Por JAIME FLÓREZ MEZA

El carnaval es una celebración universal. Todos los carnavales del mundo tienen elementos comunes: las máscaras, los disfraces, las comparsas, las coreografías, los conjuntos musicales y, por supuesto, la catarsis colectiva. Los carnavales de la ciudad de Pasto (capital del Departamento de Nariño, al suroccidente de Colombia), su fiesta emblemática, tienen su origen en el asueto del 5 de enero concedido por la Corona Española hacia 1609 a los esclavos de origen africano de la vecina provincia de Popayán, tras una rebelión. (Es conveniente aclarar que Pasto estaba por entonces bajo jurisdicción de la presidencia y Real Audiencia de Quito, y en época posterior, en el siglo XVIII, dependía en lo administrativo y político del Virreinato de la Nueva Granada, y en lo judicial de la Audiencia de Quito).

La gente afro celebraba su día, víspera de la fiesta de los Reyes Magos, tocando tambores, bailando y pintando las blancas paredes payanesas y a otras personas, incluidos sus amos, con tizne negro, como una forma de reivindicar su presencia, su cultura y su efímera libertad. El juego continuó realizándose en la época republicana, manteniendo su foco en la ciudad de Popayán y en la población afrodescendiente. En las últimas décadas del XIX la tradición se extendió a Pasto, que por entonces pertenecía al Estado, y posterior Departamento, del Cauca (el Departamento de Nariño se creó en 1904). Si bien en Pasto la población afrodescendiente era muy pequeña, muchos mestizos, indígenas y blancos jugaban a pintarse de negro.

Sin embargo, este es el origen afro del carnaval pastuso, porque otros autores sostienen que su origen se remonta a las festividades prehispánicas que realizaban las comunidades indígenas para celebrar las cosechas y los ciclos naturales. Estas fueron prohibidas por los españoles durante la Colonia y, con el correr del tiempo, terminaron sincretizadas con festividades religiosas. Es así como la fiesta de los Reyes Magos del 6 de enero terminó convertida en toda una celebración intercultural en Pasto, aunque su antecedente fuera un juego que algunos sastres realizaron en 1912 esparciendo polvos perfumados entre la gente para celebrar lo que sería la contraparte del juego de negros: la fiesta de blancos. Pero fue a partir de 1927 cuando, por iniciativa de estudiantes y jóvenes, se iniciaron los carnavales pastusos propiamente dichos, con mascaradas, comparsas, carrozas y reina del carnaval. Lo demás ya es historia.

Sin duda alguna, lo más significativo de esta fiesta es su carácter mestizo e intercultural: la reunión, el diálogo y la interpelación de tradiciones de origen indígena (históricamente, de los pastos y quillacingas), hispánico, africano y amazónico. De hecho, la ciudad de Pasto es una zona de contacto, territorial y culturalmente, por su proximidad al Pacífico, al Departamento del Cauca, al Amazonas y a la frontera colombo-ecuatoriana. Este cruce de caminos ha hecho que esta fría ciudad tenga la posibilidad de metamorfosearse de una manera admirable durante este evento que en la actualidad comprende ocho días de celebraciones lúdicas: el 28 de diciembre con sus dibujos y pintadas en el asfalto (anteriormente se realizaba el juego del agua, que consistía en arrojar agua a los transeúntes en el espacio público); el 31 de diciembre con el desfile de Años Viejos (monigotes que parodian personajes y situaciones críticas risibles); el 2 de enero con el desfile del Carnavalito; el 3 con impresionantes coreografías de los pueblos andinos; el 4 con el desfile de la Familia Castañeda (una caravana familiar que presuntamente arribó a Pasto en 1928 en la víspera del Día de Negros, procedente del Putumayo, y que año tras año se recrea y renueva en el carnaval), el 5 con el tradicional juego de negros; el 6 con el Desfile Magno (de disfraces, comparsas, murgas y carrozas) que constituye el mayor evento de toda esta fiesta; y, como cierre, con el carnaval de la cultura campesina el 7 de enero; amén de las presentaciones musicales en variados géneros y escenarios de la ciudad, con músicos locales, nacionales e internacionales.

En un lapso de veinte años, la ciudad de Pasto recibió tres importantes reconocimientos relacionados con el Carnaval de Negros y Blancos. En noviembre de 2001 fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación por el Congreso de la República; desde el 30 de septiembre de 2009 está inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco (Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura); y en noviembre de 2021 Pasto fue incluida por esta misma organización en la Red de Ciudades Creativas del Mundo, reconociendo de este modo las prácticas culturales que se desarrollan en la ciudad, tales como el Carnaval y las artesanías, entre ellas las elaboradas en la técnica de Barniz de Pasto Mopa-Mopa, incluido a su vez desde 2019 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia.

En 2021 el carnaval fue suspendido debido a la pandemia de Covid-19. En 2022 se llevó a cabo en forma semipresencial, sustituyendo los desfiles por exhibiciones de las diversas figuras (muñecos, disfraces, comparsas, murgas, carrozas) en determinados espacios públicos; y de los colectivos coreográficos en el coliseo municipal. Los Carnavales de Pasto son, pues, una de las mayores demostraciones de la diversidad étnica y cultural de un país como Colombia.

Nota: Las fotografías corresponden a algunas figuras participantes en el Desfile Magno del 6 de enero del presente año.