José Luis Garci y Cayetana Guillen. Imagen: El Español

Esceribe:  Pedro García Cueto

Que José Luis Garci es un cineasta singular, no hay duda. Es un hombre de cine hasta la médula, con memoria prodigiosa, enamorado de las películas, gran escritor de libros de cine y además, amante del fútbol, el boxeo. Pocos quedan de tanta capacidad para evocar, con esa forma tan especial de hilvanarlo todo, sin que en ningún momento decaiga la belleza de un mundo que ya no volverá.

Por ello, hay que felicitar a Reino de Cordelia, por esta joya llamada Garci, Asignatura aprobada, con motivo de los cuarenta años del Oscar por Volver a empezar, donde se dan cita amigos, que recuerdan películas, anécdotas y mil historias de un tipo que empezó a amar el cine de niño y que ya ha vivido embrujado por la gran pantalla. Porque solo así, con el hechizo de la pantalla grande, podemos entender la belleza de las imágenes del cine clásico, donde oímos la respiración del otro, que, callado, a veces se emociona, ¿hay algo más hermoso que emocionarse delante de desconocidos, sin que vean que estás llorando?

    Son muchos los que intervienen en este libro, Carlos Marañón, Luis Alberto de Cuenca, Pedro García Cuartango, Eduardo Torres Dulce y muchos otros, todos ellos amigos del gran Garci. Sería imposible en una reseña citar todas las frases magníficas de este libro, pero destaco como lo califica Pedro García Cuartango:

Imagen: ABC

“En lugar de dedicarse al cine, podría haberse ganado la vida como cronista del barrio de El Retiro porque nadie sabe como él las viejas historias del universo comprendido entre Ibiza y Sáinz de Baranda. Y es que Garci tiene alma de narrador, nació para contar y para escribir y, diría más, para soñar”.

Bellísima pincelada de un soñador que, cuando lo vemos en televisión en Classics, antes en Qué grande es el cine, nos embauca con la belleza que impregna a sus descripciones del cine clásico.

Luis Alberto de Cuenca recuerda cómo lo conoció y destaca sus dotes de guionista, Eduardo Torres Dulce, tanto Luis Alberto como Eduardo sabios de nuestro tiempo, recuerda Asignatura pendiente y dice:

“De nuevo otro ítem fordiano, el de los amores perdidos que retornan vivencialmente una y otra vez, porque nuestros dos protagonistas, Jose (José Sacristán) y Elena (Fiorella Faltoyano), se reencuentran y ese suceso fortuito reaviva los recuerdos…”.

Magníficos diálogos trenzados por Garci, cuando Pepe Sacristán le dice a Fiorella todo lo que no hicieron y no hay mayor tristeza que no haber vivido la vida. Noemí Guillermo lo llama romántico, todos, en realidad, en este libro coral, saben que el director, escritor, es un genio, un hombre de otro tiempo.

Oti Rodríguez Marchante habla del noir, del que dirige Garci, cuando crea a Germán Areta, un prodigioso Alfredo Landa, con mirada triste, de un pasado que erosiona la mirada.

 Nos hallamos ante un libro que no podemos perdernos, una joya que nos envuelve, porque en cada página vive el último romántico, el hombre del cine: José Luis Garci.