morfología es un campo abierto donde se denota la madurez de una voz que deja rutas abiertas, una donde el hilo conductor de su experiencia no nos ata, sino que nos invita a un viaje a través de diversos motivos literarios.
Angélica Santa Olaya se prepara “a nacer desde dentro”, y nos dice:
Es preciso diluir los ojos en la nada y ser intrusos de la ausencia
para dibujar el perímetro de lo posible
Vislumbrar la solitaria frontera donde todo
-a golpe de martillo en la conciencia-
pueda volver a Ser en el vientre de una palabra.
En el vientre de la palabra se halla cada poema que conforma este libro. Ella aborda temas universales (la nostalgia, el sueño, el exilio, la orfandad o el destierro) desde una delicadeza no sólo literaria sino filosófica. Las imágenes poéticas son impecables, construyen una suerte de indicios que no nos dejarán indiferentes. Me evocan a proyectar un diálogo abierto con poemas breves y de una claridad avasalladora como Misterios Gozosos de Rosario Castellanos o El regreso de Elva Macías.
Angélica, por supuesto, tiene experiencia en los procesos de escritura. Sabe lo que hace y hacia dónde dirigir el aliento en sus poemas. Dentro de su vasta obra, Morfología destaca porque logra urdir una serie de búsquedas para explicarse su propia existencia a través de distintos niveles reflexivos y sensibles:
Un sitio
Las piedras me llaman con su ronca voz de barro envejecido
Hoy buscaré un sitio en la célula más oculta de mi devastada orografía
Algún desprevenido suspiro donde acomodar el aliento para poder seguir.
A ciegas
El horizonte es una larga / purulenta / y despaciosa / herida / en el esternón / de la esperanza.
En ese tono, la poeta logra aclimatar al lector en una atmósfera que genera un sentimiento de comunidad. Nos comparte el deseo de indagar en nuestra soledad, en el recoveco de nuestra conciencia. Pone ante nosotros un espejo de revelaciones cuando nos dice:
Las palabras más bellas
son las que renuncian a la voz
Morfología de la sed es una invitación a renunciar a la voz individual y trasponerla con la común, examinar esos matices y cauces que intermedian la profundidad y la superficie de toda dimensión humana. Volviendo a Simone Weil, el deseo nos salva porque nos mueve hacia lo humano; porque toda búsqueda interior revela algo sobre la existencia.
Celebro este libro porque nos hace sentir que los hallazgos aún son posibles. Porque siento que fue escrito desde “el único lugar sin corteza ni astilla / irrenunciable casa que es el propio corazón” de la poeta.
Roxana Cortés (México). Es licenciada en Filosofía, maestra en Estética y Arte, especialista en Teoría del Arte (BUAP) e Historia del Arte (UNAM). Obtuvo el Premio Nacional de Literatura para Niños y Niñas (2023) con el libro de poesía Sofía y las mariposas, el Premio Municipal de Literatura Acapulco (2023) con el poemario Océano madre, el Premio Nacional Bando Alarconiano (2022) con la obra La fiesta y el sátiro de musas, el Premio Estatal de Ensayo Literario Joven (2019) con el libro Retrato de una ola, y el Premio Estatal de Poesía Joven (2018) con el libro Gasóleo. Recibió el primer lugar del Premio Punto de Partida 51 UNAM (2020) y del XV Premio Filosofía y Letras BUAP (2014), ambos en la categoría de Poesía.




