El sacerdote y poeta nicaragüense, Ernesto Cardenal, murió en marzo de este año a los 95 años de edad en Managua, en donde dedicó sus últimos años casi por entero a la literatura. Hace un año celebraba la edición de su más reciente libro, Hijos de las estrellas.

También hace un año Cardenal dirigió una misa en su casa, una de las primeras desde 1985, luego de que el papa Francisco lo absolvió «de todas las censuras canónicas» que le impuso el papa Juan Pablo II, cuando lo suspendió «A divinis», por mezclar la religión con la revolución sandinista. El autor de «Oración por Marilyn Monroe y otros poemas», era uno de los poetas vivos de Latinoamérica más reconocidos a nivel mundial, y en 2010 fue propuesto al Premio Nobel de Literatura por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).  Obtuvo el prestigioso Premio Reina Sofia de Poesía. 

Victor Rojas*, desde Suecia, nos hace un recorrido por los años en que Ernesto Cardenal escribió su «Oración por Marilyn Monroe».

ERNESTO CARDENAL:

ÁNGEL BOMBERO DE INFIERNOS TERRENALES

Por: VÍCTOR ROJAS

En una foto `publicada  por todos los rincones de la tierra se ve al cura Ernesto Cardenal arrodillado, casi humillado frente al brazo amenazador del Papa Juan Pablo II. Es cualquier mes de 1986. El Papa acaba de llegar a Managua, a la tierra ventisca donde  “en una selva de armas juegan niños”, como escribió el poeta Julio Cortázar. El Papa tiene dificultades para entender que allí Jesucristo, además de ser carpintero, como su padre, también es albañil, reparador de carros, vendedor de lotería y miliciano. Quizá lo que más molesta en esos momentos al Sumo Pontífice, es que los nicaragüenses se empeñan también en sostener que Cristo no nació en Belén sino en otro villorrio llamado Palacagüina.

Los culpables de este desorden religioso son un par de curas resueltos y locuaces que lograron convencer a Jesucristo para que bajara de la cruz, se comiera un par de tortillas y se fuera a defender a Nicaragua del acecho de los sátrapas. Tremenda tormenta social la que se armó. Y uno de esos curas descomplicados  fue Ernesto Cardenal. Cuando esta tormenta avivada con sotanas empezó a hacer estrago en el reino de los burgueses cafetaleros, bananeros, petroleros y demás en América Latina, las autoridades del Vaticano se preocuparon desde los pies hasta las cofías clericales. De inmediato ordenaron que los dueños de las sotanas comparecieran ante la Santa Sede a dar explicaciones.

Pero ahora es el mismo Papa quien va a buscarlos a sus propios infiernos. Así que el turno para recibir la reprimenda es del cura Ernesto Cardenal. Los fotógrafos de las multinacionales de los medios de comunicación, plasman el santo regaño en sus cámaras fotográficas. Esa foto del modesto cura postrado frente al Papa adusto, quedó en algún lugar de mi memoria grabada para largo rato. Y tal vez fue así porque a mi entendimiento llegó primero Ernesto Cardenal como un cura rebelde, con una barba parecida a la de Marx cuando joven, con boina negra, caída de costado, como la del Che Guevara y con una concepción religiosa como la que predicaba el sacerdote Camilo Torres en mi patria.  Eso fue a finales de la década de los sesenta. En esa época en Colombia manteábamos con dificultad  las embestidas de un gobierno que nadie sabía si era civil, militar o cívico-militar. Y en Nicaragua ya se había prendido la chispa que iría a incendiar la pradera  y a poner en desbandada a la dictadura somocista.

Creo que fueron esas condiciones de conmoción social en nuestros países las que me indujeron a ver en Ernesto Cardenal únicamente la figura del religioso agitador, la del cura arriesgado como lo fueron la mayoría de los curas  promotores de la Teología de la Liberación.

Teniendo en mi mente esa imagen de clérigo rebelde de Ernesto Cardenal salí de Colombia en diciembre de 1983. Fue un par de años más tarde, cuando ya me había instalado en la ciudad sueca de Jönköping, cuando tuve la oportunidad de leer por primera vez un poemario de Ernesto Cardenal. El poemario es una edición bilingüe  (español-sueco) hecha en 1983 en los talleres gráficos de la entonces Editora Nordan, que un colectivo de anarquistas uruguayos habían creado en la ciudad de Estocolmo. Timmen o och andra dikter, se leen en la carátula. De la lectura de este libro recuerdo de manera especial los poemas: Oración por Marilyn Monroe y el primero que aparece en el libro:

Yo he repartido papeletas clandestinas,

gritando: ¡VIVA LA LIBERTAD! en plena calle

desafiando a los guardias armados.

Yo participé en la rebelión de abril:

pero palidezco cuando paso por tu casa

y tu sola mirada me hace temblar.

Conocer a Ernesto Cardenal en otra dimensión, en la del poeta, fue como mirar la olla donde se hierve la leche. Uno está a la expectativa, atento para poder retirar a tiempo  la olla del fuego. Pero la leche siempre nos sorprende. Y el poeta Cardenal no solo me sorprendió y aleló con sus versos sino que me obligó a indagar sobre ellos  y también de su vida.  ¿Cuál rebelión de abril? ¡Qué superficiales eran mis conocimientos  acerca de Ernesto Cardenal y de la apasionada historia de Nicaragua! No había más remedio que ponerme a subsanar esa torpe ignorancia. Pensé que si yo quería entender la poesía de Cardenal, tenía que empezar primero por conocer algunos aspectos de su vida. Así fue como me enteré que el cura no había nacido en un establo pobre, como parecía, sino en una cuna burguesa de Granada. Aún no le salían los primeros pelos de su barba  cuando se desplazó hacia el norte a estudiar.  Primero fue a Méjico y luego a New York. Fue allá, en la Universidad de Columbia  que se interesó por la poesía de Ezra Pound  y la del monje trapense  Thomas Merton. A principios de los años cincuenta regresó a Nicaragua y en abril de 1954 participó en una desventurada y famosa rebelión  que terminó con el fusilamiento de parte de los Somoza a uno de los grandes amigos: Adolfo Báez Bone. El sacerdote Ernesto Cardenal recordaría al amigo en el verso Epitafio para la tumba de Adolfo Báez Bone:

Te mataron y no nos dijeron dónde

enterraron tu cuerpo,

pero desde entonces todo el territorio nacional

es tu sepulcro;

o más bien: en cada palmo del

territorio nacional en que

no está tu cuerpo, tú resucitaste.

Creyeron que te mataban con un orden de ¡Fuego!

Creyeron que te enterraban

y lo que hacían era enterrar una semilla.

Años más tarde Ernesto Cardenal renunció a escribir y a la vocación literaria para poder ingresar al monasterio Our Lady of Gethsemani i Kentuchy. Ni idea tenía el aspirante a monje  que sería el propio Thomas Merton, quien se encargaría de su formación espiritual. Fue este pacifista místico quien le inculcó a Cardenal que un monje “contemplativo no debería ser nunca indiferente a los problemas sociales y políticos  de su pueblo, y menos aún, en esos países de América Latina  donde hay dictaduras militares”. Dos años más tarde Ernesto Cardenal  abandona el monasterio por motivos de salud. Así aclaró el poeta su retiro, en una entrevista:

  • Por entonces mi salud empeoró, un dolor de cabeza crónico que los médicos dijeron que era de gastritis de origen nervioso, por la tensión de esa vida y que debía buscar una vida religiosa  no tan rigurosa y estricta como la trapa”.

Después de su salida del monasterio regresa a Méjico. Allí permanece u par de años antes de ingresar en Colombia al seminario de La Ceja en el departamento de Antioquia. En el seminario se enteró de la muerte de Marilyn Monroe. Entonces, por ahí, en algún rincón se sentó a escribir su famoso poema Oración por Marilyn Monroe.

 

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con

el nombre de Marilyn Monroe,
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre,

el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se

había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como una astronauta frente a la noche espacial.

Ella soñó cuando niña que estaba desnuda

en una Iglesia

(según cuenta el Time)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no

pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso…

Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el

chorro de luz).

Pero el templo no son los estudios de la

20th Century Fox.
El templo -de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el Hijo de Hombre con un látigo

en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una

cueva de ladrones.

Señor
en este mundo contaminado de pecados y radiactividad
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda.
Que como toda empleadita de tienda soñó

con ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad

(pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos,
– El de nuestras propias vidas-

Y era un script absurdo.
Perdónala Señor y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esta Colosal Super-Producción

en la que todos hemos

trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le

ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje -insistiendo en

maquillarse en cada escena-
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad en los estudios.

Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra

interpreta y archiva.

Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y se apagan los reflectores!
y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur,

un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la

Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.

La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con

la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de

la única voz amiga
y oye tan solo la voz de un disco que le dice:

WRONG NUMBER
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.

Señor
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el

Directorio de los Ángeles)
¡contesta Tú al teléfono!

 

Luego se recibe como sacerdote en Managua y de inmediato se desplaza a la isla  Mancarrón, ubicada en el archipiélago de Solentiname del lago de Nicaragua, Allá formó una comunidad, con pescadores y campesinos pobres de la región, inspirada por las enseñanzas de Thomas Merton. Ernesto Cardenal, refiriéndose a dicha comunidad  expresó: “Desde el principio yo y los de mi comunidad  comenzamos a identificarnos con el pueblo, con la revolución y después con el FSLN, eso nos llevó a que un día fuéramos del Frente Sandinista y después con la primera insurrección armada, muchachos y muchachas ingresaron a la lucha como guerrilleros y guerrilleras. Algunos de ellos murieron en la lucha de liberación”

Lo que ahora sé de Ernesto Cardenal lo leí en libros y revistas. Y gran parte de lo que ahora  sé de la historia de Nicaragua lo aprendí leyendo su poesía.

*Victor Rojas

Víctor Rojas (Bogotá, 1962). Poeta y narrador colombiano forjado en el exilio. Con una obra amplia que abarca los principales géneros literarios, ha merecido varios premios en Suecia. Entre esos se destacan el otorgado por la Federación de Escritores de Suecia como el escritor extranjero del año en 1997 y también el otorgado por la Academia Sueca en 2004, por sus aportes a la divulgación de las letras nórdicas en el extranjero.

Obtuvo una maestría en literatura comparada en la Universidad de Gotemburgo. Se ha desempeñado como traductor, docente universitario y conferencista de temas literarios tan diversos como las metáforas de los vikingos y la influencia de las sagas de Islandia en los escritores del realismo mágico. En la actualidad trabaja en el Departamento de Asistencia Penitenciaria de Suecia en el cargo de inspector de libertad vigilada, oficio que combina con el de director del Festival Internacional de Poesía de Jönköping.