Rodolfo Walsh. Foto: Info Blanco sobre Negro

“Una de las cosas que me divierten, me halagan, y me intimidan, es hasta qué punto uno puede convertirse en un monumento a sí mismo, en la conciencia moral de los demás”

Rodolfo Walsh

Escribe: JAIME FLÓREZ MEZA

“¿Dónde está el escritorio de Rodolfo Walsh?”, entró gritando el comisario Villar en las oficinas del diario Noticias una madrugada de agosto de 1974, portando granadas y una ametralladora, y la orden de clausura del matutino emitida por el gobierno que encabezaba Isabel Martínez, sucesora de Juan Domingo Perón, su difunto esposo. “No sé qué esperaba encontrar en el escritorio de Walsh, pero evidentemente lo poco que encontró lo decepcionó mucho, se enfureció bastante porque no era lo que él esperaba, de manera fetichista, encontrar”, dice Miguel Bonasso (2019), compañero de Walsh en esa histórica aventura periodística que solo pudo hacerse durante nueve meses, vale decir entre noviembre de 1973 y agosto de 1974.

Walsh militaba desde 1973 en Montoneros, una controvertida organización político militar nacionalista, católica y socialista, surgida en 1970 a partir del llamado peronismo revolucionario, influida por la Teología de la Liberación y, en el plano local, por la revista Cristianismo y Revolución (1966-1971). Montoneros financiaba Noticias, pero no controlaba el manejo de la información y la opinión en el diario, pues este no fungía como su órgano de prensa; para eso estaban otros medios de la organización que sí lo hacían.

En el último capítulo añadido por Walsh a Operación Masacre, se refería justamente a la aparición de Montoneros, que se dio a conocer con el secuestro del general antiperonista Pedro Eugenio Aramburu:

“El 29 de mayo de 1970 un comando montonero secuestró en su domicilio al teniente general Aramburu. Dos días después esa organización lo condenaba a muerte y enumeraba los cargos que el pueblo peronista alzaba contra él. Los dos primeros incluían ‘la matanza de 27 argentinos sin juicio previo ni causa justificada’ el 9 de junio de 1956.

[…]

El episodio sacudió al país de distintas maneras. El pueblo no lloró la muerte de Aramburu. El Ejército, las instituciones, la oligarquía elevaron un clamor indignado. […]

La ejecución de Aramburu provocó una semana más tarde la caída del general Onganía, cuya dictadura ya había sido resquebrajada otro 29 de mayo –el año anterior– por la epopeya popular del Cordobazo […].

La matanza de junio [de 1956] ejemplifica pero no agota la perversidad de ese régimen. El gobierno de Aramburu encarceló a millares de trabajadores, reprimió cada huelga, arrasó la organización sindical. La tortura se masificó y se extendió a todo el país”. (pp. 93-94)

Al momento de escribir las anteriores líneas era 1972, habían pasado 15 años desde aquella matanza, y para Walsh el balance político era este: “un país dependiente y estancado, una clase obrera sumergida, una rebeldía que estalla por todas partes. Esa rebeldía alcanza finalmente a Aramburu, lo enfrenta con sus actos, paraliza la mano que firmaba empréstitos, proscripciones y fusilamientos”. (p. 94)

Pero Walsh tendría serias discrepancias con la conducción de Montoneros. En cuanto al Cordobazo, es necesario recordar que se trató de un histórico levantamiento obrero y estudiantil que estalló en la ciudad de Córdoba en mayo de 1969, un año después del Mayo Francés.

Literatura, periodismo y política

Lilia Ferreyra recordaba que fue por Un kilo de oro que conoció a Rodolfo Walsh. Había comprado el libro y estaba en el Café La Paz, donde también se encontraba Walsh. Un amigo la llevó hasta él. Lilia le pidió a Walsh que le firmara el libro. Y así comenzaron una relación que duró diez años. Él ya era uno de los más notables escritores argentinos gracias a solo tres libros de relatos publicados hasta entonces, 1967. Ese mismo año viajó a Cuba como jurado del concurso Casa de las Américas y para un encuentro de intelectuales latinoamericanos.

Estaban también sus primeros cuentos de los años cincuenta, publicados en la revista Vea y Lea, y uno que incluyó en una antología que él mismo preparó, Diez cuentos policiales argentinos (1953), como cierre de la misma. Y Variaciones en rojo, del mismo año, que contiene tres novelas cortas, y por el cual recibió un premio municipal de literatura. Sin embargo, Walsh no parecía estar satisfecho con este comienzo, como lo expresa Elvio E. Gandolfo (2017): “Walsh (que ejercía el arrepentimiento como buen católico irlandés, aunque no lo fuera) querría olvidar ese período, el cual abominaba” (p. 60).

Es indudable que la carrera literaria de Walsh, a la par de su oficio periodístico, estaba en pleno ascenso en los sesenta, años que, como bien dice Gandolfo, “alimentaron la máquina narrativa de Walsh con un entorno de gran riqueza, tanto en estímulos como en evoluciones, en especial la política” (p. 60). Walsh se mantenía en contacto directo con las realidades de la Argentina a través de su trabajo periodístico, que lo tenía viajando de un lugar a otro para escribir magníficos reportajes y crónicas memorables, indagando y mezclando lo periodístico, lo literario, lo etnográfico y, cómo no, lo político, explotando las potencialidades de esos géneros superiores del periodismo. Walsh era innovador, pionero y visionario como pocos. Roberto Baschetti (2017) destaca las notas “acerca de lugares olvidados de la geografía argentina” que Walsh escribió para la revista Panorama entre 1966 y 1970: “Consideradas como las mejores de la época, mezclaban lo social con lo antropológico, lo político y lo económico. Rodolfo sabía a qué apuntaba” (p. 66).

Pese a ello, percibía “un ingreso diminuto que sostenía la débil economía doméstica después de un período de sobrevivencia precaria”, observa Felipe Reyes (2024). En relación con estos textos Walsh había dicho en una entrevista de julio de 1968: “Mi intención consciente y deliberada fue trabajar esas notas con el mismo cuidado y la misma preocupación con que se podía trabajar un cuento o el capítulo de una novela, es decir, dedicarle a una sola nota el trabajo de un mes” (citado en Baschetti, 2017). Todo este período de fecunda reportería lleva a Walsh a dirigir el Semanario Villero, a escribir para el diario porteño La Opinión, a viajar a Bolivia y Chile, a cubrir los primeros meses de gobierno de Salvador Allende.

En cuanto a aquellos dos imprescindibles libros de Walsh que muestran su evolución y madurez literaria, Los oficios terrestres y Un kilo de oro, Gandolfo apunta algo que ha sido reconocido por otros críticos y especialistas: que en ellos están “varios cuentos antológicos en una literatura cargada de cuentistas de excepción como la argentina” (p. 60). Es interesante también lo que este autor señala sobre la posibilidad de escritura de una novela por parte de Walsh en aquel tiempo: “Tanto en reportajes como en las anotaciones recogidas en Ese hombre y otros papeles personales (1996), aparece la sombra o la promesa (o la amenaza) de la novela. […] En el 68 Walsh recibía un sueldo de Jorge Álvarez [editor] como adelanto de su producción futura, incluida una novela que debía entregar en marzo de 1969” (pp. 59-61).

Pero la novela nunca llegó. Gandolfo cita lo que Walsh escribió en su diario el 31 de diciembre de 1968: “La política se ha reimplantado violentamente en mi vida. Pero eso destruye en gran parte mi proyecto anterior, el ascético gozo de la creación literaria aislada; el status, la situación económica; la mayoría de compromisos; muchas amistades, etc. […] Es posible que, al fin, me convierta en un revolucionario”.

Montoneros, Noticias y Perón

El diario Noticias había reunido a algunos de los mejores periodistas y escritores argentinos de la época, como Juan Gelman, Horacio Verbitsky, Miguel Bonasso, Francisco Urondo y Rodolfo Walsh, todos ellos militantes y cuadros políticos de Montoneros que, además, compartían la dirección colegiada del diario, aunque Bonasso figuraba como su director. Urondo había caído preso en febrero de 1973; pero, gracias a la amnistía concedida por el presidente Cámpora en mayo de ese año, quedó en libertad. “Rodolfo era el más famoso de todos nosotros”, dice Bonasso (2019), y recuerda que el escritor-periodista no quiso tener ningún protagonismo por ello; al contrario, humildemente se hizo cargo de la sección de policiales, y también estuvo en la de información general, haciendo, como lo enfatiza Bonasso, “una sección policial de lujo”.

“En esta última corporizó un rol que sabía manejar a la perfección”, dice Roberto Baschetti, “el del cronista investigador, el periodista detective que popularizó el diario Crítica en los años veinte, pero con el atractivo y el plus que solamente pudo darle él en su triple condición de escritor, periodista e intelectual orgánico. Desde allí cuestionó la información policial, puso en duda el número de delincuentes abatidos en enfrentamientos con las ‘fuerzas del orden’ e investigó asesinatos de militantes populares” (2017, p. 67).

 Foto: Revista Haroldo

Héctor José Cámpora había sido designado por Perón como su delegado personal y candidato presidencial por el Frente Justicialista de Liberación con el eslogan “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, debido a la prohibición que aún pesaba sobre Perón de participar en elecciones. Cámpora resultó electo en marzo de 1973 tras 18 años de proscripción del peronismo, amnistió a todos los presos políticos y gestionó el retorno definitivo de Perón al país, el cual se produjo el 20 de junio de aquel año. Alrededor de dos millones de personas (la más grande concentración de público jamás vista en el país) acudieron al aeropuerto de Ezeiza a recibir al más importante líder político argentino del siglo XX, reverenciado tanto como odiado por diversos militares, políticos y ciudadanos en general. Sin embargo, el esperado recibimiento terminó en tragedia: en el palco donde debía hablar Perón había hombres armados que ante un enfrentamiento entre grupos de la derecha sindical y militantes montoneros y de otros grupos revolucionarios que querían acercarse, abrieron fuego contra estos últimos asesinando a 13 manifestantes y dejando heridos a 365, de acuerdo con Felipe Pigna y Julieta Rostica (2011). Perón debió aterrizar en otro lugar y hablar al país por televisión.

Héctor José Cámpora (izquierda) al lado de Perón. Foto: Perfil

Cámpora solo pudo gobernar 49 días. Sin embargo, alcanzó a hacer algunos cambios políticos, sociales, económicos y culturales importantes. El 13 de julio de 1973 él y su vicepresidente Solano Lima renunciaron por presiones sociales y de sectores tradicionales del peronismo, cediendo el poder a Raúl Lastiri, yerno de José López Rega, secretario privado de Perón. A López Rega se lo recuerda como jefe de la criminal organización parapolicial Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), al parecer a espaldas de Perón. Con todo, Lastiri convocó a elecciones para el 23 de septiembre de 1973, a las que Perón al fin pudo presentarse, eligiendo como fórmula vicepresidencial a su tercera esposa, Isabel Martínez (cuyo nombre de pila era María Estela, Isabel era el de confirmación). La fórmula Perón-Perón se impuso con el 62% de los votos. De ese modo Perón inició su tercer gobierno el 12 de octubre de 1973, 18 años después de un exilio itinerante por Paraguay, Panamá, Venezuela y España, donde había fijado su residencia desde 1960.

Las relaciones entre Perón y Montoneros se resquebrajaron. Perón removió de sus cargos a los gobernadores y funcionarios que tenían algún vínculo con la organización, mientras la Triple A empezaba a operar impunemente. “Según Inés Izaguirre, mientras Perón vivió el objetivo de la Triple A fueron los cuadros revolucionarios del propio movimiento (partidarios de Cámpora), seguidos de la izquierda gremial (opositores a la burocracia sindical). Desde la muerte de Perón, en cambio, las bajas de las organizaciones populares con filiación ideológica de izquierda se multiplicaron por 43 y las de la izquierda marxista […] por 28”, afirma Rostica (2011, p. 28).

El 9 de marzo de 1974 Noticias sufrió un atentado con bomba ejecutado por la Triple A, que “destruyó gran parte de la fachada del edificio donde funcionaba la redacción” (Vásquez, 2010). Era un periódico muy leído, llegó a tener un tiraje de 120.000 ejemplares diarios y a veces a superar esta cifra. No obstante, los Montoneros, y en general todas las organizaciones de izquierda, sentían que Perón les había fallado en su promesa de establecer un “socialismo nacional”. Y quizás la mayor expresión de ese descontento llegó el 1° de mayo de 1974 cuando Perón convocó a una masiva concentración en la Plaza de Mayo para dar un discurso desde los balcones de la Casa Rosada y celebrar lo que su gobierno había llamado “Día del Trabajo y la Unidad Nacional”. No hubo ni habría tal unidad. “¿Qué pasa, qué pasa, General, que está lleno de gorilas el gobierno popular?”, coreaban a todo pulmón las columnas montoneras, aún durante el discurso. Perón se enfureció y trató a los manifestantes de “imberbes y estúpidos”, y los conminó a abandonar la plaza, “lo que provocó la retirada de más de la mitad de la concurrencia”, dice Felipe Pigna.

Dos meses después, el 1 de julio, el emblemático líder murió. A Rodolfo Walsh le correspondió, por designación de sus compañeros de redacción, elaborar una breve nota del fallecimiento, que ocupó toda la portada del matutino. “Ese día el diario vendió su tirada completa de doscientos mil ejemplares”, resalta Baschetti (2017, p. 67).

                              Foto: Radio Futura

Isabel Martínez asumió la presidencia y, como se temía, la Triple A encontró durante su gobierno más espacio, apoyo y tolerancia para cometer sus crímenes: “Las acciones las firmaba la Triple A con tres letras escritas con sangre en un papel, marcadas a balazos o tajeadas con cuchillo o puñal en el cuerpo mismo del militante asesinado. La organización, sin embargo, no firmó todos sus crímenes hasta después de la muerte de Juan Perón”, cuenta Rostica (2011, p. 27). La misma autora también señala que Perón se opuso públicamente, en diciembre de 1973, a la creación de un aparato parapolicial que eliminara a la izquierda de su movimiento. “El lanzamiento sin tregua ni reparo ‘a la liquidación del enemigo subversivo’ se produjo después de que éste falleciera” (p. 29).

El 27 de agosto de 1974 la presidenta firmó el decreto de clausura del diario Noticias. Walsh, Bonasso y los demás estaban en la mira de la Triple A, que había elaborado listas de periodistas, abogados, sindicalistas, militares, sacerdotes, actores, actrices y músicos a ser asesinados. Uno de los personajes públicos que murió bajo las balas de la Triple A fue el sacerdote Carlos Mugica, conocido como el “cura villero” y miembro representativo del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.

Walsh puso en evidencia qué era y quiénes conformaban la Triple A:

“De su conocimiento y oficio, habla por sí solo el hecho de que Rodolfo fue el primero en nuestro país que llevó a cabo una investigación y elaboró un organigrama que permitió, a fines de 1974, dar nombres y apellidos de integrantes de la Triple A, la organización parapolicial que desde las sombras secuestró y asesinó, para generar el terror, a más de seiscientos militantes antes del golpe del 24 de marzo de 1976” (Baschetti, 2017, p. 67).

A la Triple A se le atribuye un total de 1500 asesinatos durante su actividad entre 1973 y 1976, es decir, bajo el último y anhelado gobierno peronista. Y fue el tenebroso ensayo del terrorismo que se implantaría desde el golpe de marzo de 1976 como política de Estado.

La clandestinidad

“Escribir es escuchar”. Rodolfo Walsh

En septiembre de 1974 los Montoneros entraron en la clandestinidad y con ellos Walsh, que no era la primera vez que vivía de ese modo; por sus arriesgadas investigaciones periodísticas ya había tenido que hacerlo en más de una ocasión. Pero esta vez la clandestinidad se extendería prácticamente hasta su muerte. Los escritos de esta última etapa y los textos literarios inéditos en los que venía trabajando desde antes, se han podido recuperar parcialmente debido a que gran parte de sus papeles fueron robados por los marinos de la Escuela de Mecánica de la Armada que asaltaron su domicilio-refugio en la ciudad bonaerense de San Vicente, después de ser abatido en el tiroteo del 25 de marzo de 1977: en su valija Walsh llevaba el contrato de su vivienda, lo cual permitió su ubicación.

El material recuperado dio lugar a la publicación de Ese hombre y otros papeles personales, que “incluye su diario, varios cuentos inéditos que fueron reconstruidos a partir de anotaciones sueltas (‘La fuga’, ‘Adiós a La Habana’, ‘Ese hombre’), entrevistas y cartas”, explica Daniel Link (2017), que lo editó.

Foto: Studocu

Sin embargo, Walsh —que por gusto y también por necesidad trabajaba en varias cosas a la vez— desarrolló dos proyectos periodísticos en el último año de su vida: ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina) y Cadena Informativa. Ambos como dos importantes iniciativas de contrainformación en medio de la dictadura del siniestro triunvirato de Videla, Massera y Agosti.

ANCLA comenzó en junio de 1976, en la clandestinidad, con pocos redactores fijos y en espacios itinerantes, pero con una amplia red de colaboradores e informantes. Las noticias se reproducían en mimeógrafo y se distribuían como cables informativos, de hecho, se produjeron más de 200 entre junio de ese año y septiembre de 1977, los cuales eran enviados a “periodistas de medios masivos nacionales, organismos, medios y personalidades internacionales y distintos sectores de las fuerzas armadas”, dicen Boido y Allende (2017, p. 91). El trabajo se interrumpió entre mayo y agosto de 1977 debido a que buena parte de los redactores o habían sido secuestrados por el régimen o habían marchado al exilio.

Aunque formaba parte de la estructura de informaciones e inteligencia de Montoneros, los citados autores aclaran que “la Agencia no tuvo las características ni el formato de una prensa partidaria, sino que construyó una experiencia de contrainformación a partir de un estilo riguroso y despojado de las clásicas consignas panfletarias” (p. 91). El método de Walsh contrastaba rigurosamente la información dada por los diarios masivos con la “construcción de una red de informantes de diferentes extracciones sociales”, agregan Boido y Allende. “Estas tareas de contrainformación y contrainteligencia eran supervisadas por Walsh pero llevadas adelante por el resto de integrantes de la agencia” (p. 92).

Cadena Informativa fue un proyecto personal de Walsh que inició en diciembre de 1976. Consistía en noticias e informaciones redactadas en hojas volantes, escritas a máquina y mimeografiadas para difundirse y multiplicarse de persona a persona. La idea era que cada lector se convirtiera también en emisor de las noticias usando el método de una cadena informativa y circulante, como una forma de red social artesanal e impresa, muy distinta en ese sentido a las actuales redes sociales. Así se explicaba y animaba a los receptores a ser parte de ese singular proceso comunicativo:

“CADENA INFORMATIVA es uno de los instrumentos que está creando el pueblo argentino para romper el bloqueo de la información. CADENA INFORMATIVA puede ser USTED MISMO, un instrumento para que USTED se libere del Terror y libere a otros del Terror. Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. DERROTE AL TERROR. HAGA CIRCULAR ESTA INFORMACIÓN”. (Citado en Boido y Allende, 2017, p. 92)

En este período final de su vida Walsh expresó a la dirigencia de Montoneros sus profundos desacuerdos. Militarmente ya estaban derrotados, pero los dirigentes no querían admitirlo o insistían en que una victoria militar todavía era posible. “Walsh consideraba que se estaba en un contexto de derrota y repliegue, y por lo tanto se debían preservar las fuerzas, descentralizar las estructuras organizativas y financieras, retomar la identidad peronista por sobre la montonera e incluso hacer una oferta de paz al gobierno militar a partir de los principios de la democracia y los derechos humanos”, dicen Boido y Allende (p. 94).  Evidentemente, Walsh no fue escuchado.

Epílogo provisional para una historia inagotable

El último texto escrito por Walsh fue su Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, del 24 de marzo de 1976. En el penúltimo párrafo había señalado:

“Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados, no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aun si mataran al último guerrillero no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas”.

Como Walsh mismo lo temiera y expresara en el último párrafo, los militares tampoco lo escucharon:

“Éstas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”.

Plazoleta Rodolfo Walsh en el barrio de Monserrat, Buenos Aires. Fotos: Plazas de Buenos Aires

La carta fue publicada por primera vez en 1978, en un medio masivo venezolano. En Argentina, bajo la dictadura, “ningún medio nacional la publicó, pero circuló de mano en mano” (Boido y Allende, p. 95).

La desaparición de Walsh fue dada a conocer por una noticia de ANCLA el 1 de abril de 1977. Y recién en noviembre del mismo año un medio masivo argentino, La Nación, publicó una noticia relacionada con el hecho a raíz de una carta firmada en París por veinte intelectuales franceses y de otras nacionalidades que pedían la liberación de Walsh a la Junta Militar, entre ellos Michel Foucault, Roland Barthes, Eugene Ionesco, Ítalo Calvino y Juan Goytisolo, entre otros. Al momento de recibir la carta por parte de algunos de sus firmantes, el embajador argentino en Francia negó que Walsh estuviera detenido. Macabramente el embajador tenía razón: Walsh había muerto en el trayecto desde el barrio San Cristóbal (donde fue acribillado al intentar defenderse con su pequeño revólver, la única vez que disparó contra otros en su vida) a la Escuela de Mecánica de la Armada. Su cadáver fue visto en los sótanos por algunos secuestrados que sobrevivieron para contarlo. Hasta la fecha sus restos no han sido encontrados, con lo cual Walsh es uno de los 30 000 desaparecidos de la última dictadura argentina.

  Lilia Ferreyra en una jornada en memoria de Rodolfo Walsh en 2012. Foto: Marco Bufano

 

Lilia Ferreyra falleció el 31 de marzo de 2015. Después de la desaparición de Walsh escapó del país y se exilió en México. Por ella se supo que Walsh había retomado la escritura literaria en sus últimos meses de vida. “Tenía al menos tres cuentos en el tintero”, dice Andrés Tronquoy (2017). “Haber retomado la literatura, antes desdeñada, en el momento de mayor recrudecimiento represivo”, continúa Tronquoy, “es en definitiva un gesto de honda discusión sobre la importancia de la ficción; lo lleva en la práctica a la interacción con el género opuesto: la denuncia testimonial, cuyo máximo exponente es la ‘Carta abierta de un escritor a la Junta Militar’. Con efectividades y objetivos diversos, ambas andaduras narrativas de Walsh siguen demostrando su relevancia fundamental en las letras y la historia argentina”.

   Compilación publicada por primera vez en 1995. Foto: El Espejo Libros

 

Referencias

Ferro, Roberto y otros (2017). Rodolfo Walsh: los oficios de la palabra. 1ª ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Biblioteca Nacional.

Pigna, Felipe (s.f.). Juan Domingo Perón, por Felipe Pigna: https://elhistoriador.com.ar/ juan-domingo-peron-por-felipe-pigna/.

Reyes F., Felipe (2024). Escribir es escuchar: Rodolfo Walsh, reportero en Chile: https://barroquita.com/2024/02/17/escribir-es-escuchar-rodolfo-walsh-reportero-en-chile/.

Rostica, Julieta (2011). Apuntes sobre la “Triple A”. Argentina, 1973-1976. Desafíos 23-II, pp. 21-51.

UNDAV TV (7 de junio de 2021). Rodolfo Walsh. El documental [Archivo de video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=7YvZkePv-QM

Vásquez, Gonzalo R. (2010). Donde hubo fuego: sensacionalismo, política y representación de lo popular en el diario Noticias de Montoneros (1973-1974). Tesina de Grado de Ciencias de la Comunicación. Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

Walsh, Rodolfo (2000). Operación Masacre. 20ª edición. Buenos Aires: Ediciones de la Flor.

 

Lea aquí las tres primeras partes de esta entrega:

RODOLFO WALSH: «EL VIOLENTO OFICIO DE ESCRIBIR» (I)

RODOLFO WALSH: “EL VIOLENTO OFICIO DE ESCRIBIR” (II)

RODOLFO WALSH: “EL VIOLENTO OFICIO DE ESCRIBIR” (III)