El ayuntamiento de Madrid ordenó borrar los versos de Miguel Hernández del cementerio La Almudena de Madrid. Distintas voces del mundo han rechazado este poeticidio cometido por el ayuntamiento y reclaman sus versos en el sitio de siempre. El poeta ya no le pertenece a ningún tarado sino a la humanidad. Una de esas voces es la del poeta colombiano Omar Ortiz. Aprovechamos la ocasión para hacerle algunas preguntas y conocer su pensamiento de lo que significa para él el arte de poetizar la realidad. (Arturo Prado Lima)

Si bien Omar Ortíz nació en Bogotá, Colombia, en 1950, desde su infancia se ha relacionado con el Valle del Cauca por su familia paterna oriunda de Tuluá. Abogado de la Universidad de Santo Tomás, es un decidido gestor cultural y como tal ocupó la Gerencia Cultural del Valle cuando Gustavo Álvarez Gardeazábal fue gobernador de dicho departamento. Edita y dirige desde 1987 la revista de poesía “Luna Nueva” que completa 47 ediciones y 34 años de vida. Ha publicado por lo menos 13 libros de poesía de los cuales destacamos: “Las muchachas del circo”, “Diez regiones”, “Un jardín para Milena”, “El libro de las cosas”, “La luna en el espejo”, “Diario de los seres anónimos”, “Cequiagrande”, “Lista de espera”, “Pequeña historia de mi país”. Ha sido publicado en España con su libro “Diario de los seres anónimos” en edición ampliada y corregida, por la editorial “La Mirada Malva” en 2015, y la editorial francesa L’Harmattan, con sede en París, publica en 2019 una versión bilingüe de este mismo poemario con traducción del profesor Yves Monino. En el segundo año de la pandemia, 2021, la editorial “Letra a Letra”, le publica “Pequeña historia de mi país”, libro de poemas que es presentado en diversas ciudades colombianas y mexicanas. Este año, 2022, la editorial New York Poetry Press en su colección de antologías “La piedra de la locura”, publica “El árbol es un pueblo con alas. Antología Personal”.

Ha compilado los siguientes libros: “El yagé y otros cuentos” de Germán Cardona Cruz, “Luna Nueva, muestra de poesía Latinoamericana actual”, “Luna Nueva, once miradas a la poesía colombiana”, “Luna Nueva diez y siete miradas a la poesía colombiana actual”, “Luna Nueva diez y nueve miradas a la poesía colombiana”, “Vivir la poesía, poetas en la UCEVA” y “Contar en Tuluá, narradores en la UCEVA”.

Ha sido incluido en varias antologías de poesía tanto nacionales como internacionales.

La Universidad de Antioquia le concedió en 1995 el Premio Nacional de Poesía por su poemario “El libro de las cosas” y la Alcaldía de Tuluá lo condecoró en 1997 con la medalla al Mèrito Cultural “Germán Cardona Cruz”.

La poesía ha rastreado cuidadosamente la especial y dolorosa historia que hemos recorrido.

 ¿Nuestra realidad colombiana hoy, sigue repartiendo trapecistas, saltimbanquis, enanos y una maravillosa fauna de osos y micos que nos siguen embelesando con su lenguaje de circo?

Ojalá fuera así. Pero por desgracia los circos ya no transitan como hace unos años por nuestro territorio. Primero, porque los animalistas que ven maltrato animal en todas partes, menos en los centros de zoonosis, donde sacrifican toda clase de mascotas abandonadas con cualquier excusa, hicieron aprobar una prohibición legal para que los circos no pudieran tener animales salvajes en territorio colombiano. Un territorio lleno de salvajes armados hasta los dientes que matan por ver morir. Y, segundo porque esos salvajes armados se convirtieron en un peligro para las trapecistas y en especial para las contorsionistas. Y, ni hablar de los riesgos que corre por esas zonas, la muchacha de goma.

El lenguaje de la poesía , o en la poesía, permite desentrañar la perversidad de los enanos?

A mediados de los años setenta vi una película de Werner Herzog titulada “También los enanos comenzaron pequeños”, que desde el lenguaje del cine nos muestra los alcances de los enanos cuando se enojan. Y más tarde, por los años noventa, dos escritores me mostraron su versión de ciertas características de dichos personajes. Monterroso dice que los enanos tienen una virtud que les diferencia del resto de los mortales y es que tienen una especie de sexto sentido que les permite reconocerse a primera vista. Y, Mempo Giardinelli en el “Santo oficio de la memoria” dice que los enanos son muy perversos porque tienen el corazón muy cerca del culo.

¿Cuál sería el elemento común de un diario de los seres anónimos, si Tuluá, por ejemplo, fuera uno de los seres junto al país en general?

La marginalidad. En Colombia se ha establecido en un reciente estudio de los doctorados Jenny Pearce y Juan David Velasco, que solo 46 familias, mas o menos mil doscientas personas, controlan todo el poder político y económico del país. Por eso Borges afirmaba que ser colombiano es un acto de fe.

¿La historia de Colombia es la historia de los asesinatos, cree usted que al quedar impunes, la poesía podría asumir el papel de tribunal para que, al menos en la historia, queden reflejados estos hechos?

Hasta hace poco se pensaba que en Colombia solo la narrativa tenía la prerrogativa de mostrar esta tragedia a la que su pregunta hace alusión, pero un libro publicado por la editorial Letra a Letra en 2010 y titulado “Colombia en la poesía colombiana. Los poemas cuentan la historia”, documentó cómo desde la colonia hasta nuestros días, la poesía, ha rastreado cuidadosamente la especial y dolorosa historia que hemos recorrido, en la construcción de un país que parece imposible.

¿Cuál es el fósforo que enciende el fuego de la poesía?

Pienso que cada poeta tiene un modo de combustión particular. Desde la llama de una vela que decía Bachelard, pasando por los “Fuegos” de Margarite Yourcenar, hasta “El reposo del fuego” de José Emilio Pacheco. Para citar solo algunas metáforas de estos incendios poéticos.

¿Cómo ve usted la producción y el consumo de poesía, si se puede hablar en estos términos?

Yo estoy publicando libros desde 1979 y desde 1987 edito y dirijo una revista de poesía, Luna Nueva, y en los tiempos que corren para las publicaciones periódicas de poesía el porvenir es muy difícil. Las revistas se han refugiado en el internet con las consecuencias que tal destierro tiene. Pedida de temporalidad, de lectura cuidadosa, de memoria. Los libros, al contrario, parecieran tener un futuro más próspero, pero me temo que es una ilusión ya que los lectores se han convertido en oidores, lo que no es del todo malo, si cada quien leyera en voz alta. Pero sucede que se escucha la poesía de otros, momentáneamente, en los escenarios de los Festivales o Encuentros poéticos, presenciales o virtuales, sin espacio para la reflexión o el sentido completo de lo que se oye. Me temo que asistimos a los cantos de sirena de la poesía.

¿Existiría el universo sin la poesía?

Como dijo alguien, el mundo sin poesía puede existir, pero de seguro va a ser un mundo muy aburrido. El siniestro y estúpido mundo del algoritmo.

Hábleme de un tal Omar Ortiz cuando toma un bisturí, abre en canal la realidad para desenterrar poemas.

Desde la época prehispánica muchos pueblos nativos de estas tierras acostumbraban limpiar los huesos de los familiares fallecidos para honrar su muerte. El día de muertos se sigue celebrando en México y en otras latitudes, como en Colombia, toma el nombre de día de todos los santos, en una alusión a que todos los restos de los fallecidos son sagrados. Creo que lo que los poetas hacemos cotidianamente es limpiar los huesos de nuestras almas para que las mismas puedan guardar sus mejores luces y colores. No es tarea fácil porque la mayoría de las veces hay una desusada acumulación de limo.

 ¿Y el poema que más se parece a usted?

El homenaje que le hice a Giordano Bruno que dice:

¿Quién ha dicho

que una gota de lluvia,

no es el cielo?