
Ruth Patricia Rodríguez (Ecuador, 1966)
Escritora y catedrática de la Universidad San Francisco de Quito. Su obra ha sido valorada por la crítica nacional en los estudios de Miguel Donoso Pareja (Antología de narradoras ecuatorianas), Raúl Pérez Torres, Gladys Jaramillo y Simón Zavala (Índice de la narrativa ecuatoriana), Ana Cecilia Blum y Sara Vanégas (Poetas de la mitad del mundo), Xavier Oquendo (Poesía Paralelo Cero), Lourdes Migdalia de Armas Matos (Antología de cuentistas ecuatorianos, publicada por Cuba Literaria), Fernando Sabido Sánchez (Antología Mundial de poetas, poetas del siglo XXI). Carmen Alemany Bay, Universidad de Alicante España (Inventario de narradoras ecuatorianas del siglo XX), y REMES (Red mundial de escritores en español) que tiene como colaboradores a la Academia Norteamericana de Lengua española y a la Academia Latinoamericana de Literatura Moderna. Forma parte del Comité Académico de la revista argentina de Literatura Analecta Literaria. Miembro del Jurado calificador del Premio Jorge Carrera Andrade. Modalidad poesía. Secretaría de Cultura, 2013. Ha participado en varios simposios y congresos nacionales e internacionales sobre literatura ecuatoriana y latinoamericana. Ha recibido varios premios y reconocimientos nacionales e internacionales.
OBRAS
Entre sus obras se cuentan: Algo más que un sueño (1978, cuento), Desde el barro azul (1988, prosa poética y cuento). El balcón de los colores (1990, cuento), Lengua de siervo (1995, poesía). Deseábulos (1998, libro colectivo de la Red Cultural Imaginar). Impúdica (2007, poesía). Escribir es Formidable (2008, texto de estudio para el área de composición escrita). Putas de Cristal (2010, novela). La certeza de los presagios (2011, libro colectivo de cuentos de algunas escritoras ecuatorianas). El mar en mí (poesía 2012). A la izquierda del poema (poesía, 2014). Maga de la sombra (2016, poesía). Clepsidra (novela, 2020). Todos fuimos margaritas (cuentos, 2020).
POEMAS DE RUTH PATRICIA RODRÍGUEZ
AQUELARRE
Bebe conmigo Diosa de las moras.
Sobre tu raíz derramo la leche azul del invierno
en cuya lluvia hemos venido danzando tus mujeres,
soltándonos el cabello sobre los pechos desnudos.
Vieja Diosa del corinto de nuestros gritos acallados,
bebe conmigo del vaso de exprimidas lunas
para celebrar quienes somos a través de los tiempos
y con cada paso alado despertar un jazmín,
con cada vuelta al fuego abrir más lo ojos.
Diva despierta sobre los párpados dormidos de la noche,
no sueltes mi mano en el ascenso hacia el jardín omnívoro
donde la libertad se abre dulce como un mango
y nos reconoce herederas de la magia.
Mira en mí a quien tú eres,
descorre el velo de mi mar con tu fe ciega.
Icemos las velas hacia la Corona Boreal
de los sueños más íntimos, acerquémonos al trono
unjamos los pies en la antigua palangana de la abuela
riamos hasta morir, Vieja Diosa, que nacerás mil veces.
ALQUIMIA
Una flor, pero no una flor cualquiera,
sino aquella de ecos encerrados bajo su cristal
Yo la tuve flotándome en la mano y vi a mis muertos
Como si fuera ayer, paseaban por los callejones
llevaban luces encendidas hacia el fondo
se perdían, se enterraban en la arena
Una flor, que parecía estar a punto de quebrarse
Una amenaza del sueño que a sí mismo se presagia
Yo la tuve inundándome la palma y me vi
temerosa de perder a mis vivos
como si alguna vez hubieran sido míos
o me hubieran soñado solo para ellos
Una flor de mar
Cuarzo y granizo de un cielo invertido
Yo la llevé lejos por toda una noche
hacia el naufragio de mi séptima estrella
Allí nos vaciamos, nos supimos inasibles
Sin dolor ni pertenencias,
fuimos Otra
RESACA
Quería morderte, fruta azul
Quería habitarte, pueblo fantasma
Quería escucharte, ronco torbellino
Quería hundirme, abismo
Para hacerlo me senté en tus orillas,
te miró el único ojo de la frente
y me apareé diluida y absoluta
Disfruté de tu fiesta pagana,
imploré tu misma suerte,
me arrepentí ante ti de mis delitos
Ahora que he probado a lo que sabes,
que he sido huésped de tu profunda torre
sin que haya podido nombrarte una palabra,
un cataclismo me expulsa de tu centro
un sabor a petróleo y pesticida me quema las papilas
una visión de muerte me horroriza
Ya no eres memoria de la luna
Tu superficie es mortaja de peces y moluscos
Tu bramido es eco, un golpear de tarros de basura
Y, aunque en el fondo te habites, afuera no reflejas
Ya no eres el sueño diluido
Hace tiempo que dejaste de ser mar
SU OBRA
Comentarios de críticos y especialistas de la literatura latinoamericana como Jorge Dávila Vázquez, Alfredo Jaramillo Andrade, Luis Alberto Vittor, Ivan Oñate, Natasha Salguero Bravo, Edgar Allan García, Carlos Eduardo Jaramillo y Carlos Carrión destacan la sensibilidad de su alma y una de las poetas ecuatorianas –e hispanoamericanas- de mayor fuerza expresiva y de más denso contenido lírico. Destacan su fluidez, y su fuerza creadora.

Yanier H. Palao (Holguín, Cuba,
Ha publicado los cuadernos de poesía: Sombras del solo, Ediciones Holguín, 2005; Peces en bolsas de nylon, Ediciones Ávila, 2009, Premio “Poesía de Primavera” de la A.H.S en Ciego de Ávila, 2008; Música de fondo, Ediciones La Luz, 2010; A la intemperie, Ediciones Holguín, 2011, “Premio de la Ciudad”, Holguín, 2010, y “Premio Puerta de Papel”, del Instituto Cubano del Libro, 2013; Vaciados, Ediciones Aldabón, 2011, “Premio Cauce”, UNEAC Pinar del Río, 2010; Esteros, Editorial Abril, 2013, “Premio Calendario” en Poesía, 2012. Recibió la beca de creación literaria que otorga el proyecto “Torre de Letras”, que dirige la escritora Reina María Rodríguez, 2016. En el 2018 publicó Óxido por Letras Cubanas. Es director de arte de la editorial PlumAndina. Mis manos han envejecido prematuramente por la antigua labor que realizaba (restaurador). Mis manos han acariciado más la piedra de cantería, el yeso, la paredes de adobe, la pintura mural, la rejas de hierro, que cualquier cuerpo humano. Me interesa lo escondido, lo enterrado, recoger fragmentos, desechos, darle algunos utilidad. Me hubiera gustado ser arqueológico.
REGALO
No puedo dormir
no se cómo cerrar los ojos y descansar.
Yo le había dicho: quiero un bosque de flamboyanes
y él me entregó un puñado de semillas.
Esto fue lo que nos faltó:
donde, cómo sembrarlas, en qué terreno,
lugar,
base,
germinación,
nacimiento.
No puedo dormir,
no se cómo cerrar los ojos.
A mi lado, las semillas,
la amenaza de sembrarlas en terrenos que no son propios.
la manada de crear un bosque
y no poder caminar por él,
no poder adentrarme en mi propio deseo.
No puedo dormir, no sé cómo cerrar los ojos
y descansar.
Tomo las semillas,
las aplastó, ya no con tristeza,
sino seguro que
ante esta incertidumbre
es mejor la aniquilación.
MANÍAS
Me como las uñas
Y hasta la piel que se desprenden con ellas.
Paso mis manos por superficies rugosas,
muros, paredes, portarretratos,
filos de navajas,
cuchillos.
Cuando beso
pido pocos de saliva
-me gusta guardar algo del otro-.
Paso por grandes aglomeraciones,
-que me rocen-.
Miro fijo las luces de los automóviles cuando se aproximan.
Quemó neumáticos, cables blindados.
Miro a través de paredes de vidrio.
Hundo mis dedos en la arena.
Escupo mi imagen en el espejo.
Me acuesto sobre hierros húmedos.
Pongo mis oídos en las venas de un de algún cuerpo,
Siento la vida correr,
mis nervios se estremecen.
En mi boca hay sabores a Oxido,
Metales encontrados.
Me gustaría amordazar las nuevas,
Guardo suturas de antiguas heridas.
Camino solo al lado de paredes altas.
Olfateo ropa interior usada, sin saber quies el dueño.
Enciendo, apagó lámparas,
Veo el instante de la luz cuando invade los objetos.
Agonizo,
Muero frente a cosas como estas.
EXISTO
Existo como el musgo en las piedras
cómo los caballos que me trasladan casi a diario
existo en silencio;
porque no sé si hay otra fórmula,
otra manera de morir.
Existo y prefiero la tierra caliente entre mis pies
el dulzor manchoso de los marañones,
el agua recogida en cazuelas
agua de guano,
agua que parece café
agua sucia con aspecto de alimento.
Hago clic.
Las cámara me aprisiona.
El viaje desde el engaño hasta la verdad
puede ser quedarnos quieto uno al lado del otro
tomados de la mano
encima de unos hierros húmedos
que nos calaba la quietud.
Todo mis labios por el borde de un vaso
que rara democracia tienen los vasos de las cafeterías.
Aquí le sirvieron café al mendigo más sucio.
Lo sé por la marca de su boca.
Boca llena de zanjas
pequeñas heridas por donde se resume la sangre.
Vi a mi madre lavar
los paños manchados desde su interior,
palanganas de agua color siena
agua Formosa entre los dedos de mi madre.
Paños de un color amarillento puestos al sol
el sol que nunca los blanquearà.
Cientos de hormigas avanzan por mis piernas
me iré al mar,
me iré por ahí
me iré a buscar
o a morir el poema.
***
Al emigrar al Ecuador pensė encontrar el equilibrio, pues los ciudadanos de un paìs con semejante nombre podían ( estaba casi seguro) vanagloriarse de ser ecuánimes, estables, como esa línea imaginaria . De pequeño me decían -vives con la cabeza en las nubes-. Ahora veo las nubes tan cerca, pero tan cerca que creo tocarlas, me gustaría decirle a mi padre, mira no soy yo solo, toda los habitantes de esta ciudad vive con la cabeza en las nubes. He tratado de encontrar la Habana en Quito. Existe una fuerte similitud por contraste, la Habana es asediada por el mar. Quito por la cordillera de los Andes. La Habana es penetrada, violada por un mar hermoso que en muchas ocasiones llegué a odiar, cuando destruía todo a su paso. Quito a cada rato tiembla, se mueve amenazante. Caminar por sus calles empinadas es como si buceara, el aíre te falta. Ciudad de inversiòn de descensos aún cuando está muy en alta.
Ser parte de la Editorial PlumAndina, es obtener la visa que me falta, es encontrar la protecciòn en ese otro cielo que conforman las palabras.

Porfirio Mamani Macedo, Perú
ha nacido en 1963 en Arequipa (Perú). Es doctor en Letras en la Universidad de la Sorbona. Se ha graduado también de abogado en la Universidad Católica de Santa María, y ha hecho estudios de Literatura en la Universidad de San Agustín (Arequipa). Ha publicado poemas y cuentos en varias revistas en Europa, Estados Unidos, Canadá y Latinoamérica. Ha enseñado en varias universidades francesas como en la Sorbonne Nouvelle-Paris III, y en la Universidad de Picadie Jules Verne.
Ser sólo el hombre
I
Sólo soy un hombre
de carne y huesos caminando
de polvo y soplo animado
y así recorro las calles,
que por el mundo voy cruzando
buscando una palabra y un sueño,
la luz que alumbrará mis ojos,
la voz que guiará mis pasos.
Sombras son las que me asedian,
como ruidos que cabalgan en las noches,
para atormentar mis sueños,
sombras que alargan sus uñas,
para buscar mi alma en el camino.
Sombras que caminan, sombra yo mismo.
Vientos cardinales
que doblan la sombra que soy yo.
Alejarme yo quisiera,
del tormento frío,
de las brasas infernales del dolor,
pero aquí estoy como un silencio
caminando por las escaleras del olvido.
Llantos son lo que del polvo me llega,
gritos arrancados de los árboles que caen,
de los pájaros que perdieron sus nidos,
de los niños que hurgan el fondo de la tierra,
del silencio que creció en cada espina.
Sólo soy un hombre
amigo de las piedras que se mueven,
de los ríos que se van,
de las llanuras que crecen sobre la tierra,
de los vientos y los mares,
de las plantas , los animales y los hombres.
París 19-06-2012
II
Sólo soy un hombre
de lágrimas y risas cubierto,
acodado a este árbol
que castiga sin cesar el viento.
Viento entre las rocas, viento yo mismo.
Las lejanas melodías, ya me esperan,
para llevarme hacia las islas,
aquellas que no tienen nombre,
allá donde crecen sueños,
como flores de pétalos ignotos.
Sólo soy un hombre,
azotado por el frío,
la sonrisa y la ternura,
que cotidianamente me dan los días,
éstos donde escribo una palabra,
bajo la lluvia,
al pie de las torres que me miran.
Tan solo, tan efímero: el río.
Río turbulento, río yo mismo.
Las cadenas del tiempo no se rompen.
Horas de acero, de materia inmaterial,
los sueños, tu mirada, tu presencia,
noche efímera que me alojas,
hoy cuando quiero engendrar mis sueños.
Sólo soy un hombre,
cantando y soñando voy,
bajo las nubes, bajo el sol en primavera.
Regando y sembrando voy,
lo que me dicta los dones,
los sueños, la luz y la palabra.
Palabras que se mueven, palabra yo mismo.
París, jueves 21-06-2012
III
Sólo soy un hombre
cargado de palabras y esperanzas,
cruzando esta noche oscura
que me sugiere laberintos,
meandros y callejas
para perderme entre sus venas.
Me queda el silencio y la palabra,
las piedras y el polvo del desierto.
Polvo que se mueve, polvo yo mismo.
Hay en cada puerta un letrero
para entrar y salir
de la inmensidad que es el tiempo.
Unos entran, otros salen,
gritando van sus nombres,
por las calles desoladas,
buscando van consuelo,
al dolor que los oprime,
día y noche, despiertos o dormidos.
Sólo soy un hombre,
que bajo el sol es una sombra encadenada,
al ruido que atraviesa,
muros y ciudades.
No me alejo de la roca,
ésta que del viento me protege,
donde escribo un nombre.
Roca silenciosa, roca yo mismo.
Incansablemente unos siguen la marcha,
otros, miran correr el agua,
cubiertos de polvo y olvido,
las cosas, la miseria, la vida.
Se alejarán los mares,
volverán los mares a tocar el ombligo de la tierra.
Lluvias, tempestades, vientos sin destino,
y unos caminando sobre el charco,
para salvarse de la noche.
Sólo soy un hombre,
buscando agua,
para lavar mi alma,
más allá de la oscura noche,
de las ramas que golpean el silencio.
Ramas de la vida, rama yo mismo.
París 23-06-2012



