Por Alejandro García Gómez.

El Túnel, más que un grupo, es un referente cultural no sólo de Montería y del Dpto de Córdoba, sino del amplio caribe colombiano. José Luis Garcés González es el Santo Padre que lo dirige hace varios años desde su silla pontifical en Montería. Ellos (él) se echan a la espalda festivales, invitaciones, publicaciones, y toda la parafernalia que implica el desarrollo cultural de su ciudad. Quienes no conozcan al escritor Garcés González se extrañarán un poco porque su trato es seco y lacónico, pero jamás podrán negar que es en extremo respetuoso y bondadoso, muy respetuoso y bondadoso.

De entre más de una veintena de libros publicados, Fuga de caballos vio la luz en 2013. El autor escribió en la contra carátula que ésta “como estructura, es una novela”, y sí, claro que conserva una estructura de novela, cuyo amarre es el poder, personificado en Franco Arrieta, tan corrupto como esotérica o embrujadamente enigmático, pero más que eso es un canto de amor a su región, o mejor una epopeya, a su Caribe Sinuano, su propio caribe, porque esta portentosa e inmensa región costera tiene características diferentes, aun en nuestro país. Garcés González canta la universalidad de su propia nación, de su San Jerónimo de los Charcos, el Macondo de su obra literaria, nombre primigenio –dicen- de la actual Montería y sus rededores. “Escribirlo fue un mandato” asegura, también en la contra carátula.

Al lector que pretenda abrir la puerta de Fuga de caballos, un consejo de otro lector: no desfallezca en sus páginas iniciales porque, aunque también soy de la opinión de que, al comienzo (y al final), a la novela le sobran capítulos que podrían haber formado parte de otro u otros textos o que aun podrían haber sido descartados, cuando la novela entra en la novela, es decir, en la poética visión de personajes engarzados en su paisaje cultural y geográfico, humano, investigado milímetro a milímetro, término a término, costumbre a costumbre, exotismo a exotismo, y cuando esos capítulos empiezan a amarrarse a ese ser lleno de poder y enigmas caribes, Franco Arrieta, ya usted no será capaz de soltar la historia contada a la manera de una inmensa retahíla, un coro griego a la latinoamericana: chismes unidos a cuadros de costumbres del sincrético misticismo esotérico sinuano, amarrado todo por el poderoso y corrupto y endemoniado y ambivalente Arrieta.

Es tanta la investigación del vocabulario sinuano (desconocido para nosotros los andinos o “cachacos” como yo), que muchas veces el lector intentará entender el sentido por el contexto y algunas lo logrará; otras algún piadoso diccionario de Google le hará el favor, pero en varias quedará perdido entre la maraña de esa inmensa sabana costera de términos sin equivalencia en los diccionarios ni en nuestro lenguaje andino, eso sí todos producto de una minuciosa investigación de su autor, como señalé, que más adelante podría convertirse en piedra angular de estudios antropológicos. Parece que él descartó de plano la ayuda de un glosario mínimo para los lectores profanos como yo.

La tesis o columna vertebral que Garcés González toma para su novela, en relación con Arrieta y la fundación de esa comunidad humana sinuana es “…Porque eso de ser malo tiene su asunto. Eres malo para unos, pero para los contrarios de esos, eres bueno” (pg.399), y desde ahí “se riega” a mostrarnos su embrujo.

Eso sí, jamás entendí el porqué de su título.

De Cuentos Felinos-IV, por ahora sólo voy a decir que es una colección de cuentos que un grupo de amigos entre sí, de la Costa Caribe, publica periódicamente, buscando en lo posible que sea cada año. Aunque para mi gusto es el menos afortunado literariamente, el más sobrecogedor de esta edición IV es Peste Roja, del escritor Amaury Díaz Romero. Está ambientado en la actual pandemia del Covid-19 de la que el autor fue una de sus víctimas mortales. Espero tener la oportunidad de reseñar el libro ya que el espacio de esta columna no me lo permitió. 29.IX.21

Columna DESDE NOD pakahuay@gmail.com