Dos ruedas de libertad

 

«… tu sai che il loco è tondo, / e tutto che tu sii venuto molto / pur a sinistra… / non sei ancor per tutto il cerchio volto»    – Virgilio –

Mi papá con una bicicleta que parece a un panzer alemán es la foto que sigo buscando, no en mi mente adonde sigue firme, color sepia como las imágenes del neorrealismo italiano, la sigo buscando en su fisicidad, un marcalibro en una novela, el juguete de madera abandonado en el sótano de los recuerdos. Mientras la agarraba, me contó él, probaba aquella emoción de un heroísmo que al final nunca fue.

“Un uomo solo è al comando, la sua maglia è bianco-celeste, il suo nome è Fausto Coppi”, estas palabras hicieron una época, la segunda guerra mundial había dejado una Europa devastada y arrojada en la nada, en Italia se inició a pedalear y la industria de las dos ruedas fue aumentando y perfeccionando la fabricación de sus míticas Atala, Benotto, Bianchi, la Cicli Piave y las Bottecchia, la Legnano, Colnago y la Campagnolo, pedaleamos sin descanso, a Coppi se le acercó Bartali, y se fue generando otra de las eternas luchas intestinas italianas, una batalla como la que entre guelfos y ghibellinos, en tiempos de Dante Alighieri, tal vez dio inicio a la división itálica. Un solo uomo é al comando, el sistema binario sigue separando a los italianos y aparecen también los ladrones de bicicletas, los carteros en bicicletas, los amores y los amantes sobre dos ruedas.                                               En bicicletas los italianos van a sus trabajos y a las huelgas de sus trabajos, iban a visitar a sus novias y se escapaban con ellas. Los domingos van a la misa y luego al estadio. Facetas literarias y amarcord de una Italia con el cielo aun azul y las calles sin asfalto. Il Mister de Manlio Cancogni, Peppone y Don Camillo de Giovanni Guareschi. Literatura, cine, todo el arte circuló en dos ruedas, fue inspiración y libertad, luchas sociales y diversión…Duchamp, el Futurismo, Schifano y Keith Haring…íbamos a la escuela, a entrenar al futbol y nos escapábamos hacia el rio, bajo el solleone o con el hielo transparente adentro de las acequias.

Mi mamá posando por el improvisado fotógrafo de un pueblo que pedaleaba día y noche en aquel tiempo, cuando tener una bicicleta era ya de por si un privilegio. Esta foto la tengo, es el blanco y negro de los nuevos negativos Ferrania, el papel fotográfico más moderno, adonde lográbamos imaginar ya los colores futuros. La bicicleta es una Atala, la foto se mueve con la sonrisa de mi mamá, la bicicleta está cargada con las bolsas de las compras del día, tiene un cubre silla de cuero y todas las telarañas protectoras tejen la rueda trasera, el estupendo árbol de morera al fondo, la paz de la casa de campo donde me crie.

Sante Pollastri está escapándose de la policía, el bandido amable Horst Fantazzini siempre en fuga de los carabineros, ambos con bicicletas propias o robadas, Renzo Novatore que le habla de anarquía a Sante Pollastri y así nacen amistades sobre dos ruedas – Il bandito e il campione y el bandito gentile están siempre pedaleando, por amor, por justicia, en contra de la ley – al lado del prometedor ciclista, con una rosa en una mano antes de asaltar un banco, cargándose la amada en la esquina, luego del fallido atraco. La imagen de Butch Cassidy and Sundance Kid cargándose Etta en la bicicleta para fugarse hacia Bolivia…y Mempo Giardinelli y su revolución en bicicleta, sigo leyendo novelas sobre dos ruedas, acción y libertad, un hermoso paso de Il Giardino dei Finzi-Contini en el cual el narrador cuenta: “…ma la bicicletta dov’é che la lascio? Non posso mica lasciarla lá, abbandonata! É nuova, una Wolsit: col fanalino elettrico, la borsetta per i ferri, la pompa, figurati…Se mi faccio rubare anche la bicicletta…”. Giorgio Bassani y su legado de una burguesía hebrea en tiempos de persecuciones y fugas, también sobre dos ruedas…la bicicleta fue poder y libertad, es Mítica (Mythos) Épica (Epos) Utópica (Quimera), como la definió el etnólogo Marc Augé, el Mito de Roland Barthes en sus acepciones literarias, Coppi, Héroe perfecto. Sobre la bicicleta posee todas las virtudes. Fantasma temible…en la Epopeya del Tour de France, en el sueño de una polis democrática y ecológica.

Mi tío Bruno vivó toda su vida entre boxeo y ciclismo, fueron sus fanatismos que le permitieron una larga vida. Antológicas, podríamos llamarlas así a las sesiones que duraban tardes enteras con él mirando a la televisión las etapas más duras y espectaculares de un Tour de France, de un Giro d’Italia o las primeras apariciones tele transmitidas de una Vuelta de España. Él estaba siempre clavado a una silla, con dos cajetillas de cigarrillos bien ordenadas en la mesa, el botellón de vino tinto y el vaso siempre lleno. Los veranos eran húmedos de bochorno y de sudor y cargados de insultos, blasfemias, reproches, nervios siempre al hilo de la explosión, el gancio destro de Cassius Clay valía el sprint final de Eddy Merckx, el duelo Giuseppe Saronni-Francesco Moser una pelea entre Roberto Mano de piedra Durán y el estadounidense Sugar Ray Leonard. Cuanto me divertía yo, sentado muy cerca de la puerta, con un pie alejando a las gallinas y a los patos, a los perros y a los gatos que intentaban entrarse a la casa, y con el otro pateando la pelota sobre la pared sin pintura. El silencio de las tardes de verano podía ser interrumpido solamente por el grito al final de la etapa, hasta la voz de Adriano De Zan, el eterno comentarista del ciclismo, el de los “Gentili signore e signori, buongiorno”, se quedaba muda frente al entusiasmo de mi tío Bruno. Puñetazos y pedaleadas, el boxeo y el ciclismo, antes de la última representación sagrada de nuestro tiempo, el futbol, estos dos deportes fueron durante muchos años, toda la fuerza y la valentía del ser humano. El rescate a dos guerras mundiales, al hambre y a la miseria.

Surplace en las pistas de velocidad, una meditación sobre dos ruedas, concentración y respiración, un Nirvana antes de la explosión de la velocidad. Lo hacemos frente el semáforo rojo, antes de las cebras en las insensibles ciudades que no ofrecen aun un camino libre a los ciclistas. A un lado, en las tristes aceras, un limpiavidrios respirando esmog miles de horas al día, al otro lado la esquizofrenia del último hombre, la “rabia de carretera” (road rage), el paradigma de las urbes pensadas por el auto, en una sociedad programada exclusivamente en función del transporte motorizado.                                                                                                                                                           Surplace y luego el movimiento de los brazos, guiñadores manuales, una señalética gesticular para una posible polis del futuro. Hoy el ecodelibery ofrece un valor agregado a una ecología necesaria, el útil heideggeriano, dos pedales y fuerza motor del hombre, quemar grasas y no combustibles fósiles, recita el sticker en los aparatosos bolsones que transportan pollos a la broaster, pizzas, comidas coreanas, mexicanas, almuerzos completos, gaseosas. Carbohidratos y calorías.                                                                                                      Surplace continuo parece el de Ricardo Eid, ciclista urbano que maneja su bicicleta como si no existiera el automóvil. Andar pedaleando por la Llajta sin necesidad del Dia del peatón (¡y generar más basura que en otros días!), andar pedaleando por la Llajta porque la planicie permite desplazarse por donde quieras, la ciclovía en sus elogios y críticas, en muchos estudios que Charly le ofreció, animar un corredor biológico que la incluya y ofrezca a la ciudad el verde, un arbolado que hoy tanto le hace falta. Otro estudio lo ofreció sobre la bicicleta en Muerta ciudad viva, enorme novela del amigo Claudio Ferrufino Coqueugniot. Mi ruta casi diaria para pequeñas entregas o simplemente desplazarse de este a oeste más rápidamente que con cualquier otro medio, la ciclovía merece un mejor destino.

“…el hombre, aquel hermoso ejemplar que sudó la gota gorda para descubrir la rueda.”                     -Jesús Urzagasti-

Un diseño, atribuido a Leonardo da Vinci, es el inicio de infinitas hipótesis, la bicicleta que utilizamos hoy fue pensada durante el Renacimiento y rediseñada miles de veces hasta nuestros días. Con sus chifladas formas, rueda delante de un tamaño y la de atrás de otro, sin pedales, sin bastón central para las mujeres, con asientos futurísticos, la maquina corredora sigue su metamorfosis, en el diseño y en los materiales. Desde la madera, el fierro, el aluminio, materiales comunes, ordinarios, evolucionado hasta llegar a la fibra de carbono de la nanotecnología actual, bicicletas que levantas con un dedo.

Los gemelos Simeón y Alexandre, los de onthegreenroad, llegaron a Cochabamba unos años atrás, con dos bicicletas cargadísimas y mucha gana de conocer realidades ecologistas en todo el país. Sudamérica era su última etapa de una vuelta al mundo que en un mes preveía el retorno a Francia, la ECO Feria fue su primera visita, un miércoles envuelto por un maldito surazo. Mientras nos entrevistaban las caseritas miraban incrédulas las bicicletas de Simeón y de Alexandre, como en las viejas valijas de los viajeros de película, sus bolsones estaban cargados de stickers de todas las etapas de su vuelta al mundo. ¡Me parecieron desde un inicio un tentativo de Phileas Fogg y de Jean Passepartout que querían romper el tabú de Jules Verne, hacer viajar a sus personajes también por Sudamérica! Se parecían en mi imaginación o lo fueron en sus actuaciones. Se reían y no entendieron bien cuando les observé que ellos, al contrario de los personajes de La vuelta al mundo en ochenta días, dieron vuelta al mundo en bicicletas, el único medio de transporte que los personajes de Jules Verne nunca utilizaron.

La Doble Copacabana GP Fides se disputó desde 1994 hasta 2007, pasando en 2008 a denominarse Vuelta a Bolivia, el sacerdote jesuita Eduardo Pérez la comentaba con tanto entusiasmo hasta el año 2014, cuando por diferentes motivos la Doble Copacabana cesó de existir. El ciclismo no será para Bolivia mientras Colombia, Ecuador y Venezuela están aportando con ciclistas a los equipos profesionales en toda Europa y en los Estados Unidos. Bolivia no country for cyclist

La Raleigh y la Hércules deben tener más de cincuenta años, esperemos que sigan trayendo neumáticos y repuestos de las medidas de estas míticas bicicletas. Bicicletas que conservo como esposas, amantes e hijas…en una ciudad para la bicicleta y que sigue implementando el cemento, el asfalto, los transporte con energía fósil, el abandono de las ciclovías y muy pocas alternativas energéticas, mientras en Italia en 2021 aumentaron las ventas de las bicicletas de un 40%, y la ciudad de Milán tiene 300 kilómetros de ciclovías. Un bonus estatal para la compra de las dos ruedas ha salvado una industria que hasta el 2019 estaba desesperada.

La “sensación de movimiento activo, del poder de la locomoción libre, la emoción del ejercicio saludable” de Lillias Campbell Davidson y de la rebelde, voyant y majestuosa Alfonsina Morini Strada, en una sociedad gilánica con miles bicicletas, cuando machismo y lugares comunes habrán perdido el sprint final será como en Las bicicletas son para el verano, teatro del anarquista Fernando Fernán-Gómez, y cual medio de transporte podía ser, sino la bicicleta, libertaria, sostenible en el espacio y en el tiempo, dos ruedas como metáfora del viento, una pincelada triste de Nataliya Goncharova, un remolino futurista de Fortunato Depero, las fugas de Sante Pollastri y de Horst Fantazzini, siempre pedaleando hasta el final, luego todos como Sísifo para volver a iniciar.

 

Maurizio Bagatin, 28 agosto 2021