Caballos de bronce al ritmo de las hojas nerviosas del sur, mirada de poeta, aunque no escribiera poemas, él ya estaba en la memoria del mundo. Él llovía y llovía. Era diluvio. Él hacía los colores y los conjugaba con las sombras, las musas y las lunas hermosas. Creador de moradas en donde los fugitivos del tiempo esconden sus universos solitarios surgidos de los insomnios de la nada.

Te hablo de Aurelio Arturo, de la sangre que canta, de los bosques se surgen de los oídos, de los verdes diarios que conjugan los colores; te hablo de las emociones líricas que humedecen todos los colores. Humilde orgullo que se mete en los huesos, la cerne y el espíritu y lo llevamos, a veces en silencio o a gritos, qué más da, por el mundo exterior y por nuestros propios sueños, sobre todo los que regresamos al norte después de vagar por el sur sin otro horizonte que la poesía misma.

Te hablo de Julio César Góyes, aquel que visualiza con imágenes y testimonios las entrañas de un poema y un poeta; aquel que nos narra sobre el viento que se cierne entre los versos de Aurelio Arturo y nos deja la eterna sensación de hacer parte de los elementos que conforman ese mundo poético del sur de Colombia llamado Aurelio Arturo. Veamos el documental del cineasta Ipialeño, este film que nunca perderá la maravillosa actualidad que ostenta el poeta venteño.

Arturo Prado Lima