JUAN CARLOS IBAÑEZ PRESENTA SU GUERNICA COLOMBIANO EN LA EXPOSICIÓN «NÓMADAS DEL SIGLO XXI» QUE SE EXHIBE ESTE MES DE ENERO EN MADRID.

Juan Carlos Ibáñez Torres ha venido a Madrid a pintar desde una catarsis personal y al mismo tiempo presentar el GUERNICA COLOMBIANO, una obra de arte que pretende poner en el mapamundi a las víctimas de la masacre de El Salado, una población de Montes de María, perpetrada entre el 16 y el 21 de febrero del 2000 por 450 paramilitares, que apoyados por helicópteros, dieron muerte a 60 personas en estado de total indefensión. Tras la masacre se produjo el éxodo de toda la población, convirtiendo a El Salado en un pueblo fantasma. El artista colombiano, oriundo de El Carmen de Bolívar (Bolívar), nacido el 21 de diciembre de 1963, fue maestro de dibujo y después de la masacre, de muchas muertes, desalojos forzados, violencias sin nombre, decidió abandonar Colombia y durante muchos años ha estado tratando de visibilizar ante el mundo esta y todas las tragedias del conflicto armado colombiano a través de la pintura, no solo para exorcizar su propio sufrimiento sino para resarcir en algo a las víctimas de la guerra.

Emulando a Pablo Picasso, quien inmortalizó a la población de Guernica después del bombardeo alemán, Juan Carlos quiere poner ante los ojos del mundo la tragedia colombiana con un Guernica colombiano, desde la exposición  «Nomadas del siglo XXI», que se presenta en estos días en Madrid, España. Conexionnortesur.com estuvo con él, y habló de Colombia, de su violencia crónica, de la memoria, de las víctimas, del periodo de transición entre el miedo y la libertad y muchos temas más.

Gracias a la invitación de Francisco Caballero Bejarano, quien ha estado detrás de este gran acontecimiento artístico, hemos podido grabar, entrevistar y convivir momentos de nostalgia, memoria y esperanza en la Asociación Estudio 40, (C. Bulevar Indalecio prieto 21, Centro Cultural de Valdebenardo), donde se realizó una estancia  artística en el mes de noviembre de 2023 y producto de ello, se presenta la obra desde el 10 al 30 de enero de 2024. Luego seguirá por el mundo denunciando y clamando justicia para todas las víctimas de esta guerra sin fin y para los desplazados colombianos a nivel mundial, en especial, de la plástica artística colombiana, que el artista los ha denominado como los «Nomadas del siglo XXI».

Entrevista: Arturo Prado Lima

 Arturo Prado Lima: Juan Carlos, has estado en muchas partes del mundo tratando de pintar algo que no solo te permitiera pasar del miedo a la esperanza, sino también resarcir simbólicamente a las víctimas del conflicto armado colombiano. Con esta obra “El Guernica colombiano”, ¿crees que lo has logrado?

Juan Carlos Ibáñez Torres: Con 20 años como víctima, tenía que abordar este tema en algún lugar del mundo, pero no pensé que fuera en Madrid, en Estudio 40, en una residencia artística con Francisco Caballero. La historia de El Salado fue el acto de sevicia más cruel que he visto y  leído dentro de esa guerra absurda, sucia, que ha acabado con tantas familias, felicidad y esperanza de la población. Llegó un grupo, simuló estar del lado de ese poblado, de unos 7 mil habitantes. Se presentaron como parte de la guerrilla y les dijeron que sabían que los paramilitares iban a atacar al pueblo. Preguntaron que quienes estaban dispuestos a enfrentarlos. Lo que la población no sabía era que eran paramilitares vestidos de guerrilleros. De tal manera que los 14 jóvenes que dieron el paso al frente, fueron sus principales víctimas. Convocaron a una fiesta. Llevaron música, aguardiente, y emplazaron a los líderes del pueblo para discutir cómo se podía hacer frente a ese enemigo. Es decir, un juego perverso, macabro, que golpea en la ignorancia de la gente, que son campesinos, sembradores de la tierra que lo único que hacen es obedecer a quien llega, a los políticos, a los de las FARC o a paramilitares. Ellos escuchaban a todos. Esto fue la excusa para mandar un mensaje a toda una región y a todo el país de que eran invencibles. Claro, esas autodefensas estaban alimentadas por el cultivo de coca, narcotráfico, corrupción y ansias de poder. Todo lo malo y lo perverso confluía en ellas. Se propusieron mandar ese mensaje y comenzaron a hacer esta masacre cortando la cabeza de un campesino, luego desmembrando a otro, tiro de gracia al otro.

Con la primera cabeza que cortaron empezaron a jugar futbol. La fiesta ya había empezado. Había música y aguardiente. El pueblo entró en pánico. A las parejas que estaban bailando les ordenaron que no dejaran de hacerlo mientras seguían masacrando. Los que pudieron huyeron.  Hoy en día, hay personas que aún no vuelven de la realidad de ese momento. Fue un acto de violencia extrema que la única salida amable que ellos esperaban era una muerte inmediata, cosa que no iba a suceder porque el deleite de los paramilitares era jugar con el dolor.

APL: Hay una cantidad de colombianos que han sufrido violencia extrema y hasta hoy no han podido hacer catarsis ni terminar con su duelo. Mucha gente ha tenido que irse del país para iniciar un proceso de sanación, y aun así no lo han logrado. Tú has venido a Madrid y has terminado pintando este Guernica. ¿ por fin sientes algo de alivio?

JCIT: Sí. Aunque queda mucho por hacer porque en Colombia todavía se vive el mismo ambiente de guerra. Todavía es peligroso pintar estos temas en Colombia. A pesar de un proceso de paz que se ha hecho, no hay paz. Porque hay muchos intereses alrededor de la industria de la muerte. Porque se volvió costumbre. Porque todavía hay gente que va a los supermercados a llenar un carro de comida después que matar a una persona. Se volvió costumbre, y es tan deliberado que nos han borrado la memoria.  Sistemáticamente, al colombiano le tapan una masacre con otra. Una noticia cruel la tapan con otra notica cruel. Y si no pueden taparla, hacen una fiesta con esa noticia.

APL: Como artista, tú mismo no has podido cerrar tu propio duelo a pesar de vivir en ciudades como Bogotá, New York y otras. ¿Es aquí, en Madrid, en estas instalaciones que logras sacar tus miedos más profundos y plasmarlos en un lienzo?

JCIT: El duelo lo llevo cargado en mis entrañas desde hace mucho tiempo. Incluso hice un trabajo que está en el Museo de la Memoria en Colombia. Se llama Memoria de las cicatrices, y son pinturas de los desaparecidos y los muertos de una universidad muy importante.  Para mí fue fácil asumir el tema con un alto relieve en una pared. Es un grupo de víctimas que van atadas de las manos levitando hacia un sol binario, como una especie de liberación. Eso se hizo con la colaboración de un grupo de madres de víctimas que se llama La red de tejedoras de la memoria, y con Naciones Unidas. Pero el tema de las masacres no lo podía hacer en ese ambiente sociopolítico, cultural, bélico, politiquero y de entrampamientos que es Colombia. Tenía que hacerlo en un escenario diferente. Tengo exposiciones en New York, pero ahí, el arte se mide de otra manera. El arte se mide por lo que puede aportarle a la industria. Acá, y en este caso específico, se le aporta al ser humano, a la memoria histórica, a la no repetición del conflicto, a la restitución que, a pesar de lo vivido, del dolor, se puede decir que una víctima puede estar en Madrid en una imagen. Simbólicamente. Que puede ser escuchada en otro escenario. En otro teatro. Estos temas en Colombia, y muchos otros, alrededor del conflicto, es un peligro abordarlos en nuestro país. Todavía hay personas en cargos de poder que alimentaron y siguen alimentando el conflicto.

APL: ¿De dónde has partido para pintar este Guernica: ¿del miedo o de la libertad?

JCIT: Yo creo que lo que he hecho es trasformar el dolor en libertad. Eso sana. Eso me ha ayudado a sanar a mí, que por fin sentí que la víctima puede ser desatada simbólicamente. La víctima no tiene por qué ser víctima por siempre. Mi pintura es para aquellos que no tienen voz. Para aquellos que no tienen ni siquiera la posibilidad de contar su historia a un inspector de una comisaría de policía. Ellos son los que hacen parte de esta obra de arte. Aquí quedan materializados ellos, en este espacio, por siempre, como una forma de restituirle algo. Y ese algo puede ser que no sean víctimas de nuevo. No ser revictimizado. De El Salado se desplazaron todos. Hacia Cartagena, hacia el Carmen,  Sincelejo, Bogotá, hacia las capitales. ¿Y qué hace un campesino en una urbe tan grande? Los hijos son víctimas otra vez porque en un alto porcentaje entran en la cadena del narcotráfico, de la delincuencia. Son víctimas del nivel de vulnerabilidad que llevan. Yo digo que la revictimización ha sido sucesiva, en más de 60 años en Colombia. Las víctimas no paran de ser víctimas. Los paliativos de restitución, de recuperación de los espacios que ellos habitaban no son suficientes. Que sus nombres aparezcan en un muro, no es suficiente. La asistencia psicosociológica que les ofrecen, no es suficiente. Ellos quieren ser escuchados y que de su historia se haga eco una voz conocida mundialmente. A ellos los tiene que escuchar el mundo.

 

     Francisco Caballero entrega al ministro de cultura colombiano, Juan David Coerra, una obra del artista colombiano Juan Carlos Iabñez Torres, cuya exposición «Nómadas» del siglo XXI», se exhibe en Madrid.

APL: ¿Cómo pasar de victima pasiva, contemplativa, a esa especie de semillero de esperanzas en el ser humano?

JCIT: A través de la memoria. Cuando estaba buscando la herramienta para no ser víctima por siempre, apelé a la memoria, al olor del cultivo del café que hacía mi madre en una hornilla; al olor de la lluvia, al olor del campo, al sonido de los bosques, al canto de los pájaros. Invoqué a esa memoria maravillosa que tenía desde niño, y eso me salvó. Eso fue lo único que pude utilizar como una barca para que me pasara al otro lado de la orilla. Apelé a esa memoria que conserva los sueños. Yo  tenía una formación artística. Comencé a trabajar con los sonidos, los olores, los aromas, y dije: lo voy a hacer con los rostros. Y comencé a simbolizar los rostros de personas, sobre todo las miradas de aquellas víctimas que me encontraba en los caminos. Con aquellas que, sin decirnos una palabra, entablamos una comunicación y creamos un diálogo sin hablar. Sobre todo con la gente del Caribe, muy cercana a las víctimas de El Salado. Eso para mí fue importante porque aprendí a mirar el brillo del Caribe, la luminosidad del Caribe. Fue cuando entendí la posibilidad de ir sanando a través de la diversidad cultural que tiene el Caribe plasmada en un lienzo. Extensa y maravillosa, mágica. La pintura de la inventiva y la  espontaneidad del hombre caribe que, a pesar de lo vivido y lo sufrido, no desconfía de nadie, sigue siendo generoso. Y es por eso mismo que es fácil ser víctima en el Caribe. Así como lo narra García Márquez en su realismo mágico, en cada rincón del Caribe hay un Macondo, hay una historia nueva que contar. Y la tradición oral ha sido poderosa en todo este proceso. No se dejan de contar historias de los viejos a los jóvenes, a pesar de todo lo que han vivido. Es lo hago con mis cuadros.

APL: ¿En Colombia hay una transición del miedo a la libertad?

JCIT: Hay una esperanza a través del gobierno que ha insistido en que la vida es sagrada, en que el ser humano tiene derecho a disfrutar de la vida, que por la vida, la misma vida. Y eso se lo debemos a Gustavo Petro, quien ha insistido en que el ser humano debe reconocer al ser humano y que la vida está sobre todas las cosas. La lucha ha sido fuerte en Colombia porque se industrializó la muerte, y desmontar una industria quiere decir que unos van a dejar de ganar dinero para que otros vivan. Una contradicción  absurda de lo que ha significado este proceso de dolor y terror.

APL: ¿Cómo se potencia el arte contra el miedo y la soledad?

JCIT: Estas obras son escritos visuales que cuentan su propia historia. Que abordan al espectador de una forma diferente. Para que se cuestionen y lo cuestionen, esa es la finalidad.  Esta es una serie de toda la vida. Tengo una gran responsabilidad con las víctimas. No los voy a abandonar. El  mundo tiene que conocer esto. La historia de El Salado la tienen que conocer en todos los rincones del mundo. Es una forma de repararlos simbólicamente.

APL: En tu obra ya no se ve esa alegría artificial,  fantasmagórica, de esa de cuando ordenaban bailar mientras masacraban. Tú la reemplazas por una alegría creadora, colorida, donde se ven brotes verdes sobre la misma muerte. ¿Es lo que soñabas con tu pintura?

JCIT: A pesar de los elementos simbólicos que la componen, las víctimas están redimidas dentro de mi pintura. Los gestos se trasmutan en figuras que trasmiten otra cosa. Si recorres y haces un paneo por todo lo que hay, te encuentras con algo diferente, ya cambias la visión de la masacre por una historia real, y de qué forma el ser humano puede contribuir a través de un gesto solidario con lo que hay ahí. Las víctimas no buscan otra cosa que el gesto solidario de los indiferentes. Y finalmente, sepultar a los muertos dignamente es un triunfo porque aún están desaparecidos muchos. Para que los familiares sepan en qué tumba común están los suyos. Así las madres pueden saber dónde reposan sus seres queridos. Mientras eso no pase, mientras no aparezcan todas las víctimas, seguiremos en la cadena de dolor.

conexionnortesur.com Invita a observar esta gran exposición de Juan carlos Ibañez Torres, el artísta nómada de Colombia que, con su genial colorido Caribe y su escepcional espátula, va dejando las huellas de de diáspora colombiana en el mundo, en especial, de las víctimas del conflicto armado colombiano.

APL: Mil gracias maestro. ¿Ahora me acompañas a un recorrido por los otros cuadros, por esas otras miradas mintadas en esta temporada?