Carlos Salem Sola Nació en Buenos Aires y reside en España desde 1988. Poeta, novelista, periodista, y agitador cultural, ha publicado cincuenta libros en español desde 2007. Sus textos se han editado en Francia, Suiza, Alemania, Italia, México y Argentina. Entre sus libros de poesía destacan Si dios me pide un bloody mary (2008), Orgía de andar por casa (2009), Memorias circulares del hombre peonza (2010), El Animal (2013), #Follamantes (2014), El amor es un crimen perfecto (2015), Con un pájaro de Menos (2016), Te he pedido amablemente que te mueras (Bilingüe español-francés, 2018), Solamente muero los domingos (2018), La rebelión de los follamantes (2019) ,Una sirena en la montaña (2021) y Mudanza de Cenizas- 25 incendios (2022) y Una cicatriz con cremallera (2023).

De Una cicatiz con cremallera, Averso Poesía. 2023

 

Todo fin tiene un principio

La ciudad es un campo vallado de cristales

y nosotros las gotas de lluvia

que evapora un pobre sol de invierno.

Cada escaparate que te mira

se queda con un bocado de tu imagen

y lo regala al próximo curioso.

El día abdica en favor de la penumbra,

y las luces parpadean, sorprendidas,

como si no supieran

que les toca reinar en la derrota.

Desocupada,

mi sombra se tumba a extrañarte

en los portales que ya no nos recuerdan.

La vida, como juego de espejos

que siempre ocultan lo evidente.

El recuerdo avanza en dirección prohibida.

El olvido no respeta los semáforos.

La memoria

es una cicatriz con cremallera.

Lágrima de cíclope

I

Todo era una aventura mitológica,

temblor de continentes, carne de leyenda,

cuando nos perseguíamos,

mutuos minotauros minuciosos,

abriendo en su cuerpo laberintos.

¡Cuánto amaba yo los sinuosos interrogantes

de sus omóplatos!

¡Con qué brutalidad tan delicada

abrazaba mis certezas!

Los recuerdos nos visten de leyenda,

pero toda la ropa nos sobraba.

II

Troya no ardió.

El caballo solo fue una metáfora con ruedas.

Ya no hay ecos ni vecinos en pie de guerra.

Nos volvimos talón,

aburridos de ser tan invencibles.

Ahora las victorias saben como derrotas

y cada uno hace la guerra por su cuenta.

No puedo regresar a Ítaca. Sin ella es una isla

a la que le sobran los turistas.

La culpa no fue de las sirenas.

Mi amazona hoy monta un utilitario con extras de serie.

Penélope se cansó de esperar a los 3 meses.

Hizo bien.

Helena y Paris acuden cada jueves

a un discreto club de swingers.

Donde acaba el amor, comienzan los poemas.

Cuando ya no hay nada que preguntar,

llegan, prosaicas, las respuestas.

Ahí. Dónde. Cómo.

Cuando ya no importan.

Un ciego nos dibuja de memoria.

Un cíclope nos dedica una lágrima sola

y gigantesca.

No solo por el pan

 

Se crece desde adentro aunque el afuera aprieta.

Semillas porfiadas. Diminutas galaxias bajo tierra

que quieren salpicar el cielo. Eso somos.

Somos sombras chinescas proyectadas

sobre la soledad de los vecinos.

Hay que salir a la vida, aunque la vida sea

un coche fúnebre que intenta atropellarte.

Por ahí fuera andan el amor, los dolores,

la lluvia que tan mal imitamos en la ducha,

la tristeza necesaria para sazonar nuestros arroces,

y el deseo,

como banda sonora que no pasa de moda.

Hay que salir,

pero no solo para que el pan nos compre.

Intemperie es una bellísima palabra

que te puede matar de frío o de ausencia.

Por eso nos quedamos.

A salvo de nosotros mismos, intactos y aburridos.

La eternidad es el reloj de la cocina

que hace 1000 años se quedó sin pilas.

Aquí son siempre las 2:45.

El tiempo es una taza con el fondo roto.

Nada puede dañarnos.

El riesgo son los otros.

Lo difícil es discernir

dónde acaba el refugio

y empieza el calabozo.

De Mundanza de Cenizas (25 incendios). Valparaíso,2022

El loco

 

Yo tenia casi o apenas 18

Y me enamoré de 1 chica mayor que dijo que tenía 22

pero luego supe que eran 26 y tampoco me importó.

 Vivía sola y estudiaba Bellas Artes

y desnudos en su cama le leía mis poemas

 y ella me miraba como si fuera un cuadro

y repetía que jamas podría amar

a un hombre que no fuera un artista.

Me gasté los ahorros en esos libros carísimos:

 Picasso, Renoir, Matisse, Dali,

El Bosco, Caravaggio, Frida Khalo, Magritte…

quería aprender cada obra de memoria

pero siempre me interesaban más sus biografías.

Y ella me dejó por tipo casado de 32

que era dueño de un pequeño gran supermercado

y no tenia la menor pinta de artista.

Y yo quemé todos esos libros y fascículos

salvo la lámina con El Loco de Picasso

pintada en 1905 en una servilleta de un café de París

que desde entonces cuelga en cada casa en que he vivido.

Y hace mucho

que olvidé el nombre de ella

y El loco

cuando bebo un poco de más

y le pregunto

me dice que tampoco la recuerda.

De Una sirena en la montaña, Mariposa Ediciones, 2021

 

Melancólicos nomeolvides olvidados

 

La poesía es una trampa para panteras y leones,

(o para colibríes con alas de gaviota),

adicción para pulpos con solo dos tentáculos

o jodidos dromedarios jorobados por dentro,

árboles con hojas numeradas,

siemprevivas que mueren cada noche,

girasoles licántropos que siguen a la luna,

melancólicos nomeolvides olvidados,

especies en extinción que no se extinguen,

minas de carbón que aprieta el mundo,

trocitos de barro, rellenos o no

de rombos de diamante.

La poesía es el sol diminuto

que la noche tapa y crees que para siempre,

pero solo es para un rato que se llama eternidad

Y entre rato y rato

ocurren el verso, la muerte,

el amor y los poemas.

La poesía es una trampa para cazar nubes,

que deja pasar volando, por redondas y honradas,

a las que llevan de contrabando

las cuatro o cinco palabras mágicas

que persuaden al mundo

para que no deje de girar:

De Con un pájaro de menos, Espasa es Poesía, 2015

Mecha

 Nunca sé

qué es lo que enciende la mecha del poema

ni si va estallarme en las manos

o iluminarme de repente

una esquina sin farolas del pasado.

Tampoco sé

si lo que se enciende

es un cohete de vuelo corto

un sol de bolsillo

un encendedor agónico

(y yo sin cigarrillos)

o una bomba llena de caramelos y metralla.

En realidad

es evidente

que no sé casi nada.

Sólo que cuando el poema quema

algo en mí se enciende

y ya

nunca

se apaga.