Escribe: Nubia Elena Flórez Meza

Pocas veces hemos visto arder una ventana, un territorio, o cualquier espacio, natural o ficticio, y tener esa sensación de fiesta que tiene el fuego cuando el alma está preparada para verlo como lo es: fuego, pasión, adrenalina. Nosotras lo pudimos experimentar en el Centro de Arte Hortensia Herrera, al cual acudimos para sacudirnos de la monotonía y la cotidianidad que suele aplastar fuerte cuando el alma tarda mucho en renovarse. Pudimos experimentar, también, algo poco usual: interactuar con la obra de arte, los espejos, los reflejos, los fantasmas, los ruidos, los silencios que, juntos, hacen esa otra realidad que los artistas nos proponen con sus obras.

Este Centro, como lo anuncia en su catálogo, reúne un conjunto de obras realizadas por los creadores más destacados del siglo XXI, algunos de los cuales han concebido obras especialmente para diversos espacios de este Palacio. Este es el caso de artistas como Tomás Saraceno, quien ha creado una obra para el patio del centro de arte; Jaume Plensa en el ábside que da paso al jardín; Sean Socully en la antigua capilla del palacio; o los paisajes que han intervenido Mat Collishaw, Olafur Eliasson y Cristina Iglesias. Unas obras que dialogan con la arquitectura del lugar y con las más de cien obras de cerca de 50 artistas de renombre internacional.

Lo que les ofrecemos Ángela Nossa y yo, es una vista ligera y más que todo, de asombro, de inquietud, a veces de sobrecogimiento espiritual. Son fotos de nuestros teléfonos móviles, sin mayores pretensiones que guardamos en nuestros archivos y nuestra memoria, estos momentos en que la obra de arte mirada desde el interior humano trascienden hacia el recuerdo de lo particular y lo bello.

FOTOGRAFÍA: NUBIA ELENA FLÓREZ Y ÁNGELA NOSSA