La foto es cortesía de Carmen Boullosa
JOSÉ ÁNGEL LEYVA y un extraño silencio de sauce en las pestañas
José Ángel Leyva, Durango, México. Poeta, narrador, periodista, editor y promotor cultural. Es fundador y director de la editorial y la revista literaria La Otra. Actualmente es responsable de Publicaciones de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Ha publicado más de 20 libros de poesía, narrativa, divulgación de la ciencia, periodismo y ensayo. Sus obras más recientes son Lectura y futuro, Fondo Editorial del EDOMEX, 2015; Guillermo Ceniceros. Laboratorio de Formas, 2018; Voz que madura, entrevistas a poetas iberoamericanos (tres volúmenes), BUAP, 2018; Luz y cenizas, FOEM, 2019, El mezcal de Durango, un trago de luz y paciencia, 2019, y Enrique Arturo Diemecke. Biografía con música de Mahler, 2020. Libros suyos han sido traducidos íntegros al francés, italiano, serbio, polaco y parcialmente al sueco, portugués, inglés y al rumano.
(De Duranguraños)
Mi abuelo
(A Juan Gelman)
Mi abuelo tenía unos largos cuchillos afilados
y un extraño silencio de sauce en las pestañas
Dice mi padre que era experto en matar de un solo tajo
abrir las bestias en canal y desollarlas con pericia
Desvanecer en cortes cirujanos a la presa
Mi abuelo José Ángel no pensaba en el dolor
ni en la muerte de la carne
Cada mañana en su interior se desangraba una palabra
Un pinchazo al corazón se le clavaba al hundir el pan
en el café matinal en medio de los fiambres
Imaginaba que encendía temprano un horno
amasaba harina y enseñaba a los nietos a inventar
formas con nombres que se encienden al calor del barro
El carnicero despertaba en su local de garfios y de sangre
Rebanaba piezas de res de cabra de cerdo de cordero
Callado
Regalaba a la clientela una sonrisa calma
A veces el alcohol recuperaba el sueño
el aroma del pan las ascuas brillantes de sus ojos grandes
Tomaba la calle con risa y voz desconocidas
Compraba en el retorno a casa la mejor repostería
Murió el abuelo porque el trigo le dolía al miocardio
antes de conocer nietos y de ser viejo
Sus hijos heredaron de mi abuela el magisterio
y una sentencia que dijo era de José Ángel
“La palabra es al hombre lo que el hombre a la palabra”
Abandonó la familia el matadero por un salón de clases
En mi infancia recuerdo a mi padre sacrificar animales
con manos de maestro
escribir discursos y poemas para grandes banquetes
en una comunidad analfabeta
También lo vi hacer hornos y pan junto a mi madre
Ahora me pregunto al escribir sobre el abuelo
En dónde quedaron sus largos cuchillos afilados
Los nombres de la harina
En dónde la palabra-carne
La región ausente
Hay un espacio tan lleno de vacío
donde mi voz no es voz sino eco
el puro cascarón del ruido
la marca de un pie que no me calza
He deseado regresar y ya no existe
la región donde dejé de ser
el territorio por mí deshabitado
En mis calles no hay caminos
Si intento describir la dirección del aire
en cada esquina de su ser baldío
aparecen esferas de cardos en la lengua
recuerdos de un cadáver en la plancha
conservando en formol su aburrimiento
Con las primeras gotas de luz
el cielo fibroso se adhiere al descarnado suelo
resplandeciente de manos y nervudos brazos
Otras tierras empujan sus arenas
en vendavales de un azul esmerilado
La calva ciudad peina sus frondas
El polvo nos embosca
Los árboles se van desvencijando
(De Tres cuartas partes)
LA PERRA
Ha venido la perra a lamerte los zapatos
Ronronea y se pone a jugar patas arriba
Espera a que le rasques y acaricies con la suela
El animal carece de memoria no tiene dignidad
La humillación parece ser el fundamento de su especie
—te inquieres con rabia y no puedes evitar la repugnancia
Ayer con otros niños la viste perseguida y montada por los perros
Decidieron castigarla por asco o por mostrar carácter
El magisterio del amo o de quien aprende a someter al débil
pasaba por la fuerza y el juego ingenioso de los jueces
La colgaron por las patas traseras a una viga
Aullaba la piñata de dolor entre risas y gritos de muchachos
La sacudían a palos le picaban con fruición el ano y la vagina
El dolor ajeno es impermeable a las cuestiones
Son tiempos de guerra pensabas al emerger en ti
un pulso de piedad o de conciencia
Decidiste entonces frenar el juego
Por años la imagen de la perra te persigue
Es fiel a tu dolor y a su tortura
Cada mañana aparece en la puerta de tu casa
En su mirada ciega los ojos son los mismos
que preguntan por qué desde la infancia
Para Antonio Gamoneda
desde Un armario lleno de sombra
LA BUENA MUERTE
Cuando emerge tu padre en el retrato
adviertes tu cuerpo en la plancha del quirófano
indiferente a las lámparas y al frío
Tu dignidad de personaje estacionario
empata bien la sobriedad con el nautilo disecado
Una pata de pollo un ave rapaz en la pintura
bichos que vuelan y se arrastran sin moverse
El bello instrumental no tiene utilidad alguna
Arturo —te dices mientras pones en huelga el pincel
y el lápiz no le compite al carboncillo su carácter—
Las marcas del insomnio están en paz
Las ojeras son blanco de los ojos
La palidez —insistes— lo dice todo
el espejo de metal inoxidable no se empaña
Te mueres más joven que el destino
Aún te crece la barba y el cabello
después de ajustarte la mortaja
Los santos óleos te llevan al final del túnel
El corazón se pinta solo
y vuelves a empezar fuera de cuadro
Para Arturo Rivera y sus “Ejercicios de la buena muerte”
(De Catulo en el destierro)
Cada quien trae en su puñal
coágulos de un sueño
trozos de locura en el insomnio
desasosiegos de ayer entre las uñas
Cada quien mata su verdad
para ganarse el pan y el reino
*
Un hombre es muchedumbre afuera
Cuando solo es nadie adentro
Es culpable de creer en su inocencia
Después de crear a Dios y asesinarlo
Es su propia falsedad
su miedo
su pobreza
Un numero incontable
en la nómina sin nombres
en los ecos sin sustancia
del ser que nunca está
Es aquello que no es
*
Yo no sé si vino Dios
o si fue
su rencoroso olvido
o si es
su dolorosa inexistencia
pero dicen que lo vieron
algunos
que todavía lo ven
*
Vamos a descorrer esa falda de serpientes
para asomar la cara entre los muslos del sueño
que la mirada alcance a penetrar la lejanía
y acaricie la intimidad de las entrañas
*
Hagamos el amor en pozos insaciables
donde entrar y salir no nos vacíe
o deshabite de criaturas preñadas de criatura
*
Entremos por esa vulva rota
a descolgar las máscaras del héroe
a retirar los mausoleos del siglo
que nos deja aún la culpa de una cruz
que con lástima lastima
*
Pasemos a mirar de nuevo el vientre
donde la imagen existe por sí sola
como nacida del invento de su carne
*
Hoy
que la amenaza de olvido
es mayor que los recuerdos
aluviones de cenizas nos ocultan
campos de batallas
donde yacen los ayes
que el dolor no aprende a oír
son cuerpos sin formas
miembros de signos amputados
cirios sin habla
se consumen en trincheras
donde antes de morir se muere
el combatiente llevado por la leva
*
Apenas dos mil años y ya somos un alma sin pellejo
un corazón desvencijado
un cerebro invadido por bases militares
en las zonas visuales de la risa
Apenas erguimos la cabeza
dejamos de andar sobre las manos
dudamos y escribimos
y ya nos faltan fuerzas sensoriales
nos tiemblan las piernas
el café se nos derrama
confundimos generales con poetas
Apenas estuvimos en Babel
pero antes
fue primero el sustantivo
y ya nos llegan cartas de nietos olvidados
que no nos dicen nada
nadie recuerda que existimos
(De Aguja)
Nagual 9
Golondrina
Dominada por voces e imágenes horrendas
asoma de nuevo los ojos a la calle
La tormenta dejó una calma de neblina
Charcos y arroyos espejean un sol matinal
La mujer reconoce el tic de su mejilla
en el temblor insólito del agua
No hay nadie en la ciudad
Escaparon a tiempo las almas del terror
Es ella sola en su refugio de periódico y cartón
Da unos saltos por la acera
El cuerpo pierde gravedad y lastre
Juega en los alambres eléctricos
Le gusta sentir la vibración de la corriente
debajo de las patas
Es tiempo de emigrar a otro verano
Nagual 10
Poeta
Al final uno se convierte en lo que escribe
o no con mano propia
Quién habrá de creer en tu nagual
si no olfatea el temblor de la imagen aterida
muerta de miedo ante los ojos que la observan
Chorro de sombras sin control
en busca de lo nuevo
La desmemoria pone al corazón en una trampa
No volamos ni anduvimos con las branquias puestas
En el papel desierto
uno recuerda la forma de cazar la liebre
de hacer sandalias con piel de los reptiles
de mudar por dentro antes del alba
Levantas la tapa y ves tu propia muerte
Bulle el gusanero de letras debajo de un título y de otro
Parecen luces de neón cubiertas de ceniza
Tu máscara y tu nombre ocupan el lugar
de esa persona que no llegaste a ser
Un día cualquiera la ahogaste con la almohada
Algo de ti quedó en su testamento
Acabas de nacer
Alguien te lee



