En mi niñez tuve la gran alegría y bendición de vivir en la magnánima libertad del campo. La diversidad de colores, sonidos, olores y sabores deleitaban mis sentidos y daban alas a mi imaginación.

Quizá hoy desperté con la nostalgia de los recuerdos soñolientos en los párpados o la sensibilidad de un autoanálisis tardío viajando en el tiempo, que me conducen a pensar que la pacífica e íntima sensación de soledad que se vive en la naturaleza, incentivaron la esencia sensible que germinaba en mi alma y que afortunadamente, hoy me hacen ser quien soy.

Cómo todos sabemos, en la época de nuestras abuelas (y aún ahora) se tenía muy arraigada la idea de que, si aflorabas al mundo como fémina, debías ser una experta en la cocina, arreglo de casa, madre y esposa pasiva, sumisa, eficiente… y resistente. Además, debías poseer talentos en costura, bordados y demás, de acuerdo a las “buenas costumbres” que eran los cánones de vida de la sociedad.

Aunque en la actualidad varios de esos preceptos conductuales han quedado relegados o son sustituidos por decirlo de alguna forma, aún hay muchas mujeres en diferentes lugares del planeta que siguen viviendo bajo estos preceptos machistas, controladores y mutiladores del desarrollo integral y justo de la mujer.

Afortunadamente, cada vez más nos hacemos consientes de nuestra valía, resiliencia y fortaleza, aprendemos a amar nuestras fortalezas y trabajar en las falencias para trascender y avanzar en el cumplimiento de nuestras metas, además de que en la actualidad muchos organismos internacionales, entidades culturales, judiciales y administrativas de departamentos, estados y pueblos aúnan esfuerzos, trabajo y educación en pro del respeto, equidad y justicia para hacer valer los derechos de la mujer en todas las áreas.

Muchas de nosotras en base a las propias experiencias vivenciales venimos trabajando en darle un enfoque más acertado, eficiente y actualizado a la educación de nuestros hijos haciendo un aporte importante para ese cambio tan necesario en la sociedad actual.

Por ello, mirando retrospectivamente creo que, aunque a pasos lentos, vamos avanzando en el cumplimiento de ese propósito de igualdad y equidad.

 

Rossi Er

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