He estado de visita en la ciudad de Tuluá, he visitado al poeta Omar Ortiz y me he traído estos deliciosos poemas que hoy quiero compartir con todos nuestros lectores. También estuve con Fabio Martínez y no fue posible la promesa de tomarnos un café con Gustavo Álvarez Gardeazábal. Otra vez será.

Ciudad de México

¿Qué se hizo don Juan de Tamarís?
Desapareció con la princesa Tenochtitlan.
Solo ruinas yacen hoy en extensos socavones,
que se ofrecen a los afuereños de mirada felina.
Dicen los códices,
(secuestrados por el Vaticano),
que sus chilangos descendientes aguardan
a la nueva madre del pueblo Mexica.

Cantina La Ópera

Del general Villa,
que fuera apodado “El Centauro del Norte”,
pervive la huella de un balazo.
Emiliano y Flores Magón
lo recuerdan en sus tertulias
de San Cristóbal de las Casas,
como asesores que son de los alzados en Chiapas.
Cuentan varias anécdotas,
una de ellas, la guillotina
que entre la tropa transportaba
un tal Guillermo Arriaga.

 

Tepotzotlán

Por allí se avecina don Erik González,
quien prepara un delicado cabrito asado,
mientras pone a dialogar
a Gilberto Owen con León de Greiff,
milagro, que hacen a menudo
los poetas difuntos.
También por dichas tierras
se domicilia un popular jorobado,
contador de historias,
sembrador de agua,
y mezcalero consumado.
Oficiante mayor de la glotonería,
la intemperancia y el desenfreno.

Pátzcuaro

Por sus calles milenarias
Transita el poeta Bustamante
con su pandilla de rusos vociferantes.
Una extraña Babel se edifica
entre vodkas y tequilas.
En el lago, dicen, se abren las puertas
del cielo, por las que se accede
al reino de los colibríes.
No hay poemas para este tránsito.
Los versos que el poeta traduce
hablan de otros señoríos
donde tienen su imperio dolorosas,
luctuosas palabras.
Sin embargo, son nuestras
como soles de invierno.

Zapotlán el Grande

La gente de Zapotlán
es habladora y dicharachera.
Como Apolonio,
Que en un quítame de allá esas pajas,
nos hizo saber de su importancia
en las artes plásticas de Jalisco,
su renombre en las letras y el verso,
y su popularidad en la vecindad
que añora la música de sus rondallas.
Casi que sin Apolonio no existiría la narrativa
de Juan José Arreola,
la obra mural de José Clemente Orozco,
y nadie recordaría ese inmortal bolero
de Consuelito Velásquez que se titula
“Bésame mucho”.

La Peña de Bernal

No la conocí en el equinoccio de primavera,
cuando según los entendidos
irradia una especial energía.
Porque al visitar el monolito,
El tercero más grande del mundo,
En compañía de Carmen, mi amiga psiquiatra,
muerta recién,
cualquier época era buena
para activar la tenacidad y el coraje.
Ya en la plaza, probamos los quesos picosos,
la natilla, las obleas, y helados,
que allí baten igual que en tierras pastusas.
De esa geografía, conservo algunos cuarzos
Efectivos contra el mal de ojo y otras anomalías.

En busca de Palinuro

El poeta Francisco Trejo es testigo,
lo rastreamos por toda la ciudad,
y en especial, por Coyoacán
donde nos dijeron recién lo habían visto.
Indagamos en sus lugares preferidos:
La Plaza Centenario, el Jardín Hidalgo,
el Mercado.
Preguntamos en la Gandhi de la avenida
Miguel Àngel de Quevedo,
en el Fondo de Cultura, y, nada.
Hasta que un curtido marinero, Pascual Borzelli,
Desembarcado horas antes de Panamá, nos alertó:
“No lo encontrarán, partió, está oficiando de piloto
en la nave que conduce a don Fernando del Paso,
allende el mar”.