Germán Ortegón Pérez presentó en España su libro «El espejo de los ausentes».

Un encuentro con Germán Ortegón Pérez en Madrid, en el marco de la presentación de su libro «El espejo de los ausentes«, me deja múltiples enseñanzas sobre el papel del arte, la fotografía, en este caso, en un territorio en permanente conflicto como lo es Colombia, el Sahara, o cualquier otro. La fotografía para activar la memoria y no repetir, para salvar y no victimizar. Un libro que te devuelve imágenes, olores, ruidos, texturas, silencios, rumores y nostalgias, pero sobre todo, te reubica dentro de la historia «del otro» y de ti mismo y te invita a reconocerte en los demás para que tu identidad sea plena e inapeable. (El corte al final del vídeo no es como lo planeamos. Un fallo técnico. Disculpas)

Escribe: Arturo Prado Lima

Con Germán Ortegón Pérez, autor del libro El espejo de los ausentes, «nos hemos encontrado para encontrarnos», y no ha sido un encuentro cualquiera.  Detrás de él, o mejor, en el interior de su libro, no solamente lleva su trabajo artístico, sino la memoria de los otros, la identidad de otros momentos, y también el silencio que hace parte de esa memoria. También las ausencias. Una fotografía viva tiene la magia de mostrar las heridas, las cicatrices que, vistas desde el arte pretenden ser la catarsis, o mejor, la memoria de que ese momento existió, hizo su labor natural y se fue. La realidad sigue su marcha pero deja su huella. Y Germán Ortegón es ese hombre que busca huellas de la realidad en todos los rincones del mundo para dar fe de su existencia, de sus consecuencias, de sus traumas y victorias. Con cámara en mano, este nómada de la realidad y la ficción, me ha enseñado sus fotos y ha hecho que mi mente regrese a esos lugares donde antes habitaban los combatientes de las guerrillas colombianas ahora desmovilizadas. Espacios ahora cubiertos por la naturaleza, pues aquellos guerreros dejaron abandonados sus campamentos con sus cocinas, sus alambradas en el patio, sus campos de tiro, las albercas en silencio y se fueron en busca de otro horizonte mejor.

Germán Ortegón en plena actividad fotográfica

Ojeando el libro, al ver una de las casas asaltadas por el monte, tuve la impresión de haber estado ahí. Entonces, de esa casa, de esa fotografía de Germán, empezaron a brotar como arroyos provenientes de realidades paralelas, mis propias memorias. Casi pude sentir la sensación de miedo y esperanza al mismo tiempo que es decidir en un solo instante el destino de tu futuro. Me acordé de aquella ocasión en que llegó un comandante de las FARC a Nariño. Como pude, hice que me recibiera. Era Alfonso Cano. Yo tenía 17 años por entonces, o menos. Le pedí que me llevara al monte, que quería ser parte de las fuerzas revolucionarias. No lo hizo. Por esos tiempos sus tropas estaban acantonadas en Casa Verde, amparadas por un cese bilateral del fuego entre el gobierno y esa fuerza armada. Su negativa me frustró. Así que armé viaje a Bogotá, a su oficina central, pero me volvió a rechazar ya que en ese momento las prioridades eran otras. Pero me dejó algunos contactos que con el tiempo, aun después de rota la tregua, me llevaron a sus campamentos, no en calidad de combatiente, sino de invitado para hablar de poesía. Fue entonces cuando estuve en las casas que ha fotografiado Germán Ortegón. Sentí ese aire de intriga y miedo, orgullo y tristeza que se percibe estando en una casa de estas, ejerciendo de facto la rebelión política y saboreando los olores a café en medio de la selva, a las cinco de la mañana.

Fotofrafía tomada del libro «El espejo de los ausentes»

Fue en una de estas casas que, mientras yo hablaba de César Vallejo a la tropa en pleno, Clara, una adolescente madura, de ojos cenizos y camuflado impecable, se empeñó en perturbarme con su mirada tierna que salida del uniforme de combate era una utopía más de las tantas a las que ya estaba acostumbrado. Después de una de aquellas reuniones, mientras dormitaba en una cama, de esas fotografiadas por Germán, Clara se acercó a mí, en silencio. Yo percibí su aliento de cobre y, entre la penumbra de la lámpara de querosene y la sombra de la pared, vi un cuerpo de fantasma buscando abrirse camino entre sus propios anhelos. “Dile al comandante”, dijo, “que me permita ir contigo a conocer la ciudad”. La llevé. Y al mes siguiente regresé con ella, y ya era otra casa la que servía de cocina para el campamento entre platanales y noches descompuestas por el asedio del limo.

    El artista colombiano con uno de los objetos de la memoria.

Es que rastreando la memoria, que es a lo que constantemente invita la obra del fotógrafo colombiano, plasmada en su libro «El espejo de los ausentes», editado por la Universidad Javeriana de Bogotá, me encuentro yo mismo asaltado por el color y el olor de las experiencias vividas en Colombia.  Son los efectos de la obra de Germán y su trabajo. ¿Cómo podría ignorar aquellas casas asaltadas por el pasado cuando hace tan solo un año, yo mismo regresé a Colombia y encontré mi casa, o la que fue mi casa, asaltada por el olvido? Dentro de ella, sin embargo, la memoria de lo que fui dentro de las cosas y las circunstancias de esas cosas resitía:  había libretas de apuntes, un reloj con el tiempo cuajado en el corazón, camas asaltadas por el herrumbre de la nostalgia, platos oxidados, maletas vacías, molinos manuales, cabestros y montones de ropa, empaques de golosinas, estatuas de santos, zapatos y chanclas sin destino aparente, grabadoras, puertas cerradas para siempre y paredes rotas. Yo me dediqué a fotografiar todo aquello, sin quitar la telaraña de los años, pues en ella la ausencia había tejido otras miradas, otros ojos, otros espejos que, al enocntrarse entre sí, hacían del pasado la palpitante presencia del presente. En el libro El espejo de los ausentes, presentado en Madrid y Barcelona, hay objetos parecidos, cosas diferentes, con significancias incluso contrarias, pero que siguen el camino teórico trazado por Germán. Solo que en otra posición y observados por otros ojos, otras experiencias, otros momentos. (haciendo la aclaración que nuestro personaje es un profesinal. Yo un simle aficionado arrastrado por el ímpetu de su arte.

     Otra imagen de «El espejo de los ausentes»

Tomé una fotografía hace 25 años, de la casa cuando en ella aún habitaba mi familia. No está en mi poder. En una exposición de fotografía que hice en Berlín hace unos años, esa imagen, desprevenidamente tomada, fue la favorita. La compró una cantante y compositora vietnamita. Me gustaría volver a ver esa foto. La tengo en la memoria. Esa misma casa es la que encontré en ruinas hace un año.

Ahora, los objetos fotografiados por el artista colombiano, tienen algo en común con otros territorios cuyos habitantes mantienen un conflicto armado por acceder a una independencia eficaz y saludable para sus ciudadanos.  “los lugares de la memoria”, tanto en Colombia como en El Sahara, en Los Montes de María o en El Aaiún-Saguía el-Hamra, o en el propio Marruecos, tienen la genética narrada por los protagonistas de los tiempos. El desierto tiene su “Memoria de arena”, su poética de la razón, su utopía de salvación como ser individual y como ser social. Así que el impacto del libro de Germán Ortegón, tanto en la diáspora colombiana en Europa como en los apátridas saharauis será un acontecimiento cultural muy relevante.

   «Memorias de arena», la muestra fotográfica del desierto Saharaui

Después de presentar el libro en México, dos en Madrid, (En el Museo del escritor, con la organización de «El ertevive vive vive el arte», que dirigue Odette Ferré, y en ACULCO) y otras dos en Barcelona, Ortegón conversa con conexionnortesur.com y nos comenta las diferentes reacciones que su libro de fotografía va despertando tanto en el público colombiano como de otras nacionalidades. En Madrid ha sido básicamente el contacto con los colombianos residentes en esta Comunidad y con el público latino. En Barcelona con las asociaciones saharauis, precisamente porque Germán es uno de los pocos artistas que ha dirigido su mirada hacia los campamentos de los luchadores de esa región del mundo. Los ha visto diferente y lo ha contado diferente. Y esto ha  generado otro tipo de reacciones a nivel internacional. “Una de las cosas más importantes que me llevo de las presentaciones hechas hasta ahora, es que he cambiado el punto de vista”, dice Ortegón. “El punto de vista obvio es el rostro del otro. Pero el rostro ahora son los objetos, es decir, lo que está pasando ahora. Ya a la gente no le interesa las otras personas. Ahora la prioridad son las mascotas. Yo podría tener otra versión de estas personas y estas historias a través de las mascotas. Cambiamos el punto de vista para ser civilizados. Por un lado, hemos conceptualizado nuestras vidas y por otro las hemos cosificado. Yo por ejemplo, llevo un collar que me regalaron en el Amazonas. Me lo dieron para protegerme. Ahora, debemos preguntarnos cómo hacemos para impactar con el arte. Y para esto sí hay que cambiar el punto de vista. Y para cambiar el punto de vista hay que untarse, si no, no es posible. Ver cómo habita el silencio en todos esos lugares y en todos esos objetos. Y también el género. Es decir, hay múltiples lecturas. Es el multirrelato. Esa historia que me estás contando no es la historia de la foto, no es la foto mía, no es ni siquiera lo que vio la cámara. Es ya visión de tu historia, que es lo que enriquece el relato. No quedarnos con una sola versión de la historia es fundamental”.

      Arturo Prado Lima y Germán Ortegón Pérez en Madrid.

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 GERMÁN ORTEGÓN PÉREZ nació en Manizales. Desde siempre tuvo una gran pasión por la fotografía. Estudió Periodismo y Comunicación Social y se especializó en televisión, en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, y el Instituto RTVE en Madrid, España.

Ha sido redactor en El Diario La Patria de Manizales. Fue director del programa Agenda CM& en el Canal Uno; produjo los Juegos Centroamericanos y del Caribe – Cartagena en el 2006 para Señal Colombia, y realizó el magazín Los Ojos de mi Calle para RCN en el 2005. A partir de 2010 empieza a realizar fotografías y en el 2014 recorre Colombia buscando capturar imágenes para contar la memoria de las víctimas del conflicto armado.
En 2017, la Pontificia Universidad Javeriana, registró su serie fotográfica Lo que fuimos en el Catálogo de Obras Artísticas. Es docente en la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la misma Universidad donde edita el libro El espejo de los ausentes en el 2023.