
Texto, vídeo y fotografía de Arturo Prado Lima
Un ave rapaz recorre España es busca de carne humana para saciar su hambre. No son suficientes los miles de cadáveres que quedan en los campos de batalla, en los terraplenes de los trabajos forzados, en los paredones de fusilamiento. No se sacia con las madres asesinadas en sus cocinas, los alumnos torturados en las escuelas, los devotos arrodillados en sus parroquias, los presos en las cárceles, los enfermos en los hospitales. No, no es suficiente. El ave rapaz supera cualquier imaginación sobre la maldad humana. Ahora su objetivo es el vientre de las madres y el fruto de su amor. Sobrevuela los campos arrasados por las balas, las ciudades y sus conventos. Es un águila cuyas garras apuntan a los senos y al vientre de las mujeres que estrellan su grito contra los ojos del animal que sustrae el fruto de sus entrañas. Es la portada de un libro que ensombrece un país que aún no ha desenterrado a sus muertos de la cunetas y que no ha devuelto a los bebés robados al seno de sus legítimas familias: VERSOS SIN CUNA. El cuadro desgarrador y desgarrado de la portada lo pintó Andrés del Collado, el pintor mexicano que ha sentido en carne propia el drama de los hogares que buscan sin descanso el paradero de los bebés que a sangre y fuego les arrancaron de su seno.

Obra Original de Andrés del Collado
Dentro de las páginas del libro, un grupo de poetas dejan ver su horror, su desilusión, su rabia, pero sobre todo su solidaridad con los familiares de esos niños y niñas, que, bajo el manto de la dictadura franquista, fueron hechos prisioneros y convertidos en mercancías para venderlos al mejor postor. Aquel mercado siniestro prevaleció en la Guerra Civil, en la postguerra y después de ella, hasta nuestros días. Leyendo el libro con detenimiento, no se encuentra al autor, sino a las heridas, las humillaciones, el dolor, la huella eterna de quien fue raptado y cuyo paradero es un misterio. Lo importante de esta publicación es que los versos se transformen en un ojo más, en un confidente más, en una ruta más para llegar a esas personas perdidas, averiguar su nombre, su profesión, sus gustos, en definitiva, su destino.
Son, estos versos, un antídoto certero contra la indiferencia. La memoria y la imaginación superarán todo momento gris y ayudarán a despejar el camino para llegar a la verdad y llenar el espacio vacío que hoy lleva en su vientre la sociedad española. Ante la inoperancia de las instituciones “democráticas”, los poetas de esta antología no quieren permitir que la amnesia cubra estos crímenes de Lesa Humanidad. Con estos poemas, dejamos una prueba de que la dictadura franquista estableció un régimen en el que la represión política y social eran la norma. Que durante este período, muchas familias, especialmente aquellas de ideologías contrarias al régimen, fueron despojadas de sus hijos y dados en adopciones ilegales. Las instituciones involucradas, como hospitales y orfanatos, operaban en complicidad con el gobierno, lo que dificultaba enormemente cualquier intento de denuncia o investigación. El miedo y la censura hacían que muchos padres temieran hablar, lo que generó un ambiente propicio para la impunidad. Estos versos son contra el miedo y por esclarecer quiénes fueron los autores del robo de los 300 mil bebés en la humillada España de los últimos tiempos y sean juzgados como lo que son: auténticos criminales de alcantarilla.

Grupo de poetas que participan de la Antología VERSOS SIN CUNA
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Con la angustia colgada de los ojos y las manos, Andrés del Collado pinta la portada del libro y enciende velas en nombre de los 300 mil niños arrancados del vientre de sus madres y vertidos al olvido en el palpitar de la memoria, y sin embargo, nos exhorta a seguir buscándolos como lo hacen sus familiares desde que sembraron la sombra en la luz hasta cuando el amanecer se vista de agua. Mientras AnnikSterk, la pintora alemana nacida en Hannover, nos muestra el cadáver de la rabia, pero también la esperanza de las manos, el fuego verde de los nuevos buscadores en un cuadro lleno de denuncias, desolación y esperanza. En seguida, la palabra acusadora de Antonino Nieto Rodríguez: ¿De qué vives? ¿Del robo? ¿De encarcelar al nacido? ¿Y acusáis a los padres de no sufrir lo suficiente? «Malditos seáis siempre todos aquellos que pecasteis de la manera más nefasta», es la voz de Antonio Machado Sanz. Estamos reunidos en Fuenlabrada y en el aire flota una idea de solidaridad: también a la poesía le han robado muchos versos. La poesía también es víctima del sistema: Miguel Hernández y Federico García Lorca, por ejemplo, hijos de una sociedad robusta e inmensamente poética, raptados para siempre de la cuna granadina y de Orejuela.

Obra pictórica de la alemana AnnikSterk
Antonio Ruiz Pascual estalla también frente a las víctimas: malditos ladrones, buitres cegados por el dinero, chacales sin vergüenza rotos por la sangre señalada por la historia. El poeta mira el cuadro de la alemana, los escombros y las máscaras de la memoria. Un poema para apartar el silencio y obtener esta antología de desagravio a las víctimas de la barbarie. Yo miro a los poetas y las víctimas y los imagino esperando en las puertas de sus casas. Hay un vacío en la mesa de comer. Hay un hueco en la memoria. Hay un sueño que regresa y una llama viva que nunca desaparecerá: la ilusión del regreso.
El mundo mira y calla. Daniel Tejada nos recuerda que 30 mil madres se han arrancado el corazón y con su dolor por delante han alimentado a uno de esos niños robados. Daniel Valverde Ruiz se pregunta en silencio: ¿Quién sabe cuándo y dónde? Mira hacia el cielo y él mismo se responde: solo la luna conoce la verdad. Débora Pol siente su vientre sin esa luna de Daniel. Su vientre es una mortaja por el luto de todas las víctimas y nos ayuda a acunar los poemas que darán cuenta de los crímenes de ayer, esos mismos crímenes que Emilia Moreno logra parir en un blanco y negro rojizo: el alumbramiento de un mundo que vio extirpar la felicidad a miles de familias en la orgía de sangre más grande de la historia moderna.

Andrés Collado y obra
Ernesto Gil nos comenta que cuando un chico se enteró de mayor que era niño robado, (él también lo sintió y por eso lo escribió), fue un puñal brillando en la oscuridad clavándose en la oscuridad de la noche. Félix Martín Franco lo escucha. Abre sus versos y nos enseña los juguetes que ahí guardaba para cuando los niños regresasen. Ernesto y Débora suspiran.
En la medida que vamos leyendo esta antología recopilada por Antonio Ruiz y Leticia Quemada, encontramos nostalgias atravesadas en las ventanas de las casas, olvidos moribundos en las esquinas de la calle, lágrimas sentadas en los parques llorándose a sí mismas, como si todo estuviera perdido. Francisco Luque Bonilla sabe que una madre llora y sueña entre cuatro paredes sangrientas, y se detiene a escuchar las maldiciones de Gladys Roda Godoy: Maldita lentitud de la justicia sin vela, que no da un paso, que se calla, que se oculta en los trámites que no se hacen, en los escritos que nunca llegan.
José Luis Pardo canta su original canción sobre los niños robados de España
Poemas y canciones, impotencia y esperanza, acusaciones y condenas, pasión y lucha contra el olvido en una jornada poética cargada de simbolismos y palabras armadas de futuro. Y canciones, como las de José Luis Pardo Morena, un juglar de las luchas populares donde su quijotesca guitarra se une a su voz para gritar que nos devuelvan a los ángeles robados. Laura Bonilla da un golpe en la mesa: ¡Tu ausencia es mi rescate! grita. Ahora estoy siendo amable con la ausencia del volver a empezar. Si alguien ha perdido la esperanza, Laura Bonilla está dispuesta a prestarle su vida, todo para que la conciencia de la lucha vuelva a empezar. Todos los días. Todos los años que hagan falta. ¿Para qué? Para que la pesadilla humana no se convierta en un calvario sino en el renacimiento de la vida, le escuchamos decir a Leonor Merino.

Azules como la memoria son las huellas de tus pies, se desvanecen y vuelven, mi llanto ya no moja la inmensidad del mar. Leticia Quemada irrumpe con sus oropeles frente a un público que ha perdido el miedo y se dispone a grabar con fuego en su mente la tarea que tiene por delante: cerrarle el paso al olvido aunque el llanto, que ha sido tanto, ya no moje el mar. Luis Carlos Frailes deja flotando otra pregunta en el aire: ¿No nacería usted donde las monjas? Ernesto Gil nos ha comentado de los cuchillos calientes que sintió un niño que de mayor se dio cuenta que era un niño robado. Las huellas de esos piececitos son las que lleva Leticia Quemada en sus noches y en sus días. Esos niños que, aunque a veces los imaginemos jugando con otras madres, la herida del parir sangra cuando se saben lejanos: son las palabras del poeta Marcelino Sáez García que mira atentamente un cuadro de Marco Antonio Martínez Rojas, un universo azul con una mariposa azul engendrada en un vientre luminoso y su tenaz alumbramiento en la tierra franquista, donde la mujer del general se tapa la nariz con un pañuelito de lágrimas sin que nadie sepa que está haciendo ahí. María Pizarro nos dice en voz baja: el general y su mujer son padres felices.

Y damos vuelta a la página del libro. Leemos mordiéndonos nuestro propio silencio. Entonces irrumpe María Victoria Caro Bernal y vuelve a interrogar: ¿Ha jugado con vosotros algún niño? Pero los niños no están presentes en carne y hueso, están hechos poemas y los poemas están vivos. Entonces por qué no ir por el único camino, juntos, rodeados por todos, solos y frente a la Cruz, que desde allá, desde donde esté, Maribel Alonso nos dirá qué hacer: Cuando perdamos el rastro de su piel, ahora si están sus manos para mecer la cuna. Aunque nos seguiremos preguntando, igual que Mayobanex Pérez ¿Dónde andarás? ¿Quién serás? ¿Dónde estás? Tal vez, en lo más alto del cielo, quizás al girar en la segunda estrella de la derecha o al anochecer de un nunca jamás.
La antología es un largo reclamo, un compendio innumerable de preguntas sin respuestas, pero también una fuente de realidades que se deben conjugar para encontrar contextos posibles. Allí está uno de los niños robados: adulto ya. Se llama Paco Dacal Díaz, un poeta y un combatiente de la historia, de la suya y la de los otros. Es él quien da la voz de alerta en la antología. Le habla a su madre, pero también a la sociedad: No reprimas tus miedos, madre, sal al mundo señálalos, tú que les miraste a los ojos, que has sufrido el escarnio lo que de tu cuerpo han robado, la sangre de tu sangre, carne de tu carne que era todo un renacer, era toda tu vida, ese tu ángel.
Estoy en el libro y en el acto, en ese silencio sin huesos que es el grito de las víctimas del robo de bebés en la historia reciente de la España de mi corazón, a la que César Vallejo ya le dejó una advertencia cuando aún empezaba todo: “España, cuídate de tu propia España”. Paloma MozetMoscardó ahora se dirige a esa parte vencida de la España vallejiana, y al grito rebelde de los poetas de este libro y de las víctimas del franquismo: yo te encontraré, aunque tenga que batirme con los dragones de la muerte.

Obra pictórica de Pedro Betancourt Montalva
Hay una niña, en la página 77 de la antología, obra de Pedro Betancourt Montalva, en medio de una lluvia negra seguida de un poema de Víctor Bueno donde renace todo: casi cincuenta años después puedo verte a los ojos por primera vez, cincuenta años después, sí Víctor, porque todo se intentó, hasta lo imposible.
Imágenes sobre el desarrollo del programa de presentación de la antología poética » VERSOS SIN CUNA», que se llevó a cabo en la Concejalía de Juventud del Municipio madrileño de Fuenlabrada y que contó con la presencia de la Agrupación Adelante Bebés Robados de España.









Los compiladores y autores de los poemas que contiene este libro, han cedido todos sus derechos a la Agrupación de Afectados Adelante Bebes Robados para apoyar su lucha por la recuperación de la mameoria histórica, el regereso de los niños robados a casa y el castigo a los culpables. Para apoyar esta causa, pida el libro al teléfono: 625969117






