
Los reyes de Bulgaria, Valentín Kovatchev y Charo Escobar
Valentín Kovatchev: clasicismo y surrealismo del siglo XXI
He buscado a Valentín Kovatchev y le encontré en Málaga. Él es, sin duda, uno de los artistas más representativos del clasicismo y, sobre todo, del surrealismo del siglo XXI. Sus raíces en la Bulgaria comunista de finales del siglo pasado marcarían el comienzo de su prolífica y exitosa carrera internacional que nos muestra su virtuosismo como dibujante, grabador, pintor y escultor. Es un autor disciplinado, con una imaginación y creatividad tan desbordante que no necesita dibujo o boceto preliminar para sus obras. Para él, el surrealismo no es una simple corriente artística y literaria, es mucho más que eso. Es un estado de ánimo, una filosofía de vida, un modo de ser, pensar, actuar y reflexionar ante los hechos de la existencia humana y de la historia. Es una manera de romper las reglas naturales y sociales para provocar que el espectador ponga en marcha la imaginación y la libre asociación de pensamientos. Y sobre todo, es la mejor manera de plasmar el lenguaje de sus sueños y de expresar su sentir por todo lo que acontece a su alrededor. (Arturo Prado Lima)
APL: ¿Cuando empezó todo esto?
Valentín Kovatchev: Creo que la pasión por el arte era mi destino. A la temprana edad de seis años ya recibía clases de violín y dibujo. Realicé el bachillerato artístico en el Liceo de Bellas Artes de Sofía y posteriormente me gradué en la Facultad de Bellas Artes, en la especialidad de grabado, después de cumplir dos años del servicio militar. Aquí, me gustaría comentar algo importante que iba a cambiar mis expectativas de licenciarme en pintura.

En las pruebas médicas para el ingreso en el ejército, me diagnosticaron daltonismo grado tres, y yo que quería solo ser pintor! Esto motivó que cambiase la especialidad de pintura por la de grabado, ya que temía que no me aceptaran por esta circunstancia o que cometiera algún fallo en las exigentes pruebas de acceso y, lo que sí tenía muy claro desde niño, es que quería ser artista. Así fue como descubrí el fascinante mundo del grabado que cautivó, durante siglos, a los grandes maestros como Durero, Rembrant, Goya, Piranessi o Picasso. Dediqué muchos años a la investigación de la técnica del grabado al aguafuerte hasta inventar mi propia técnica, que, por cierto, pronto sería reconocida internacionalmente, así que tanto trabajo, esfuerzo y dedicación se vieron recompensados.
Las primeras series de grabado realizadas en Bulgaria y en mi estudio privado fueron “De Hermann Hesse”, inspirada en la literatura de mi autor favorito; “De Pájaros y Hombres”, inspirada en Leonardo da Vinci, mi gran profesor y maestro entre los maestros y “Erosión”, compuesta por diecisiete aguafuertes e inspirada en obras maestras de la pintura de iconos rusos, griegos y búlgaros y, por supuesto, en el entorno que yo estaba viviendo.
Una época dura, finales de los 80, algunos compañeros de mi facultad se suicidaban. “Erosión” fue un soplo de aire fresco para mí, una liberación, pero, sobre todo, una invitación para reflexionar sobre la erosión de los valores humanos, espirituales, también de la naturaleza por la preocupante utilización de armas y productos químicos. Creo que es una serie visionaria por todo lo que está pasando actualmente a nivel global. La comencé en 1989 y terminé en 1992, justo antes de mi traslado de Sofía a Málaga.
Pero también “Erosión” me causó muchos problemas, yo trabajaba como pintor en el gabinete artístico del Ministerio de Defensa, imagínate, pintaba tanques, soldados, lo que me mandaba mi jefe, un coronel y los iconos no eran muy bien aceptados. En aquella época mi hijo Misho tenía nueve años. Tuve que abandonar mi trabajo y marcharme en busca de otros horizontes fuera de mi país, lo que marcó el comienzo de una maravillosa y nueva etapa en mi vida personal y artística. Esta serie es la clave y el comienzo de mi discurso artístico, que continúa hoy en día.
APL: El misticismo es parte fundamental de su obra pictórica. ¿Así es?
VK: Me encantaría que así fuera. En la etapa búlgara nació espontáneamente un elemento muy significativo y presente en casi toda mi obra: la escalera. Prácticamente no hay obras sin escaleras, ya forma parte de mí. Algún grabado o dibujo contiene más de cuarenta. La escalera no sólo me ayudó a evadirme de todo lo que me rodeaba y no me gustaba y, si te fijas bien, como casi siempre están dirigidas hacia el infinito, como una especie de antena o satélite de comunicación para conectarme con otros mundos, otras dimensiones, otros entes, con Dios, con el espectador, con el norte con el sur, conmigo mismo; todo es posible, no hay barreras, si uno quiere. Todo está en nosotros.
APL: ¿Qué cambia de Bulgaria a España?
VK: Lo cambia todo, no solo porque llegué a España, cuna del Arte, de la mejor manera posible, de la mano del amor para casarme con Charo. También porque podía tratar cualquier temática libremente. Te parece poco?. Fue una catarsis. Mi primera serie en grabado “Anatomía del Toro Salvaje”, obtuvo inmediatamente reconocimientos internacionales como la Medalla de Goya de Plata en la “X Bienal de Arte de Iberoamérica” en México D.F., en 1996, representando a España y en la que destaco el sufrimiento del animal, y otros galardones en España y Alemania.

Aquí retomaría el dibujo convencional, lo que entendemos dibujo como obra única, con la pieza “El Viejo Picador” que obtendría el Primer Premio del Certamen de Dibujo convocado por el Ayuntamiento de Madrid en 1996. Había abandonado el dibujo durante décadas por mi dedicación exclusiva al grabado sobre plancha de zinc, siempre sin dibujo preparatorio como comenté antes por eso no tengo una gran producción de dibujos. Aunque nunca abandoné el dibujo porque es mi auténtica pasión, lo único que hice fue sustituir el lápiz de grafito por una simple aguja de coser que me permite dibujar sobre el metal.
También retomé la pintura con la exposición-homenaje a Picasso en su ciudad natal, Málaga, en 2001, donde resido desde 1992. Tengo curiosidad por ver algunos de aquellos óleos que pintaba en el gabinete artístico del Ministerio de Defensa de Bulgaria en los 80.
En los 90 el grabado estaba en alza en España y Europa. En Alemania realicé diversas exposiciones individuales, en el Museo Hermann Hesse en su ciudad natal (Calw) en tres ocasiones y participé en ferias internacionales y bienales de arte, siendo finalista; así como en la Universidad Humboldt, en Berlín, donde estudió Einstein. Y como anécdota, dos aguafuertes de la Serie “Anatomía del Toro Salvaje” terminaron decorarando el despacho del Ministro de Agricultura alemán. El grabado es muy apreciado en este país por ser su origen en Europa, con Durero como máximo representante del renacimiento alemán y de esta técnica, que hoy en día se sigue enseñando hasta en los colegios. A nivel anecdótico, el Rey Simeón de Bulgaria, a quien profeso un gran respeto, admiración y cariño, me llamaba el Durero búlgaro y cuando conoció mi pintura me llamaba el Dalí búlgaro.
Por cierto, la serie más difícil de ejecutar en toda mi producción es, sin duda, “Don Quijote con alma búlgara”. Un encuentro de culturas sin precedentes en la que brillan los valores humanos y espirituales inspirados en el personaje literario y en la figura del Rey Simeón II de Bulgaria, no fue nada fácil. Pero es mi mejor legado.
Mis exposiciones recorrieron toda Europa hasta en Qatar. La diversidad de temáticas también se hizo notar en mi obra, caballos, halcones, música, danza, literatura, personajes de la historia, grandes maestros y, sobre todo, la figura de la mujer como fuente de vida e inspiración. Pienso que en todo ello hay un denominador común, que es la belleza, otra vía de comunicación. La belleza es otro misterio en todos los aspectos. Dicen los expertos que la vibración que experimentamos al contemplar algo bello es comparable a la vibración del amor. Quizás esa sea la clave.
- APL: Las tres temáticas, la música, los caballos y la mujer. ¿Cuál es el color de cada uno de estos elementos?
VK: En Málaga todo es una sinfonía azul, el cielo, el mar, creo que por eso el azul celeste domina en mi producción española. En Bulgaria no tenía un color preferido porque allí todo era gris, metafóricamente hablando.
APL: ¿Cuál de las técnicas reflejan más sus emociones o las de los demás?
VK: Grabado, dibujo, pintura, escultura? pues creo que todas ellas, no puedo elegir una. No importa qué técnica, lo importante que el sentimiento del artista en sus creaciones sea verdadero, auténtico. Y si con ello consigo despertar alguna emoción del espectador pues ésto me hace muy feliz. Por experiencia el público que visita mis exposiciones se siente muy conmovido por muchas y muy diferentes obras y detalles, una lágrima en el ojo del toro, una puerta cósmica en el cuerpo de una mujer, una escalera hacia el infinito, etc.
Mucha gente me comenta que mis obras son como ventanas en el universo, una invitación a entrar en él y cuando están dentro de la obra, la magia se manifiesta y se encuentran exactamente en el interior de su Ser. Uff, yo me quedo maravillado de lo que me cuentan y experimentan. En verdad el Arte si no existiera, habría que inventarlo.

Charo Escobar
CHARO ESCOBAR: UN ÁNGEL EN LA VIDA DE VALENTÍN KOVATCHEV
En 2004, durante el Encuentro Mundial de Culturas de Berlín, le pregunté al poeta ecuatoriano Huilo Ruales, que vivía en Francia, qué pensaba de la Gran París cultural de todos los tiempos frente a esta nueva efervescencia de culturas, artistas, escritores, poetas, teatreros, compositores, actores, cantantes que se agolpaban en la capital alemana provenientes de todos los países del mundo, especialmente de los países de la desmantelada Cortina de Hierro. “París es una vieja cansada”, dijo Rúales, “Berlín es una quinceañera en plena potencia”. Y tenía razón. Para dar una idea de ese potencial, el listado de invitados al festival estaba contenido en un libro de 1.200 páginas.
Valentín Kovatchev empezaba por ese entonces a ceder, a dejar la aguja de grabar y a empuñar el pincel de la mano de un angelito madrileño llamado Charo, Charo Escobar. Era la influencia de la cultura occidental y la de su musa, quien ya lo había deslumbrado no sólo con belleza y talante femenino, sino con ese cielo azul hermoso de España, abriendo espacios y caminos para el pintor en todas partes, desde México hasta Berlín. Las tendencias que se miraban en torno al arte a finales de los 90 y principios del nuevo siglo eran de cambio total. La revolución digital, o la Cuarta Revolución, amenazaban arruinar muchos estilos de vida, fenómenos sociales y comportamientos masivos.
Charo, la esposa y musa de Valentín, agente de viajes y responsable de que el pintor búlgaro llegase a España para pintar los más bellos rostros femeninos, toros, caballos, paisajes cósmicos y mediterráneos inimaginables, abrazando de una u otra manera la pintura, lo tiene muy claro. Desde que conoció al genio búlgaro, hace 28 años, no se ha separado de él y conoce todos los cambios que ha experimentado a través de su vida. Ella lo recuerda así: “conocí a Valentín en el verano de 1992, en Italia. En Capodimonte, un precioso pueblito al norte de Roma, donde realizaba una de sus tantas exposiciones y hubo un flechazo. Al cuarto día de conocernos me invitó a ir a Venecia y una vez allí me propuso matrimonio”.
Cuando le pregunto sobre qué se siente al ser musa de uno de los pintores más representativos de la Europa post soviética, sonríe: “Eso dice él”, argumenta. Pero la realidad es que hablando con ella, descubrí que Valentín forma parte de esa minoría de genios privilegiados que hacen verdaderas obras de arte a pesar de las limitaciones. Hablo de la ceguera del escritor argentino Jorge Luis Borges, de la sordera de Beethoven, de la ceguera y sordera de la escritora Norteamericana Helen Keller. Ahora tenemos que hablar del daltonismo de Valentín. Este es un fenómeno óptico que confunde los colores, verde y rojo y otros también dependiendo de la luz ambiental.

Charo Escobar y Valentín Kovatchev
Aun así, la pintura le apasionaba y descubrió otro lado de sus sentimientos. El colorido de sus obras asombra al público. Porque para quien se entrega a una causa, las carencias dejan de ser obstáculos y se convierten en escaleras espirituales para subir a la cima. Quizá, como reconoce Charo, entre los escalones que han llevado a Valentín hasta estas alturas no está solamente la escalera que ha interiorizado el artista, sino ella misma, la mujer, la guía de las exposiciones, pues ella es la que mejor conoce el origen y camino de tránsito hacia la obra perfecta, apoyados, eso sí, en un ejército de angelitos que ha hecho posible todo esto. Y de ese ejército forma parte su talento, su disciplina, su imaginación, su conocimiento, su memoria y también, aunque parezca ilógico, su resistencia a los cambios de hoy, pero que al fin y al cabo terminan sucediendo.
Recuerda Charo que no fue fácil que cambiara de técnica, después de más de dos décadas de dedicación exclusiva al grabado, pasar al dibujo y pintura fue como entrar en un mundo desconocido en el que no había experimentado el color. Pero muy pronto los hizo suyos.
Lo que más me maravilla, dice, es verle crear a partir de una simple idea, ver cómo va naciendo cada obra y, sin ningún boceto preliminar es algo tan mágico que no se puede explicar, hay que vivirlo. Por eso me encanta capturar esos momentos en desarrollo de las obras para mostrar esas imágenes efímeras que solo él y yo tenemos el privilegio de conocer, son como hijos. En verdad, ésto la gente lo aprecia mucho.
No he visto otro artista con esa capacidad creativa, cómo pasa de un tema a otro, de música a caballos o toros, de arqueología a Las Meninas, de Don Quijote con alma búlgara al ajedrez cósmico, de retratos de Reinas o Reyes a la más bella maternidad. De cómo interpreta sus sueños y los míos en un mismo lienzo. Lo que sí sé es que vivir con un ser tan especial como Valentín y rodeada de tanta belleza es algo fascinante!
Venía de un sistema político cerrado al mundo, sin una ventana de escape, y se encontró esa efervescencia mundial de cambios históricos en el nivel social, económico, político, cuya fotografía más cercana es esa Berlín del Festival Mundial de la Cultura. Y allí estuvieron Charo y Valentín, muy cerca de Herman Hesse, quizá acercándose a ese camino muy diferente a su forma de ser que es El Lobo Estepario.
Valentín Kovatchev es uno de los artistas nacidos tras la Cortina de Hierro que descubre un occidente efervescente y que ancla en esa efervescencia el sueño de su vida: vivir para crear. Y ahí está Charo, no como un objeto, una musa o una imagen, sino como sujeto decisivo en el resultado final de una de las mejores obras artísticas de los últimos tiempos.






























Valentín Kovatchev: clasicismo y surrealismo del siglo XXI
Casi un siglo después del surgimiento de las vanguardias y muchos más desde el movimiento renacentista, encontramos hoy en día el afán de artistas por investigar el pasado como método de inspiración para crear su estilo propio. En Kovatchev la antigüedad y el Renacimiento ha supuesto una lección de técnica y de conceptos para su trabajo, tal y como afirma “No se puede olvidar lo clásico, todos los artistas hemos aprendido de ellos. El arquitecto, el pintor o el escultor moderno crea una vez estudiado el pasado, toda creación es una consecuencia de la antigüedad”. Por ello, el artista tomó predilección en un momento de su carrera por el grabado, técnica que lleva siglos funcionando en el mundo del arte, pero nunca caduca como vía de expresión. Entre sus obras de grabado destacan ”Suite Picasso”, “Don Quijote con alma búlgara” y ”Anatomía del Toro Salvaje”, en las que vemos como Kovatchev ha trabajado hasta el más mínimo detalle del dibujo, gracias al proceso de elaboración tan complejo que lleva años poniendo en práctica.
Otra característica de sus obras es la lección del Surrealismo presente en todos sus cuadros y grabados “mi surrealismo es una continuación de la corriente de los grandes maestros como Dalí y Magritte. Yo sigo como discípulo de ellos, y después de mí habrá quiénes continúen, porque cuando ves un cuadro surrealista se ve que es un sueño, que no es real, y esto gusta a todo humano porque todos soñamos y fantaseamos” apunta V.K. Uno de los elementos que hace distinguir un cuadro de Kovatchev es el dibujo de una escalera a la que el artista considera como “una metáfora espiritual que significa comunicación con otro mundo, una vía de huida para escapar de algo, una búsqueda de libertad”
Sin embargo, para llegar a obras como Da Vinci tocado por el halcón o Ajedrez Cómico IV, Kovatchev ha pasado por muchas etapas investigando y perfilado las ideas estéticas de su trabajo. El artista opina que hasta el pintor abstracto necesita atravesar diferentes momentos en su trayectoria para encontrarse con su forma particular de crear “Hay que pasar por muchas etapas, Kandinsky, Miró y Picasso también dibujaban paisajes antes de pintar abstracto. Mi consejo para los jóvenes es que dibujen antes de hacer abstracto (…) todo arte es consecuencia de una investigación, la última capa de muchas otras”.
Su galería, gestionada con la ayuda de Charo, su mujer, persigue servir de espacio dónde no sólo se conozca la obra del artista, si no dónde los visitantes puedan aprender sobre su proceso creativo y técnico. Ejemplo de ello es el panel explicativo sobre la elaboración de sus grabados, herramientas que utiliza, como la famosa aguja de coser, que colocan al lado de las obras y el audiovisual “Valentín Kovatchev y el arte del Grabado” que también puede verse en youtube o en su propia web www.kovatchev.com (Original de la Revista «Descubrir el arte»)
UNA MUESTRA DEL GRABADO DE VALENTÍN KOVATCHEV



