Imagen: Vecteezy

Escribe: Alejandro García Gómez.

Una incontable marea humana, variopinta en edades y sexos (sanos o enfermos) se dispone al culto. Su templo: un estadio moderno, mundialmente ampliado por ondas de radio, televisión y otras. El altar: una cancha de fútbol con sus dioses (uniformados y de cortos) y sus sacerdotes y sacristanes.

Todos los fanáticos de la selección Colombia vimos la final Copa América de julio de 2024 y acabamos de gozar y llorar con el partido de las selecciones femeninas de Colombia y España, el 3 de agosto, en los Olímpicos París24. Del primero, no me voy a referir a las dudosas decisiones arbitrales ni al vandalismo perpetrado por hinchas de ambos equipos; dicen que en mayor número por compatriotas nuestros; nada probado aún. Tampoco hablaré de la vergonzosa actuación del presidente de la Federación Colombiana de Fútbol y vicepresidente de la Conmebol, Ramón Jesurum y de su hijo, que sabemos salieron bien librados (como siempre le ocurre al ejemplar padre). De nuestro enojo e impotencia producidos por el segundo partido, ya se encargó el nuevo amanecer de hoy. Sólo voy a aplicar mi prisma de hipótesis al hecho en sí del fútbol, como deporte-espectáculo masivo.

¿Por qué el fútbol ha llegado a ser el espectáculo más grande del mundo?  Señalo mis hipótesis:

Por varias razones, entre las cuales está que es un deporte-juego de conjunto que lo convierte en punto de encuentro social, por sus características de competencia democrática, algo quizá semejante a una lucha tribal o una guerra entre grupos o países, pero reglada con normas que cada jugador y cada miembro del cuerpo técnico y cada espectador conocen y saben que deben respetar; un juego -o una batalla- en donde un poco de habilidad o de fuerza o de agilidad mental o todas juntas –con el balón o con las normas o con ambas- te sacan de la igualdad democrática y te catapultan a la jerarquía del poder no solo sobre ese grupo, sino sobre una informe masa; te convierten en el ídolo del momento o de varios años; o te llevan, incluso, al desborde irracional de la cursilería y la desfachatez –como aquello de la Iglesia Maradoniana, por ejemplo-.

       Imagen: Freepik

Pero, ¿por qué el fútbol y no otros deportes? Considero que la razón principal para haberse convertido en el superespectáculo de los siglos XX y XXI se debe a que es el deporte-juego en el que mejor se acomoda, se expresa y se sublima el machismo de hombres y mujeres. No olvidemos, tampoco, que una de las cosas que más unen fraternalmente a hombres y mujeres son sus propias frustraciones. Los fracasos y desilusiones nos hermanan en el odio, el mejor elíxir para avivar la envidia y la venganza (¿y qué fraterniza más a la masa, más que el odio y la venganza?). De ahí a ser un rebaño manipulable y manipulado por un hábil pastor, hay menos de un paso y hoy los poderosos, los modernos pastores, válidos de sus aplastantes medios de comunicación, con muchísimas y mayores tecnologías y sutilezas ahora que antes, empezaron a vestir de fasto la banalidad y el consumismo y así, con sus demoledores medios crearon entre los mitos modernos a los futbolistas y los treparon al altar de las utopías por medio de sus otras banales criaturas, algunas bien pagadas: los incendiario$ “periodi$ta$” del fútbol.

Los movimientos feministas (“los” porque al parecer no es solo uno sino varios, tal como en el S.XIX irrumpieron las diferentes formas de socialismo) quizá fueron el principal apoyo y empuje para que ellas pudieran acomodar y expresar, también de manera sublimada, su machismo y su violencia. Que los “emprendedores” comiencen a buscar -pepita por pepita- la mina de oro de ese espectáculo para explotarlo comercialmente, fue otro “pasito a pasito” más. Columbremos a futuro, ¿el erotismo que inspira la figura femenina juvenil será aplastado o primará sobre las gambetas y, sobre todo, sobre los goles de ellas en el espectáculo? ¿Qué rentará más? ¿En un trabajo de “reingeniería”, imbricarán, los “emprendedores”, gambetas, goles, erotismo y “publicidad” (esto último con sus periodista$ deportivo$)? Sólo estoy seguro de que el futuro depende del $$$.

Hoy por hoy, El fútbol es la mayor utopía falaz y feroz por su connotación machista, y por lo fácil que es manipular los sentimientos con beneficio positivista y mercantil. Algunos de quienes causaron este caos, ahora se quejan. El poder aglutinante de la Iglesia ha perdido su fuerza y no se puede pedirle que sirva de mediadora acá. Las barras bravas ignoran que su falsa utopía es sólo un feroz espejismo 4.VIII.24.