Escribe: Jessica Díaz Nandar
El mundo reposa sus fronteras en las sinuosas bondades de una fémina descalza, sus pies, escriben en danza de cintura las colisiones entre la cultura de las noches y el flagelo de los soles, no hay dialecto que se resista a las confesiones del curioso cotidiano entre sus senos de luz de oriente, su coraje instintivo de occidente y el alma caldeada de sur. Todo personaje naciendo en sus ojos, y cruzando, en fino soplo, el volumen de sus labios.
Una mujer audaz que introduce besos letales, da pasión a los ignorados, encarna humanidad y desnuda crueldades con insuperable obsesión. Altiva, hiriente, “silencio de agujas de fuego”. Olor de todas las estaciones sobre las que se escriben jardines y se enrosca la belleza como plegaria y maldición en el mismo aullido.
Ella, paradisiaca, ingobernable, mujer de guerra, capricho y desventura, saliva del color de las naciones, Clara y nostálgica de amores y armas.
El orbe gravita al compás de una voz ligera, que se narra circular, contundencia cíclica de contoneos. Furor, amor y destierro.
Luz de ventana, arrítmica pasión, adrenalina fugitiva, arrebato y paradigma; la dama viva y la fantasmagórica, de dolor extensivo.
Diosa sensorial.
ARMADURA DE HUESO

La rubia de Hamburgo
Ángela, la rubia de Hamburgo, encontró en el voluntariado su razón de vida. Fue así como conoció a Luis, un traficante de Santa Cruz, Bolivia, preso en una cárcel del puerto alemán. Iba todos los sábados, domingos y festivos a visitar a los presos extranjeros y a llevarles comida, solidaridad para su soledad y recuerdos de sus familias, con quienes hacía de correo semanal.
Luis la vio por primera vez en un recital de poesía que ella había organizado en el día de la cultura nacional. Y vio en ella una puerta. No supo si para salir o para entrar, pero una puerta al fin y al cabo. Le escribió un poema. Y ella se enamoró del poema y de él. Así que los domingos hacía cita conyugal.
Durante las jornadas mundiales de cultura, Ángela logró que Luis, que ya había escrito dos libros de poemas para ella, una novela sobre su vida de traficante y tenían un hijo en común, consiguiera su excarcelación parcial, pues tenía que ir a dormir al presidio, y la inclusión como ayudante suyo, que era una de las organizadoras del evento universal de cultura.
Pero, cuando él salió de la cárcel con media libertad, ella ya no sentía el mismo amor y deseo del corazón de cuando esperaba ansiosa a que llegara el sábado, el domingo o el día festivo para verlo. Y durante el evento, prácticamente se hartó de Luis. Habían pasado demasiadas cosas. Sin embargo, después de las seis, hora en que él regresaba a dormir a la cárcel, empezaba a extrañarlo. Luis amaba a ella y a su hijo, y hubiera preferido quedarse para siempre en la cárcel porque era cierto que ella lo quería como preso y no como otra cosa. Terminó la condena antes de lo previsto y fue deportado a Bolivia. Ella volvió a la cárcel y se enamoró de Sadid, un turco preso también por tráfico de drogas.
Al aterrizar en La Paz, Luis, con el corazón dando tumbos por la pista, se dio cuenta que Ángela fue en verdad una puerta, para salir y entrar al mismo tiempo.

(En Colombia, el libro lo puede adquirir en La Librería Nacional y en España llamando al Teléfono +34644349295)




